El martes 22 de mayo fueron asesinados siete jóvenes por las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) en el bloque 11. Sus familiares acudirán al Ministerio Público a denunciar los excesos policiales y desmienten enfrentamiento.

Caracas. Aunque sacaron a la fuerza a las familias de los apartamentos, hubo testigos. En el bloque 11 de Lomas de Urdaneta observaron cómo siete jóvenes fueron asesinados por funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana.

Los policías se asomaban por la ventana y gritaban a los de abajo: ahí va el primero. No dejaban que nadie se asomara, a algunos los encerraron en el baño mientras mataban a los muchachos. A otros los sacaron de su casa, contó el padre de una de las víctimas.

Los uniformados llegaron alrededor de las 11 de la mañana del martes 22 de mayo, encapuchados y con armas largas. El operativo se debía, presuntamente, al asesinato del funcionario de la PNB Luis Manuel Rizzo González,  ya que supuestamente ahí se ocultaban los responsables.

El bloque, compuesto por dos edificios, fue tomado por los uniformados y nadie podía entrar ni salir, según testimonios.

Jairo Gabriel Isturiz López, de 27 años, vivía en el piso ocho. Ahí ingresaron los uniformados y lo sacaron a la fuerza. Lo llevaron hasta el pasillo, lo arrodillaron para que les pidiera perdón y cuando le dispararon cayó hacia atrás, detalló su mamá Dalrocy López.

El joven tenía un año de estar en libertad, estuvo cinco años preso —en San Juan de los Morros— por homicidio.

Él tiene familia, no los pueden matar así. El deber de ellos es llegar y si van a allanar que allanen, métanlos presos pero no los maten porque ellos son seres humanos igual que los policías. Ustedes no estaban ahí, pero ellos llegaron tumbando puertas, pegándole a las mamás, a los papás se los llevaban del bloque y nos amenazaban si nos metíamos a defenderlos, dijo Dalrocy.

El papá de Luis José García Rodríguez también fue testigo de cómo mataron a su único hijo varón. Tocaron la puerta del apartamento, en el piso 10, y al abrirles lo sacaron.

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Me bajaron, pero logré subir sin que ellos se dieran cuenta. Y ya mi hijo estaba muerto, con un arma puesta. Ahí no hubo enfrentamiento, yo estuve y mi hijo no se enfrentó. Ellos dispararon para armar la escena, dijo el señor, quien es entrenador de béisbol y recordó que de pequeño se llevaba a su hijo a los juegos.

Admitió que Luis estaba un poco rebelde y tenía amistades que no le gustaban. Siempre lo aconsejó y le advirtió que esas “juntas” no lo llevarían a nada bueno. Y ahí está, pagó malamente. Mi hijo jamás mataría a una persona, nosotros somos cristianos y él estaba con la palabra, pero sí tuvo sus momentos de rebeldía.

Estaba sacando cuarto año por parasistema. Se encontraba buscando empleo para mantener a su bebé de meses de nacida. Todo lo quería para su hija, esta situación del país está difícil y no conseguía.

Tercer familiar que les asesinan

A Alberto Isaac Subero Pérez, de 29 años, lo capturaron cuando pretendía salir de su casa con su novia. Iba a casa de su mamá. Tenían armas largas. A ella la metieron al cuarto y a él al baño, lo sacaron porque supuestamente lo iban a radiar pero lo mataron, detallaron sus parientes.

Dijeron que nunca estuvo preso ni solicitado y al contrario los funcionarios le indicaban a la familia que era miembro de una banda. Hace cinco años los Subero enterraron a otro ser querido. Tony era primo de Alberto y lo mataron en Catia para robarle el celular.

En 2001 también pasaron por lo mismo, con un tío del joven llamado José Antonio Subero. Fue víctima del robo en Lomas de Urdaneta.

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Otra de las víctimas es Aaron Wilkerman Isturiz Bracho, de 26 años, primo de Jairo Isturiz. Sus dolientes señalaron que lo agarraron cuando iba al piso siete, a casa de su mamá. Era comerciante informal y padre de dos niñas de ocho y un año.

La familia de Jhosmar Omarel Pineda Vergas, de 19 años, también pasa por el amargo dolor de enterrar a un ser querido por segunda vez. En el caso de Jhosmar fue asesinado en la planta baja del bloque 11, le dieron dos tiros.

Era padre de una bebé de tres meses y trabajaba barriendo calles. Hace cuatro años asesinaron a José Gregorio González, de 21 años, en Las Mayas. Los azotes de la zona lo acusaron de “sapo”, por presuntamente denunciarlos con la policía.

Julio César Alemán Tejar, de 20 años, fue asesinado en el piso dos, dentro de la casa de un amigo. Hace tres meses estuvo preso en el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) por tráfico de drogas.

Sus parientes admitieron que estaba en malos pasos, pero aclararon que no era la manera de actuar de las FAES. “Tenían que detenerlo”.

También desmintieron un enfrentamiento y por los excesos policiales se reunirán con el resto de los parientes víctimas para denunciar en Derechos Fundamentales del Ministerio Público.

El operativo que inició cerca del mediodía, terminó alrededor de las 8:00 p.m. Los vecinos comentaron que ingresaron a todas las viviendas. Las víctimas fueron trasladadas sin signos vitales hasta el hospital de Los Magallanes de Catia.

La séptima víctima no fue identificada por sus parientes.

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Fotos: Yohana Marra, cortesía



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