Familias Yukpas asentadas en Maracaibo comen sopa de arroz y yuca para subsistir

El pequeño barrio constituido por dos trillas de arena no cuenta con ningún servicio público básico.

Maracaibo. Ismenia María Valbuena tiene 35 años y siete hijos que mantener, solo cuatro están estudiando con los mismos uniformes y cuadernos del año escolar anterior. Todos viven en el asentamiento Yukpa ubicado en el kilómetro ocho vía a Perijá junto con 400 familias más. Sus condiciones de vida están marcadas por la precariedad, las enfermedades y la desnutrición, tanto infantil como de adultos.

Ismenia trabaja barriendo las calles del municipio San Francisco y le pagan 48.000 bolívares semanales que dice no le alcanzan para nada, por eso, el menú de la familia es: sopa de arroz condimentada, granos —cuando llega la bolsa que distribuyen los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap)— y chicha de maíz.

Las comidas se reducen a una diaria, generalmente en la tarde, cuando Ismenia llega del trabajo para preparar en leña lo que tenga o “lo que me regala la gente mientras barro”.

Confiesan que cocinan en leña «lo que tengan».

La desnutrición es evidente en sus hijos. El menor tiene dos años y no pesa más de tres kilos, según su madre. En el Zulia, la desnutrición ha aumentado, señala Cáritas.

Esta madre de familia sigue esperando a que el Gobierno le cumpla la promesa de tener una “vivienda digna”.

Yo vivo desde hace 12 años aquí y en este tiempo no he recibido una vivienda digna, ya mis hijas están grandes y, por ello, fue que no esperé más y con mucho sacrificio construí esta pieza de dos cuartos. Ahí dormimos cuatro familias, porque no tenemos más espacio.

Según información de los voceros comunales, estas familias bajaron de la sierra de Perijá porque el Gobierno les ofreció una villa de la Gran Misión Vivienda Venezuela, pero hasta ahora eso no ha sido posible, por eso viven como pueden.

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En riesgo sanitario

El pequeño barrio constituido por dos trillas de arena no cuenta con ningún servicio público básico. La electricidad está de contrabando, no tienen agua ni gas, cocinan con leña. Estas deficiencias, sumado al poco poder adquisitivo de las familias, impiden que tengan una buena asepsia, pueden pasar hasta tres días sin bañarse.

Marta González, de 29 años, tiene una llaga en su seno derecho, mientras lo muestra con recelo, suelta: Esto me salió porque aquí no hay agua para bañarse, y cuando tenemos agua nunca tenemos jabón, yo creo que fue del sucio, pero a nosotros nadie nos para«.

Agrega que «los muchachos están flacos y cabezones porque tampoco hay comida, cuando medio comemos bien es porque los hombres suben a la Sierra y traen yuca, plátano, arroz y pollo de allá, del resto pasamos días de hambre.

Ismenia confesó que recibe el beneficio de la misión “Hogares de la Patria” de 190.000 bolívares, pero aun así no le rinde.

No es que yo voy a ofender a Maduro, porque estoy recibiendo Hogares de la Patria pero eso no alcanza para nada, ahorita les di yuca sola de desayuno. Menos mal que tenemos familia en la Sierra de Perijá y fue mi hermano a traer esos productos porque aquí todo está muy caro. Lo que pasa es que ellos creen que porque uno es yukpa lo pueden engañar como les da la gana.

Clap regalado

Las familias Yukpas reciben la bolsa Clap sin pagarla, pero la distribución es irregular.

“Como para taparnos la boca una vez al mes nos llega una bolsa de comida regalada, trae: tres harinas, dos azúcar, una caraota, dos aceite y un kilo de arroz y leche a veces. Viene cuando se acuerdan, una vez al mes si acaso”, comentaron las consultadas.

Fotos: Mariela Nava


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