En el foro “De cuna de oportunidades a país de emigrantes”, organizado por Crónica.Uno, Ana Rosario Contreras, licenciada en Enfermería, y Hernán Matute, profesor universitario, con testimonios y ejemplos del día a día dieron su foco del porqué los profesionales de la salud y la educación están abandonado los puestos de trabajo, cruzando las fronteras y trabajando en otros oficios.

Caracas. Dos pilares en el desarrollo de una sociedad: la salud y la educación. En Venezuela, estas son dos de las profesiones peor pagadas. Esos “sueldos de hambre”, como lo denominan quienes trabajan en los hospitales o en las aulas de clases, es la causa fundamental de la diáspora en estos sectores.

Y sobre eso hablaron Ana Rosario Contreras, abogada y licenciada en Enfermería y presidenta del Colegio de Enfermería del Distrito Capital, y el profesor con títulos de pregrado en Derecho, Historia, Geografia y Filosofia y 44 años en la docencia en instituciones de educación superior, Hernán Matute, en el foro “De cuna de oportunidades a país de emigrantes”, que este viernes 27 tuvo lugar en el salón Monseñor Romero de la Parroquia UCV, auspiciado por Crónica.Uno.

Contreras, en su ponencia “Enfermería, gerente del cuidado humano”, se refirió a las condiciones en que se desempeñan estos profesionales en sus áreas de trabajo y el éxodo que se presenta en ese sector por razones económicas. “Nos estamos yendo porque tenemos hambre”.

Aseguró que ha sido “espantosa la migración en el sector salud”, situación que ha puesto los hospitales en emergencia, por lo que han tenido que dar la pelea con el Gobierno para que cumpla los artículos sobre el derecho a la salud  y a la vida establecidos en la Constitución Bolivariana.

La especialista dio cifras de personas que se han ido del país y advirtió que hay un subregistro, porque muchas profesionales se van sin notificarlo. “En el 2017 en el Distrito Capital se fueron 600 enfermeras y en lo que va de 2018, al menos 1200 profesionales gestionaron la solicitud de salida”.

Asimismo, le preocupó, y así lo dijo en su exposición, que al personal que está migrando lo están sustituyendo por enfermeras formadas en poco tiempo. La nómina se los centros hospitalarios se cubre incluso con quienes salen del programa Chamba Juvenil, que, a juicio de la ponente, no están calificados para asumir esa responsabilidad. “Estamos perdiendo frente a este proceso, muchos sobreviven con las remesas que vienen del exterior. Hay que conocer este fenómeno, ¿qué pasa con la salud del que se queda?”, cuestionó.

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No ven luz al final del túnel

Hernán Matute, quien además coordina la Cátedra Libre Antídrogas en el Pedagógico de Caracas, afirmó que los docentes se van del país hacia otros puntos de América y Europa, motivado por la ausencia de oportunidades, futuro incierto, dificultoso y comprometido. También  influye el modelo político que calificó de “asfixiante, cerrado, autocrático, militante y militarista”.

A lo que se le suma la situación económica, con una hiperinflación y sin cambio de modelo en el corto, mediano y largo plazo.  Dio algunas cifras relacionadas al éxodo de educadores:

“Más del 20 % de los docentes en nivel básico desertaron de la educación, más del 30 % de los docentes en el nivel universitario lo hicieron del pregrado, postgrado, doctorado y de las actividades de extensión y de la docencia en general. Más del 30 % de los docentes cambiaron de oficio o están complementándolo para sobrevivir”.

Aseguró que ya 80 % de los educadores no aspira a cargos administrativos y de alta jerarquía en la educación superior. “Hoy la realidad es otra. No quieren ganar 200.000 bolívares, eso no les alcanza para comprar un kilo de limón que cuesta 300.000 bolívares. 30 %  de los los profesionales de la enseñanza cambiaron de  oficio para sobrevivir, o se dedican al comercio informal”.

Su exposición, aunque desnudó una realidad dentro de las aulas, fue crítica ante la causa: el sistema actual de gobierno.

Fotos: Francisco Bruzco



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