Desde agosto, Margaret Baduel y Andreína Baduel no han visto a su padre. Exigen al Gobierno una fe de vida, que no puede ser una foto o un video. Solicitan verlo en persona y constatar su estado de salud físico y mental.

Caracas. El tiempo que han compartido con su padre durante este año no alcanza las veinticuatro horas. La última vez que Margaret y Andreina lo vieron fue el 2 de agosto. El general Raúl Isaías Baduel, preso político desde 2009, tiene dos meses aislado en La Tumba, ubicada en Plaza Venezuela. No es la primera vez que es sometido a este tipo de castigo. Este mismo año, entre enero y junio, también permaneció aislado de sus familiares y de la defensa. Es decir, el militar acusado por, presuntamente, traicionar a la patria ha permanecido más de ocho meses aislado en 2018, sin acceso a la luz solar ni a ningún tipo de interacción humana. Ni siquiera le permiten conversar con otros reclusos.

La luz artificial siempre permanece encendida en una de las celdas del sótano cuatro, en La Tumba, donde está detenido Raúl Isaías Baduel. No hay ventilación. Cuando el aire acondicionado está encendido, el frío es congelador. Cuando está apagado, el calor es sofocante. Sus hijas mantienen la hipótesis de que cada vez que la crisis en el país se agudiza y se genera algún hecho disidente, el Gobierno le atribuye la responsabilidad a su papá.

El primer aislamiento del militar ocurrió luego del enfrentamiento policial con el exinspector del Cicpc, Óscar Pérez, quien, en distintas ocasiones, expresó su descontento en contra de Nicolás Maduro y resultó muerto. Mientras que el segundo castigo lo ejecutaron días después del presunto magnicidio en contra del presidente de la República. Margaret y Andreína Baduel no creen que estos hechos sean coincidencia. Todo lo que pasa en el país afecta las condiciones de reclusión de su padre. “Creen que él es el culpable y responsable de todo, pero no es así”, expresó Margaret Baduel.

El militar se dejó crecer la barba. Ese es su símbolo de resistencia ante las autoridades. Tiene un año sin afeitarse, justo desde el día cuando lo secuestraron en agosto del año pasado y lo desaparecieron por más de veinte días. Actualmente, sus familiares exigen una fe de vida. Y no les basta con un video o una foto, ya que aseveran que el Estado es experto en la manipulación de este tipo de material audiovisual.

Queremos verlo en persona. Queremos escuchar su voz. Queremos hablar con él. En esta dictadura esa es la única fe de vida que se puede aceptar”, agregó Margaret.

Ambas hermanas describen a su padre como un hombre comprometido con la constitución y las leyes, y están convencidas de que este tipo de perfil es el que incomoda al Gobierno. “Ellos saben que mi papá no se ha quebrado y por eso intentan cada día empeorar sus condiciones. Pero no lo logran”, agrega Andreína.

Las hijas del general cuentan que cada vez que ellas visitaban a su papá y empezaban a llorar, era él quien las consolaba.

“Tiene una fortaleza moral admirable”, comentan. Todos los días lo fotografían con un ejemplar de Últimas Noticias, cada día unas seis o siete veces. En vez de mostrar tristeza o debilidad, Andreína narra que su papá posa con su mejor rostro. “Al Gobierno le molesta porque saben lo fuerte que está él. Nada de lo que le han hecho, lo ha quebrado. Todo lo contrario, cuando uno va para allá y lo escucha, uno sale con fortaleza”, indicó.

Pero él no es el único torturado

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No obstante, la torturas también persiguen a los familiares. No hay día en que estas hermanas se despierten y no observen un automóvil a las afueras de su casa. También las graban y fotografían. Además, los carros las siguen a cualquier lugar que deban ir de acuerdo a su rutina diaria.

Pero fue una última información que recibieron las hermanas la que encendió sus alarmas. No saben si es verídica o no y, por eso mismo, lo consideran como un acto de tortura. Supuestamente, hace unos días, falleció una persona en La Tumba y, aunque no lo pueden corroborar, no lo consideran descabellado. “Nadie te garantiza la vida en ese lugar. Por eso exigimos verlo ya. Nunca nos vamos a cansar de denunciar, de exigir y los venezolanos tampoco deberían. Y tampoco pueden olvidar que hay presos políticos en el país y que tanto ellos, como sus familiares, son víctimas de torturas”, dijo Andreína.

Son muy pocos los temas que pueden conversar con su padre durante las visitas a la cárcel. Están constantemente vigilados. Para Andreína no hay mejor descripción para este lugar que su mismo nombre. “Es una tumba. Es un lugar que no debería de existir”, comenta.

Raúl Isaías Baduel está preso desde 2009. El 12 de agosto de 2015 recibió libertad condicional. En primera instancia fue acusado por la sustracción de fondos pertenecientes a la Fuerza Armada Nacional y abuso de autoridad y contra el decoro militar. El cargo de sustracción de fondo fue por el monto de tres millones de dólares. No obstante, el 17 de julio de 2008, Baduel afirmó que era una víctima del “atropello continuado” y denunció que el Gobierno quería “acallar su voz”.

Su libertad condicional fue revocada y el 2 de marzo de 2017 le fueron imputados nuevos cargos por estar “presuntamente incurso” en delitos contra la “integridad, independencia e integridad de la nación”. Desde su audiencia preliminar, el 28 de febrero de este año, no ha habido avances en el caso. Margaret Baduel explicó que se había dictaminado que el caso pasaría a juicio y, hasta la fecha, no han obtenido respuesta. No hay tribunal asignado y la jueza, Claudia Pérez de Mogollón, se encuentra de vacaciones.

Foto: Claudia Smolansky

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