Falta de presupuesto compromete la primera facultad de Medicina de Venezuela

El déficit de recursos se acentúa en un momento en el que todos los edificios de la Facultad de Medicina de la UCV requieren mantenimiento para la corrección de filtraciones, impermeabilización de techos, acondicionamiento de baños y reparación de tuberías. A todo el escenario de infraestructura, se le agrega un problema estelar en una institución que representa 50 % de la Ciudad Universitaria: de 730 profesores que tenía, 325 han abandonado la institución desde 2017. La facultad solo recibió 32 % del presupuesto solicitado para 2019.

Caracas. Vista desde la ciencia médica, su naturaleza, la primera Facultad de Medicina del país, fundada en 1763, vive lo que quizás sea su propia agonía. No solo sus profesores carecen de insumos para cumplir el juramento hipocrático, su deber de salvar vidas, hoy sus estudiantes son el paciente desalentado de cualquier emergencia, tal vez del Universitario de Caracas, donde escasea el agua, faltan especialistas y los profesionales merodean las salas en busca de jeringas, sueros y antibióticos para salvar a los enfermos.

La situación luce compleja para una institución que representa 50 % de la infraestructura de la Ciudad Universitaria y está compuesta por seis escuelas, siete institutos de investigación, 21 edificaciones y seis extramuros. Con 11 carreras y 150 posgrados, la academia tiene serias dificultades para cumplir con su propósito de formar nuevo recurso humano. Emigdio Balda, decano de la Facultad de Medicina, no lo da todo por perdido. Sin embargo, aduce que tienen en contra el déficit presupuestario, los problemas de infraestructura y la falta de personal, que se ha profundizado en los últimos 10 años, lo que lleva de gestión.

Con un dozavo de 1.530 bolívares, 85 % del salario mínimo vigente, 2018 no ha sido fácil para ese músculo de la UCV. Los problemas de salubridad han sido detonados por la falta de mantenimiento, según denuncian sus autoridades. La situación, que deja secuelas en el terreno académico, alarma a los profesores. Según datos de la academia, solo la limpieza y mantenimiento de la facultad, que se realiza con el apoyo de 14 operarios, demanda un presupuesto mensual de 421.266 bolívares. Y el monto asciende a 1,4 millones de bolívares soberanos por cada trimestre.

Como se comprenderá, esta suma es, desde cualquier punto de vista, insuficiente para atender los urgentes compromisos que ocasiona el funcionamiento de la facultad más compleja y, hasta ahora, más productiva de la Universidad Central de Venezuela”, señala el decano.

El panorama no deja de ser urgente para 2019. De acuerdo con sus autoridades, la facultad solo recibió 32 % del presupuesto requerido para el próximo año, lo cual se traduce en un monto nominal de 1,7 millones de bolívares soberanos, cuyo grueso — 90 %, para ser exactos— está destinado al pago de sueldos y salarios.

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Y los ingresos propios de la facultad, por concepto de servicios y trámites administrativos, son exiguos. Hasta el 31 de julio, la institución apenas había generado 14.341 bolívares soberanos, un monto insuficiente para cubrir si quiera los gastos de papelería.

El déficit de recursos se acentúa en un momento en el que todas sus estructuras requieren mantenimiento para la corrección de filtraciones, impermeabilización de techos, acondicionamiento de baños y reparación de tuberías. Todos esos problemas quedan retratados en los institutos más importantes, entre los que destacan Medicina Tropical, Inmunología y el Anatomopatológico, ubicados en la UCV.

Solo en 2017, el presupuesto asignado a las investigaciones se redujo en 75 % y las líneas de investigaciones se redujeron a la mitad, denuncia Balda. Hoy, el Anatomopatológico es el espectro de lo que alguna vez fue el mayor centro de recepción y procesamiento de biopsias de Venezuela, el único de la red pública de salud capaz de procesar estudios de inmunohistoquímica. Se trata de una prueba que permite tipificar los tipos de neoplasias en los pacientes, para determinar con precisión el tratamiento clínico más adecuado.

Los bioterios, que son los medios para hacer estudios, requieren reparaciones en infraestructura, mantenimiento y dotación de jaulas y estantes. Se requieren materiales de limpieza y suministros continuos de alimentos para los animales en experimentación”, agrega Emigdio Balda.

Con una falta de insumos que ronda el 90 % en el Anatomopatológico, los científicos declaran la institución en cierre técnico y demandan solventes como xilol, alcohol y colorantes como hematoxilina y eosina para estudiar los tejidos orgánicos. Joseba Celaya, biólogo y profesor de anatomía, asegura que no queda absolutamente nada de los laboratorios de biología molecular instalados en la institución en 2006. El cierre impuesto por la falta de insumos abre una brecha importante de rezago en lo que a estudios de genética se refiere. “Funcionaron hasta hace unos tres años, ahora perdimos todos los adelantos en torno a la genética asociada a enfermedades”, sostiene.

Entre los afectados por el cierre técnico, se cuentan los estudiantes de bioanálisis, quienes se pierden las nuevas técnicas en biología molecular. Los alumnos de los primeros años de medicina ya no pueden cursar sus prácticas bajo el microscopio, pues el hampa robó los equipos. “Nos han quitado las computadoras, los años de investigación y los proyectores. Es crítico lo que vivimos”, dice Joseba Celaya.

A todo el escenario de infraestructura, se le agrega un problema neurálgico en una institución conformada por alrededor de 3000 estudiantes. La facultad esgrime un número grueso que deja a los estudiantes de la carrera sin su mayor recurso: la experiencia de los facultativos más versados en temas médicos, La nómina docente se redujo en 40 %. De 730 profesores que tenía Medicina, 325 han abandonado la institución desde 2017. Hasta octubre de 2018, 114 docentes habían renunciado, lo cual representa un incremento de 58 % de las bajas con respecto al año pasado, cuando 72 educadores se dieron de baja. En los últimos dos años 186 docentes han dimitido de sus cargos, entre otras razones, por los bajos salarios y la ausencia de políticas que garanticen el bienestar social a una población que se lo juega todo en las aulas.

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Con más de 190 años de historia, la Facultad de Medicina de la UCV no es solo una síntesis de las ciencias médicas, es el retrato de una política de Estado que parece destinada a asfixiar la academia. La diáspora de galenos, entre ellos especialistas en oncología, obstetricia y cardiología, deja a los hospitales huérfanos, sin su principal recurso. La situación pone a contraluz un problema profuso ligado a la incertidumbre por la falta de seguridad y de protección social para el gremio. Ni el Ministerio de Salud ni el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) ni el Ipasme, todas instituciones rectoras de salud, aseguran a su línea de defensa: los médicos. De más de 130.000 doctores activos que suma la matrícula del país, solo 16.500 están cobijados por el seguro contratado por la Federación Médica, según su vocero.

Desde la Casa que vence la sombra advierten que los problemas de infraestructura e insumos han provocado una diáspora difícil de revertir: La Facultad de Medicina reporta una caída de 40 % en el número de residentes de primero, segundo y tercer año. De los 700 cargos ofertados este año, para el ingreso en 2019, solo se inscribieron 545 aspirantes, lo cual deja 30 % de la oferta de especializaciones vacante.

Y la inscripción de estudiantes que prosiguen sus carreras de pregrado, durante el período 2018, se redujo en 20 % en las escuelas de Medicina, 30 % en Salud Pública y 40 % en Enfermería, recoge la Facultad en un informe divulgado en octubre. Entre los requerimientos urgentes planteados por el decanato destacan papel, tóner y tinta para impresoras, el mantenimiento y reparación de fotocopiadoras, reactivos y material de laboratorio, guantes, tapabocas y pupitres.

“Estas circunstancias condicionan una grave situación al comprometer la labor administrativa y los procesos básicos de funcionamiento de la facultad, sus dependencias, escuelas e institutos; convirtiéndose en un círculo vicioso, en el que la recuperación y reposición de los cargos quedan comprometidas por el retardo de las actividades administrativas que están realizándose con déficit de personal”, sostiene el decano.

Instituto Anatomopatológico de la Universidad Central de Venezuela. Foto: Sebastián García Inojosa

De acuerdo con cifras de la Federación Médica Venezolana, 26.160 médicos especialistas han emigrado del país. Entre las especialidades huérfanas en los hospitales destacan pediatría, donde más de 6700 profesionales han dimitido de sus cargos, al igual que medicina general, cuyas bajas ascienden a 9000 facultativos. También destacas áreas como anestesiología donde reportan una diáspora de 2100 galenos, medicina interna con 1500, cirugía general con 2500, urología con 145, ginecobstetricia con 1.00, neonatología con 1150, traumatología con 1100 y radiología con 565 renuncias.

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Historia de la Facultad de Medicina

Con cinco alumnos y el doctor español Lorenzo Campins como profesor se iniciaron los estudios de medicina en el país. Aquel hecho tuvo lugar en octubre de 1763 en la sede de la Real y Pontificia Universidad de Caracas, hoy Palacio de las Academias en la avenida Universidad.  De esa cohorte egresó, veinte años después, Francisco de Molina, el primer médico educado en el país.

Fue en 1827 cuando la Universidad Central de Venezuela se convirtió en la casa que formó a numerosos e insignes estudiantes. De los 269 alumnos que poseía la UCV en 1896, cerca de la tercera parte pertenecía al curso de Medicina.

En 1927, 44 % de los estudiantes de esa institución cursaba la carrera. Entre 1934 y 1944 aumentó prodigiosamente el número de alumnos que allí se formaban. De seis facultades que había en esa década, la matrícula de Medicina fue siempre la más elevada, concentrando 42 % del total de los estudiantes de la UCV.

Casi dos siglos después, es aún una de las áreas del saber con mayor demanda. No en vano, la facultad ha discriminado la formación a través de seis escuelas que entre todas imparten 12 carreras. Puertas adentro, la universidad, que ha formado más de 70.000 médicos y profesionales de la salud, tiene alrededor de 200 laboratorios, todos con fallas de infraestructura, reactivos e insumos para la investigación.

Ucevistas pioneros

José María Vargas: Médico cirujano, como profesor de anatomía, inauguró las disecciones de cadáveres. En 1827 fundó la Sociedad Médica de Caracas.

José Gregorio Hernández: Fundó las cátedras Histología, Fisiología y Bacteriología en la UCV. Fue pionero en la enseñanza del uso del microscopio.

Luis Razetti: Fue el ideario de la primera clínica privada del país. Sobresalió su trabajo en contra de las enfermedades venéreas, tuberculosis, mortalidad infantil y el cáncer.

José Ignacio Baldó: Pionero de la lucha antituberculosa en Venezuela.

José Manuel De los Ríos: Precursor de la pediatría en Venezuela. En 1888 funda el primer hospital de niños que existió en Venezuela.

Jacinto Convit: Médico dermatólogo, desarrolló la vacuna contra la lepra. Fue nominado al Premio Nobel de Medicina en 1988.

Rafael Rangel: Padre de la parasitología y el bioanálisis en Venezuela.

Francisco Antonio Rísquez:  Propulsor de la pediatría y de la escuela de enfermería, contribuyó al desarrollo del campo de la farmacopea.

Pastor Oropeza: Iniciador de la atención materno-infantil, de los estudios de pediatría y de la puericultura.

Arnoldo Gabaldón: Parasitólogo y entomólogo que desarrolló una intensa lucha para la erradicación de la malaria.


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