Enterrados sin estar muertos legalmente (y II)

Cementerio de El Junquito

Aun cuando en marzo el Consejo Nacional Electoral formalizó la simplificación del proceso para el registro de actas de defunción, el trámite no deja de ser accidentado para quien debe enterrar a sus muertos. La falta de papel de seguridad retrasa las gestiones fúnebres a los familiares, quienes deben esperar entre cinco y siete días para la emisión de un acta de defunción.

Caracas. Con un déficit de insumos que alcanza niveles insólitos, los hospitales no solo flaquean en la emisión de los certificados de nacimiento, los parientes de los difuntos también la tienen difícil. La falta de papel de seguridad retrasa las gestiones fúnebres a los familiares, quienes deben esperar entre cinco y siete días para la emisión de un acta de defunción. Zaira Medina Campo, directora del Hospital Ana Francisco Pérez de León II, explica que el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses tiene serias dificultades para emitir las planillas que certifican el fallecimiento.

Lo que se está haciendo ahora, como una medida paliativa, son unos documentos troquelados, que los deudos retiran en los respectivos distritos sanitarios y se entregan a los médicos para que certifiquen el deceso, cuenta la directora del hospital.

Aunque lo familiares lo sepan, no tienen cómo comprobar el nacimiento ni el fallecimiento de sus propios allegados. En el caso de las actas de defunción, la falla se ha agravado en las últimas seis semanas. A largo plazo, reconocen fuentes médicas, las planillas troqueladas —que por ahora sustituyen las actas convencionales— no dejan de ser un problema, pues no hay forma de construir el documento original, una vez que se entierra el cadáver. Se necesitan las huellas del difunto y el aval del médico de turno para certificar las causas del fallecimiento, algo imposible de hacer por razones obvias, reconoce una fuente del Ministerio de Salud y asegura que solo en el Hospital Pérez de León aguardan 15 cadáveres a las espera de un certificado que dé luz verde a los familiares para el sepelio.

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Aun cuando en marzo la rectora principal del Consejo Nacional Electoral, Tania D’Amelio, formalizó la simplificación del proceso para el registro de actas de defunción, el trámite no deja de ser accidentado. En esa ocasión, D’Amelio dejó en claro que no se solicitarán fotocopias de las actas de matrimonio, unión estable ni partidas de nacimiento de los hijos del difunto.

“El CNE publicó en Gaceta Oficial N.° 41.094, del 13-02-17, la resolución 161219-274, referida a los requisitos para extender las actas de defunción, dejando sin efecto la solicitud de fotocopias de las actas de matrimonio, de unión estable de hecho y de nacimiento para hacerlo”, escribió en su cuenta de Twitter.

La rectora indicó, además, que las actas de defunción serán valoradas solo por el documento “demostrativo de fallecimiento de la persona”. No obstante, hoy existen otras trabas que ralentizan el proceso y tienen que ver con la ausencia de materiales en los registros. Al problema de la tinta y el papel, dos recursos que escasean en las oficinas públicas, se le suma la falta de personal y, no en pocas ocasiones, la intermitencia de los servicios básicos. En el Registro de Santa Rosalía, por ejemplo, los deudos denuncian problemas de logística.

Esa gente trabaja con las uñas. No tienen material de oficina y los familiares deben llevarlo todo. A veces no hay ni para una copia. Es realmente indignante porque el Estado pone a los familiares que esperan enterrar a sus muertos en una situación difícil en un momento duro, dice Adolfo Díaz, gerente de una compañía de transporte fúnebre de Caracas.

En la práctica, el exhorto formulado por el CNE no exime a los familiares de gestiones de última hora. Quienes hacen vida en los despachos del Registro Civil admiten que tienen problemas con los insumos. Las fallas ponen en cuestión un servicio que, para los registros de actas de defunción, tendría que ser expreso y, en algunos casos, tomar una jornada entera.

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En torno a las fallas de las actas para declarar las muertes, el viceministro de Hospitales, Armando Marín, reconoce que el problema es complejo y asegura que están haciendo las gestiones pertinentes para resolverlo. Luz Durán, residente de Guarenas, relata que cuando su niño falleció en el Hospital de Niños de San Bernardino, el registro de la parroquia estaba cerrado por robo y debió hacer las gestiones en Santa Rosalía, para velar el cuerpo en su localidad de origen.

Si en vida no hay quien responda por la salud de los enfermos ni por los medicamentos que necesitan, muertos no hay nada que hacer. Los muertos tampoco tienen dolientes en este país, a excepción de los familiares, dice Durán.

Su diagnóstico pone en evidencia un problema de vieja data que, además, guarda relación con el colapso de los cementerios: el encarecimiento de los servicios fúnebres y el irrespeto a quienes fallecen. “Que tengas que esperar días por un acta de defunción, no tiene nombre. Es alargar el dolor a los familiares”, dice Durán, quien vivió su trago amargo en junio de este año cuando su niño murió de cáncer.

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