La lista de problemas que enfrentan todos los que hacen vida en una de las escuelas de Medicina más antiguas del país es interminable. Cuando había clases, los alumnos debían llevar las resmas de hojas blancas y la tinta para imprimir sus exámenes.

Caracas. La Escuela de Medicina José María Vargas de la Universidad Central de Venezuela (UCV), desde los primeros días de abril no tiene el servicio de agua porque se dañó la última bomba que servía desde hace dos años. Según uno de los ingenieros que trabaja en el lugar, son cuatro máquinas que están instaladas para bombear el suministro a los edificios, pero “se dañaron tres y por último se averió la que quedaba”.

No hay agua y tampoco los suficientes alumnos para llenar aunque sea un salón de clases. Son pocos los estudiantes que continúan yendo a las aulas, ya que la UCV —desde que iniciaron las protestas en contra del presidente Nicolás Maduro— ha suspendido y flexibilizado los horarios en todas las carreras, incluso las que están fuera del campus de la ciudad universitaria.

“Aquí [en la Escuela] tenemos 1500 estudiantes, y sabemos que 50 están en el equipo de Primeros Auxilios de la UCV (Cruz Verde) y otros 50 pertenecen al equipos de Cascos Azules. Entendemos que ellos no vengan cuando hay marcha, pero le he dicho a los demás alumnos en varias asambleas que no abandonen la escuela”, afirmó la profesora universitaria, Virginia De Frías.

En el centro educativo solo queda una bomba de agua, que según el ingeniero “funciona de manera irregular, porque es más el agua que bota que la que distribuye”, sostuvo.

Que no haya agua en los baños, en los laboratorios, en el cafetín, y en el resto de las instalaciones es un gran problema, pero la también doctora en Farmacología afirma que “son bastantes los problemas que hay aquí”.

A la especialista se le quedan cortos los dedos de las manos para enumerar los inconvenientes con los que deben lidiar los obreros, docentes, estudiantes, empleados y todo el que haga vida en una de las escuelas de Medicina más antiguas del país.

El centro educativo, inaugurado en 1961, es un símbolo de la desidia que se ha apoderado de la educación pública en Venezuela. La infraestructura está ubicada en la parroquia San José, atrás de la entrada principal del Hospital José María Vargas, pero incluso sin entrar a la escuela, las fallas están a la vista de todos.

Las paredes desconchadas y húmedas se observan desde afuera. Los alrededores se mantienen muy sucios y con desperdicios. Al ingresar al lugar se nota la carencia de recursos que imposibilitan la reparación de la bomba de agua, los bombillos del estacionamiento, entre otros, que según la doctora y el ingeniero, son asuntos que deben resolver el Rectorado y el Decanato de esa escuela.

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“Según lo que nos dijeron, hoy [jueves] sale el cheque con el dinero para arreglar lo del agua, pero eso ya nos lo han dicho muchas veces”, aseguró la mujer.

Muchos pasillos están sucios y algunas paredes y santamarías rotas porque se meten a robar.

El estacionamiento es una cueva de lobos toda la noche. El techo hay que arreglarlo porque el material que tiene se rompió y hay un nido de palomas que ensucian el suelo de la planta baja. Se dañó una tarjeta de los ascensores hace tiempo. No tenemos aires acondicionados. Es necesario pintar toda la fachada que está en condiciones patéticas y que además rodea toda una cuadra de la parroquia, enumeró la doctora De Frías; y el ingeniero añadió que el sistema contra incendios también está descuidado.

La profesora recordó que desde el año 2006, el presidente de entonces, Hugo Chávez, comenzó a reducir el presupuesto que recibe la UCV, y aseguró que el dinero percibe actualmente “la casa que vence las sombras” solo sirve para pagar la nómina de todos sus trabajadores, lo que a su juicio deriva en que no haya capital para mantener la infraestructura de todas las sedes de esa universidad.

Otra problemática, no tan visible pero igual de importante, que dieron a conocer tanto la presidenta del Centro de Estudiantes de la Escuela Vargas, Angela De Freitas y la doctora De Frías, es que muchos profesores han renunciado por las dificultades para ejercer su profesión en ese lugar.

Pared de uno de los auditorios que no se usa por la filtración que tiene.

Dar una clase aquí es una cosa patética. Si no es un cable, es otra cosa, es el aire acondicionado. Siempre falta algo. Se va a luz. Necesitamos diez video beam. Nadie nos da resmas de papel, los chamos las traen para todos, incluso traen la tinta para imprimir los exámenes, aseveró la docente.

En esa escuela en nómina hay 200 docentes, pero según De Frías, al paso que vamos, nos vamos a quedar sin profesores en dos años. Ya muchos son de avanzada edad, y los más jóvenes buscan irse del país. Por su parte, la estudiante informó que desde el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, ahora son los encargados de aprobar los cargos de los profesores de la UCV. “Ya no hay autonomía”, aseguró la alumna.

La lista de problemas llena folios enteros. Los proyectos de investigación en distintas ramas de la medicina también se han visto perjudicados por la falta de recursos económicos.

Esta carrera en el exterior es muy cara. Los chamos lo saben y muchos buscan terminar sus materias para irse del país, acotó la doctora en Farmacología.

Fotos: Charlie Barrera



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