Fútbol venezolano entre apagones, vestuarios sin agua y tribunas vacías

El torneo local sigue en acción bajo condiciones muy precarias para los jugadores.

Caracas. Un vestuario oscuro y un pipote de agua en las duchas fue lo que consiguieron los futbolistas del Caracas FC al ingresar al estadio José Antonio Anzoátegui de Puerto La Cruz, donde los avileños se midieron al elenco local por la duodécima fecha del torneo Apertura de la Primera División venezolana.

La oscuridad del camerino visitante era tal que los jugadores del elenco capitalino optaron por salir al pasillo del recinto para aprovechar la luz del día y acondicionarse como mejor pudieran ante la inminencia del pitazo inicial de un partido casi sin público y con la mínima presencia policial requerida.

La escena ilustra la precariedad con la que se disputa el torneo local en medio de las constantes interrupciones del servicio eléctrico, la falta de agua y la crisis general que azota los 23 estados del país. La tímida petición de la Asociación Única de Futbolistas Profesionales (Aufpv) de suspender los choques “en los lugares en los que no estén dadas las condiciones por los problemas del sistema eléctrico” ha sido desoída por la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) y la Liga FutVe, los dos organizadores del campeonato. De hecho,  el técnico de Estudiantes de Caracas Daniel De Oliveira vivió una situación similar a la de los Rojos en Puerto Cabello.

Desde que llegamos al estadio en Puerto Cabello nos encontramos con un camerino sin agua ni luz. Además del calor y la humedad, el tamaño del vestuario no permite que todo el equipo entre y al terminar el compromiso, los jugadores no pudieron ducharse, lo que es inadmisible en el fútbol contemporáneo”, fustigó el timonel tras el choque del domingo ante Academia Puerto Cabello.

Según De Oliveira, las constantes fallas de la energía eléctrica impiden que muchos futbolistas lleguen a los entrenamientos por la falta de transporte público y la falta de agua dificulta la hidratación, lo que “hace difícil trabajar con intensidad porque no se reponen los líquidos adecuadamente”. A los obstáculos que enumera el estratega se suma el riesgo de lesiones y la “lotería” que supone acudir a un centro de salud medianamente dotado para atender a los atletas, sobre todo en el interior del país.

Hace una semana, el futbolista de Lala FC Yorvin González se lesionó en Barinas en el choque ante Zamora y contó con la “suerte” de poder ser estabilizado con una férula en la rodilla para que pudiera viajar de vuelta a Puerto Ordaz.

Por si fuera poco, la logística de los clubes en los traslados a otras ciudades ha sido afectada con retrasos de muchas horas en los aeropuertos, pernoctas imprevistas en hoteles sin agua ni luz e incluso la reducción de escoltas y seguridad en las carreteras, lo que expone a los planteles a situaciones como la que vivió Atlético Venezuela en Mérida al encontrarse en el regreso vía terrestre con unos manifestantes, quienes intentaron prenderle fuego al autobús del equipo, según el reporte de la periodista Alexandra Alliegro.

Molestia internacional

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La crisis venezolana no solo dificulta la competición interna por las precarias condiciones, sino que empieza a molestar a los equipos del continente que no ven con buenos ojos la disputa de partidos de la Copa Libertadores y Sudamericana en el país.

Esta semana, el viaje del cuadro argentino Huracán a Barquisimeto estuvo en duda. El Globo –como se le conoce en su país a la oncena bonaerense– finalmente vino a Venezuela y tuvo la “fortuna” de atestiguar un corte de luz de apenas 15 minutos cuando disputaba el cotejo con el Deportivo Lara en el estadio Metropolitano de Cabudare.

El escenario ya había sufrido una interrupción de la iluminación durante el primer apagón nacional, que impidió jugar en la fecha prevista el encuentro con el Emelec y retrasó el regreso del conjunto ecuatoriano.


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