Tenía nueve años y vivía en un asentamiento cerca de Los Pijiguaos, al oeste de la región. Se comió un pan que encontró en la calle: eso fue lo que la mató.

Ciudad Guayana. Cuando en el estado Bolívar todavía está fresca la noticia sobre la muerte de un bebé de un año y medio por desnutrición en el barrio Brisas del Sur, San Félix, otra historia de hambre termina con la vida de una niña.

No le ocurrió lo mismo que a Keiner Cardozo, el bebé al que el hambre acabó de a poco hasta que murió en los brazos de su abuela el lunes 16 de enero, justo cuando lo llevaba para el hospital Doctor Raúl Leoni, de San Félix. No. Lo de la niña indígena ocurrió minutos después de comerse un pan dañado de la basura.

El caso lo destapó Luisa Pernalete, investigadora de Fe y Alegría y ganadora del Premio de Derecho Humanos de la Embajada de Canadá en Venezuela, este viernes en el diario Correo del Caroní.

La muerte de la niña de nueve años, a quien Pernalete identifica como Carmen, ocurrió esta semana en Morichalito, Los Pijiguaos, municipio Cedeño, al este de la región.

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Allí, en donde está la sede de explotación de la estatal CVG Bauxilum, Carmen encontró un pan en una carretera cerca del vertedero de basura. Lo tomó, se comió la mitad y lo compartió con su papá. No saben si dañado o envenenado. Lo cierto es que la niña a pesar de que la llevaron al dispensario médico de la empresa, murió.

La víctima y su familia vivían en Las Lajitas. Pernalete supo sobre el caso porque la niña estudiaba en la Escuela Carmen Sallés, una de las sede de Fe y Alegría.

“Según la Declaración Universal de los Pueblos Indígenas (ONU 2007) los indígenas tienen derecho al disfrute pleno de todos los DD HH (artículo 1); también tienen derecho a participar en la adopción de decisiones de cuestiones que les afecten en sus territorios (artículo 18); también tienen derecho al mejoramiento de sus condiciones económicas y sociales (artículo 21). Y también nuestra Constitución tiene artículos que les favorecen, pero nada de esto sabe el padre de Carmen. Solo sabe que su hija tenía hambre, que agarró un pan cerca del vertedero y murió a los 8 años”, apuntó Pernalete.

En buena parte del estado Bolívar es común ver a familias indígenas pidiendo dinero en los semáforos. Dentro de la misma Ciudad Guayana hay tres asentamientos waraos que viven de la caridad. Y, cada tanto, de lo que el Gobierno les ofrece cuando las recuerda.

Foto referencial: Marcos Valverde



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