La mujer llegó el pasado lunes sin signos vitales al Hospital Vargas de Caracas, donde también ingresaron 12 pacientes heridos por los cuerpos de seguridad del Estado y grupos de choque, tras las múltiples protestas de la noche del 21 enero en la Gran Caracas.

Caracas. A Nicar Bermúdez no le interesaba la política. Mucho menos las protestas. Su hermana mayor cuenta que en su hogar no se hablaba ni del chavismo u oposición, pero sí sobre la inseguridad que cada día azotaba y cobraba más vidas en el barrio.

Su rutina diaria transcurría entre Fuerte Tiuna y Cotiza. La joven de 38 años era ingeniero de sistemas, trabajaba en el Ministerio para la Defensa desde hace seis años y vivía junto con su mamá e hija de 5 años en el sector Once de Agosto, aledaño a Cotiza, Parroquia San José. A las 8:00 p. m. del lunes 21 de enero, los vecinos la consiguieron muerta en la puerta de su casa. A Nicar le habían disparado en la cabeza para robarle sus pertenencias.

“Ella no estaba manifestando. De hecho, en ese sector no hubo protestas”, contó su hermana, quien prefirió resguardar su identidad. La comunidad de Cotiza amaneció el 21 de enero protestando en respaldo a los 40 efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), quienes se sublevaron en contra de Nicolás Maduro desde la comandancia de Petare hasta atrincherarse en unos de sus comandos en Cotiza. Seguidamente, 27 funcionarios fueron detenidos, pero los vecinos continuaron en la calle al grito de “No queremos bono, no queremos Clap, queremos que se vaya Nicolás”.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró múltiples protestas en 30 zonas de la Gran Caracas durante la noche del 21 de enero. Por otro lado, el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) alertó que “grupos paramilitares auspiciados y tolerados en sus acciones por el Gobierno de facto” reprimieron a todo aquel que demostró su descontento. “Demostraron ser brazos ejecutores de procedimientos que pueden producir graves violaciones a los Derechos Humanos”, expresaron.

El presidente de la Sociedad de Médicos Internos y Residentes (Somir) del Hospital Vargas, Carlos Prosperi, informó la mañana de este 22 de enero que Nicar habría ingresado la noche anterior sin signos vitales. Además, denunció que otros 12 pacientes heridos llegaron hasta el centro hospitalario, 7 de ellos por perdigones; y que 5 pacientes con patologías respiratorias se complicaron por el gas lacrimógeno que se extendió a las intalaciones médicas luego de que la GNB lo empleara para dispersar a los protestantes. Igualmente, Provea recibió denuncias a las 10 de la noche sobre una alta presencia de grupos de choque exhibiendo armas e intimidando a quienes protestaban en la avenida Fuerzas Armadas y la Candelaria Norte.

La mamá de Nicar cuenta que su hija salió a botar la basura de su casa y, seguidamente, escucharon el ruido de una moto y el disparo. Desconocen al homicida. No se atreven a corroborar si era miembro de algún grupo paramilitar o uno de los “tantos delincuentes” que hacen vida en el barrio. “Qué te puedo decir. Ya nada me sorprende. Esto lo vivimos todos los días. La inseguridad aquí es horrible”, agregó su hermana. Los vecinos de Nicar creen que el hecho ocurrió bajo acciones del hampa común.

La familia Bermúdez no había sido víctima de la delincuencia, a pesar de que viven el país más violento del mundo, de acuerdo con estadísticas del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV). Nicar era la menor de tres hermanas. Sus familiares no piensan poner la denuncia ante las autoridades, ni tampoco sumarse a la concentración que convocó la oposición para este 23 de enero, en rechazo a la usurpación del poder por parte de Nicolás Maduro —calificado así por la Asamblea Nacional y más de 50 países—, tampoco participarán en las protestas de la propia comunidad. “No puedo con tanto dolor. No puedo pensar en más nada. Solo que me mataron a mi hermana”, concluyó la hermana de la víctima.

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