Durante los últimos meses, la estación de pasajeros ha funcionado en la avenida contigua y, ahora, en los estacionamientos y aceras: allí se venden boletos, comida, chucherías y funciona la administración. La Alcaldía habla de “70 % de avance en la obra”, pero los trabajos están paralizados.

Ciudad Guayana. La memoria de Francisco Xavier Zabaleta, el religioso que, entre otras cosas, aupó en 1958 a los vecinos de San Félix a protestar contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, fue borrada de un tirón de la edificación que le hacía honor en esa ciudad: el terminal de pasajeros.

Fue el gobierno del pesuvista Tito Oviedo quien, sin consultas ni acuerdos, decidió que ahora la terminal debía llamarse Batalla de San Félix, a propósito de la remodelación del edifico principal de la estación.

Pero lo de “Batalla” parece no ser algo fortuito: los trabajos de remodelación del terminal comenzaron en 2013, durante el gobierno del también pesuvista José Ramón López —hoy, en arresto domiciliario por corrupción—. La remodelación estuvo prometida para el 2 de julio de 2014, día del aniversario 53 de Ciudad Guayana. Hoy todavía no se ha entregado.

La periodista Oriana Faoro, de Correo del Caroní, precisó en una investigación que en el transcurso de los cinco años que han transcurrido desde entonces se han invertido 1462 millones de bolívares: la primera etapa, con López, fue de 9 millones de bolívares. La última etapa ha sido de 1200 millones de bolívares. Y la ciudad todavía espera.

Las respuestas no han sido muy precisas. La última de ellas, el 5 de diciembre, anunciaba que la obra había avanzado en 70 %. Nunca se habló de la terminación.

En este mes [diciembre] fue culminada la fachada para el área externa que permitirá regalar a Ciudad Guayana un terminal de primera calidad, esto como parte de un compromiso adquirido por el alcalde Tito Oviedo de entregar en óptimas condiciones un lugar digno que permitirá la fluidez de pasajeros que salen o entran a distintas partes del país, declaró ese 5 de diciembre Andrés Cabeza, encargado de la obra por la Alcaldía. Fue, por cierto, cinco días antes de las elecciones municipales.

Del timbo al tambo

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El último año ha sido el más crítico pues desde julio el terminal funcionaba, nada menos, que en plena avenida: los autobuses se estacionaban en el asfalto y los boletos se vendían en las aceras.

Desde diciembre, el terminal opera en el estacionamiento. Desde ese mismo mes, de acuerdo con los trabajadores del lugar, las obras no han avanzado.

Eso no tiene ni luz. Pusieron la fachada del frente y de allí, más nada. Todavía no han dicho nada porque supuestamente el aire lo traen de no sé dónde. Lo que tiene eso es la estructura y ya. Nosotros estamos aquí y es un peligro, porque tenemos todo el efectivo a la vista y la Guardia [GNB] se queda solo hasta las 6 de la tarde, comenta Fernando Gil, despachador de boletos, desde una mesa de plástico que funciona como su oficina de ventas.

La boletería no ha sido el único sector afectado. José Ramón López les prometió a los vendedores informales que todos tendrían sus puestos dentro del terminal. Siguen dispersos en las aceras.

Dicen que aprobaron una plata, pero no nos dicen nada. Mientras tanto, nosotros tenemos que seguir aquí para poder trabajar, apunta Ivonni Mazó, una vendedora informal.

Los pasajeros se han habituado ya al ritmo que impone la situación: los consultados dijeron que no esperan que se termine la remodelación próximamente. El edificio, mientras tanto, continúa cerrado y en silencio.

Fotos: Marcos Valverde


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