La ciudad que el 11 de abril de 2017 se manifestó en contra del presidente de la República antes de la efervescencia de las protestas en su contra está acorralada por los mismos problemas: delincuencia, carencias de servicios básicos y escasez de comida y medicinas.

Ciudad Guayana. Hace un año, una lluvia de piedras, papeles y huevos llovió sobre la caravana presidencial que, después de las 6 de la tarde de ese martes de Semana Santa, abandonaba la avenida Manuel Piar.

No debía ser un acto cualquiera: se trataba de la conmemoración de los 200 años de la Batalla de San Félix, la gesta que, comandada por Manuel Piar, liberó la provincia de Guayana para la causa patriota en la Guerra de Independencia.

Los hechos de ese amanecer del 11 de abril de 1817 ocurrieron en la Meseta de Chirica, hoy conocida como Cerro El Gallo. Allí se gestó aquella rebelión de hace dos siglos. Allí, hace un año, a Nicolás Maduro los habitantes de San Félix le hicieron saber que esa vez no era bien recibido.

Durante el desfile militar, a pocos metros de la tarima presidencial, grupos de vecinos de San Félix gritaban una consigna: “Y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer”.

Detrás de Maduro, un ansioso Francisco Rangel Gómez, entonces gobernador de Bolívar, hacía señas a alguien: quizá se había percatado ya de que algo no andaba bien. Y en efecto: a pesar de que el ahora diputado constituyente Aristóbulo Istúriz dijo que a Nicolás Maduro solo habían tratado de entregarle mensajes, el parte policial señaló que el acto terminó a las 18:40 horas, con la novedad que al momento de retirarse, sujetos desconocidos comenzaron a lanzar objetos contundentes en contra del vehículo en el cual se desplazaba el ciudadano Nicolás Maduro Moros, presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

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¿Qué ha cambiado?

La Guardia Nacional detuvo ese día a ocho personas: fue la otra prueba que desmontó la tesis de Istúriz de que a Maduro lo habían despedido solo con amor y mensajes en San Félix.

La protesta de hace un año tuvo como activador principal en ese momento la irregularidad con la entrega de las cajas de comida de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), sin contar las crisis habituales: la carestía de servicios, la falta de medicinas y la inseguridad.

Hoy, además de que ya Rangel Gómez no es gobernador, no ha cambiado mucho: las protestas por agua han sido más contantes en 2018, las manifestaciones populares por gas y por comida también y el Clap desde hace meses que no llega a muchas comunidades. Eso sin contar que Ciudad Guayana, en 2017, estuvo entre las 10 ciudades más violentas del mundo. Todo a un año de aquella protesta que los medios oficiales intentaron ocultar hasta que, al día siguiente, el mismo Maduro reconoció, aunque en tono de victimización: “En San Félix me prepararon una emboscada”.

Según un reporte del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social: en el primer trimestre de 2018, el estado Bolívar tuvo 184 protestas.

Foto: cortesía RNV


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