Iris Rivero estuvo cinco años de médico en médico, hasta que dieron con el síndrome que padece su hijo. Para ayudarlo, buscó información con especialistas, leyó todo lo que pudo sobre esta condición, fue al colegio e inició una campaña de prevención en contra del acoso escolar.

Hoy en día combina su trabajo como maestra con jornadas de concienciación y apoyo a las madres y personas con asperger en todo el país.

Caracas. Las personas con el Síndrome de Asperger tienen un aspecto normal, capacidad normal de inteligencia y, frecuentemente, habilidades especiales en áreas restringidas. Sin embargo, tienen problemas para relacionarse con los demás y en ocasiones presentan comportamientos inadecuados.

Todos esos elementos los vio Iris Rivero, docente de profesión, en su hijo morocho cuando este tenía tres años. Pero como toda madre, según contó, le costó reconocer que su pequeño tenía cierta discapacidad.

Su niño habló y caminó temprano. “Por eso se nos dificultaba ver alguna anomalía”.

Rivero estuvo cinco años de médico en médico, hasta que dieron con el síndrome que padece su hijo: Asperger.

Para ayudarlo buscó información con especialistas, leyó todo lo que pudo sobre esta condición, fue al colegio e inició una campaña de prevención en contra del acoso escolar.

Hoy en día, combina su trabajo como maestra con jornadas de concienciación y apoyo a las madres y personas con asperger en todo el país.

Con la fundación trabaja en contra del acoso escolar.

Un trabajo duro

La persona asperger manifiesta un pensar distinto y aunque es lógico y concreto, en ocasiones resulta hiperrealista. Y si para los padres no es fácil comprender su comportamiento, para el entorno mucho más.

“Por eso, cansada de los maltratos y del acoso, decidí ir a la escuela El Ingenio en Guatire, hablé con las maestras, di una charla y conté mi testimonio. A veces no entendía que hasta los ruidos para una persona con esta condición representan un dolor, o que no pueden escribir porque tienen dificultades motoras y les duelen las manos. Me decían de todo, que mi hijo tenía déficit de atención, que no lo iban a pasar de grado porque no sabía escribir. Es muy duro pasar por eso y todo porque a veces uno no tiene la información correcta”.

Ella sabía que su niño tenía un carácter difícil y que padecía de crisis sensorial, pero no todos a su alrededor estaban al tanto.

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Luego de dar los talleres y de sensibilizar a las maestras, siguió yendo a cursos y en uno de esos eventos, realizado en 2012, conoció a Manuel Cedeño, un adulto con asperger, que creó una fundación sin fines de lucro encargada de la difusión del conocimiento sobre el autismo en todo su espectro, incluyendo el Síndrome de Asperger, la creación de conciencia sobre la necesidad del diagnóstico y tratamiento temprano, la lucha contra el acoso escolar, el apoyo y defensa de los derechos humanos de las personas del espectro autista, apoyo a las víctimas de acoso escolar, así como la denuncia y seguimiento de casos de acoso.

En 2014, Iris decidió trabajar con él, se convirtió en coordinadora del proyecto en Guatire. Actualmente, lleva la lucha por la integración más allá del estado Miranda. Ya tienen coordinadores y una red de apoyo en San Cristóbal, Mérida, Trujillo y en otros estados centrales.

También tienen un grupo de WhatsApp donde brindan consejos a los padres y replican testimonios. Igual ayudan a conseguir tratamientos y a gestionar atención médica tanto en la red pública como privada.

El alcance de este brazo amigo ha llegado a cerca de 5000 personas en todo el país.

Su hijo tiene 12 años y está por ingresar al primer año del ciclo medio de bachillerato.

Fotos: cortesía



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