“Enseñar a los chamos en el barrio ha sido toda una experiencia”

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Silvia El-Fakih, una estudiante de Psicología, trabaja de lleno en el barrio El Petróleo de La Vega y ayuda a un puñado de niños a leer y a escribir.

Caracas. En la parroquia La Vega son muchas las experiencias conocidas que desde el barrio se hacen para que los chamos se aparten de la violencia y de las drogas.

Muchas de ellas son impulsadas por gente nativa de la zona, pero también hay casos en los que el trabajo comunitario lo impulsan personas de otras latitudes, como es el caso de Silvia El-Fakih estudiante de 4to. año de Psicología, en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Ella hace trabajo comunitario de la mano de la Asociación Civil Huellas que tiene, en el barrio El Petróleo de La Vega, la Casa de los Muchachos. Ahí funciona desde hace 15 años y en ese transcurrir se han sumado muchos voluntarios como Silvia.

“Enseñar a los chamos en el barrio ha sido toda una experiencia. Nunca me imaginé trabajar de cerca en el barrio, caminar sus calles y conocer a su gente. Es muy bonito ayudar a los niños más desamparados”.

Lo que hace no es fácil y mucho menos para una joven que no creció en barrio. “Pero eso no me ha hecho menospreciar a esta gente, ni por su color o condición. Tampoco he sentido el rechazo de ellos. Lo que aquí hago es una labor bonita. En la Casa de los Muchachos ayudamos a los niños con sus tareas, les enseñamos valores y a trabajar en equipo”.

Atiende pequeños desde primer grado y les hace refuerzo en Legua y Matemáticas. “Hay muchos con 12 años y todavía no escriben y para eso estamos aquí”.

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Silvia contó que el proyecto ha sido muy aceptado en la comunidad, pues las mismas mamás colaboran con la comida cuando les hacen actividades deportivas y recreativas a los niños. Entre todos hacen los los hervidos del domingo y las fiestas. “Ese ambiente de familia me llena mucho y sé que aquí hay mucho talento”.

Al igual que los vecinos del sector camina más de 10 cuadras para llegar al barrio El Petróleo, porque hasta allá no pasa el transporte público. Sube escaleras y cruza callejones, aún a sabiendas de la inseguridad que reina en la zona. Pero, según dijo con una gran sonrisa, es que “estoy viviendo el barrio”.

Foto: Jota Díaz


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