Los chinos están alterando la composición del gas refrigerante que se utiliza para los automóviles, mezclándolos con componentes combustibles y la aduana venezolana permite el ingreso. Por otro lado, denuncian que el personal de Pdvsa que distribuye el gas doméstico, no posee las herramientas técnicas para el llenado y distribución de bombonas.

Caracas. Orlando Torrealba se dedicaba a reparar aires acondicionados de vehículos. Tenía, por lo menos, 10 de sus 38 años en esa labor. Pero en los últimos meses había comentado a sus familiares sus sospechas sobre el gas freón que estaba comprando: creía que estaba “mezclado”. No se equivocó. El lunes 7 de enero, la bombona de gas le estalló, ocasionándole quemaduras de II y III grado en todo su cuerpo. Al parecer, estaba haciendo un traspaso de una bombona a otra cuando ocurrió la reacción.

El gas refrigerante o freón utilizado para los automóviles, que suele ser tipo 134a, no es inflamable en ningún estado de vapor a cualquier concentración de aire. Carmelina Flores, asistente técnica del Fondo Venezolano de Reconversión Industrial y Tecnológica (Fondoim), alertó que en los últimos meses estos tipos de gases, la mayoría importados de China, llegan con alteraciones en su composición pero que difícilmente pueden ser notorias.

Se supone que los productores tienen el permiso del Ministerio de Salud y siguen los parámetros del protocolo de Montreal y Kioto con respecto a la protección de la capa de ozono. Pero hay falsificaciones y fraudes que no se han podido detectar en las aduanas porque el etiquetado cumple con lo establecido, explicó.

Por su parte, alertó que así como Orlando, pueden ser muchos los técnicos de refrigeración que compren este producto fraudulento sin saber que la composición del gas está alterada. No se detecta porque no tiene un olor o color distinto. De hecho, el carro enfriará de manera normal. La única forma de sospechar que hay algo fuera de lo común es el precio. En el presente, son muchos los que están vendiendo el gas refrigerante a un precio considerablemente más económico de lo que solía estar en el mercado«, agregó Flores.

Torrealba vivía en Santa Teresa, sector La Lagunita, estado Miranda. Su hermano, Oswaldo Torrealba, desconoce el sitio en donde su familiar compró el producto.

Por su parte, el docente y planificador ambiental, Hernán Papaterra, comenta que son varias las denuncias que ha recibido de este tipo de accidentes pero, que la gente suele asociarla por un recalentamiento del carro por falta de refrigerante.

“El problema es que tenemos una invasión de productos chinos de mala calidad. Las aduanas están en la obligación de controlar este tipo de mercancía dudosa y no lo hacen. La primera causa de estos accidentes es porque en el país no contamos con el recurso humano suficiente ni preparado. Hay mucha negligencia por parte del Ministerio del Ambiente y el Ministerio de Industria y Comercio. Todo el personal que trabaja en el aeropuerto debería tomar los talleres de Fondoin pero, la realidad es que no asisten. Hay todo un vacío de organismos públicos que no están asumiendo sus obligaciones. Además, es un delito permitir la entrada y venta de un producto que saben que es de mala calidad y expone un riesgo a los ciudadanos”, señaló.

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La doble tragedia

El gas doméstico y comercial que, en la actualidad depende del Gobierno a través de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), también ha ocasionado accidentes en distintas ciudades del país.  De acuerdo a Papaterra, esto ocurre, así como en el caso anterior, por la falta de preparación de los trabajadores. “Antes las empresas especializadas tenían el personal técnico calificado para el llenado, distribución y sustitución efectiva de las bombonas y, eran solamente supervisadas por Pdvsa. Desde que pasaron a manos del Estado no hay control de calidad en ninguna de las fases. El trabajo reposa en manos de gente desocupada que Pdvsa recluta en consejos comunales”, explica Papaterra.

“Gas Comunal impulsa y apoya las políticas sociales del Gobierno Bolivariano para transferir poder al pueblo, fomentando la capacitación y formación de los Consejos Comunales.  Respondiendo al Plan Nacional Simón Bolívar, las organizaciones del Poder Popular se incorporan al proceso de distribución del Gas Licuado de Petróleo (GLP). En sus distintas manifestaciones, las organizaciones sociales, conjugan esfuerzos con las gerencias de Gas Comunal, para asumir la responsabilidad de distribuir el gas en bombonas. Las comunidades hacen uso de los derechos y deberes que les confiere la Constitución como protagonistas de un proceso de transformación social, en el que empresa y comunidad expresan su capacidad de organización y compromiso de construir una patria socialista”, se lee en la página oficial de Pdvsa.

Entre el 2008 y 2009, el difunto mandatario Hugo Chávez, expropió distintas empresas productoras del gas doméstico como Vengas, Tropigas y la Planta Compresora de Gas PIGAP II, esta última perteneciente a la firma estadounidense Williams Companies Inc.

“Cualquier venezolano puede ver, no solo que estas bombonas han sido insuficientes y por eso las numerosas protestas, sino que están oxidadas y abolladas. Cualquier golpe puede ocasionar una microfuga de gas y por ende, se produce una combustión”, detalló Papaterra.

Cécil Jules, de 62 años, es una de las tantas víctimas. Vivía solo en Filas de Mariche y trabajaba en un taller de latonería y pintura. Su cocina a gas siempre funcionó a la perfección hasta el pasado 3 de enero. “La explosión destruyó casi toda la casa”, cuenta su hijo Mugabe Jules.

Jules, como todas sus mañana, iba a preparar el desayuno. Al encender la hornilla, la explosión fue inmediata. “Hasta la pared se cayó y su cuarto quedó destruido. La cama, la ropa. Todo se quemó”, detalló Mugabe.

Todas las unidades de quemados en el país se encuentran en cierre técnico. La reciente Encuesta Nacional de Hospitales, realizada en los principales 40 centros hospitalarios de Venezuela por la organización Médicos por la Salud, arrojó que 51 % de los hospitales no cuentan con los insumos necesarios para atender a los pacientes. Además, apuntó que el 43 % de los laboratorios y 95 % de los tomógrafos y resonadores están inoperativos.

“Los doctores me dijeron que iba a morir a las 48 horas, pero mi hermano resistió. Lamentablemente murió por las condiciones de los hospitales del país”, decreta Torrealba. La lucha de este paciente por su vida fue de siete días. En primera instancia, le brindaron primeros auxilios en el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) de Santa Teresa. “Esos cubanos no tienen nada”, agrega una hermana. Seguidamente, se dirigieron al hospital Miguel Pérez Carreño, en La Yaguara, pero, le informaron que no tenían terapia intensiva, ni camas ni insumos para atender al paciente.

“Ese mismo día fuimos al Hospital Militar, al Periférico de Catia, al Lídice, al Universitario y nos dijeron que no podíamos ingresar a mi hermano. Por ende, regresamos al Pérez Carreño. La doctora amablemente dijo que lo asumiría bajo su responsabilidad pero sin garantía de nada ya que no cuentan con la infraestructura para atender a este tipo de pacientes”, cuenta la hermana.

Torrealba no tenía otra opción. Estuvo allí a riesgo de contaminarse con alguna infección. Hasta que su cuerpo colapsó. El venezolano murió el lunes 14 de enero a las once de la mañana por insuficiencia renal. “Estuviéramos en otra época y él se hubiera salvado”, lamenta el hermano.

El cuerpo de Jules, a pesar de tener más edad, soportó las consecuencias del accidente por un periodo más largo de tiempo. Pero, la misma escasez de insumos aceleró su muerte. Tras casi dos semanas en el Hospital Domingo Luciani, falleció el pasado lunes 14 de enero. De acuerdo a la autopsia, las causas de su muerte fueron neumonía bilateral y quemadura de II y III grado en 60 % de su superficie corporal.

Fotos: Pdvsa

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