Ana Da Costa teme que a su familiar “lo dejen podrir” en Ramo Verde, ya que el Estado le ha negado atención médica. Desconocen si el tumor es benigno o maligno, pero, en cualquier escenario, perjudicaría la salud del preso político y hasta podría ocasionar su muerte.

Caracas. El 17 de mayo de 2019 fue la última vez que funcionarios del Estado golpearon a Vasco Da Costa en la cárcel militar de Santa Ana, ubicada en San Cristóbal, estado Táchira. La Fiscalía 21 se acercó al día siguiente para recoger las declaraciones y constatar las torturas que le habían hecho al pensador político, preso desde 2017.

“Vasco está preso por una orden presidencial. Así me han repetido. El único responsable de todo lo que le ocurre es Nicolás Maduro”, dijo Ana Da Costa, hermana de Vasco, quien denunció que su hermano tiene un tumor en el ojo izquierdo, que se desarrolló luego de las torturas. Hasta la fecha, le han negado la atención médica.

Ana advierte que el tumor, si es benigno y no es tratado clínicamente, podría seguir creciendo hasta que Vasco pierda el ojo. O, el peor escenario, si es maligno, podría esparcir un cáncer en el organismo del politólogo y fundador del Movimiento Nacionalista que, igualmente, si no es diagnosticado y atendido, le generaría la muerte.

“Ellos lo enfermaron, que ellos lo curen”, sostiene Ana. También responsabiliza por la vida de su hermano al ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, al director de la cárcel de Santa Ana, el general Carlos Yanes Figueredo y a la Corte Marcial.

Ana comenta que desde el 10 de mayo de 2004, fecha en la que por primera vez detuvieron a su hermano, su vida cambió. “Te incorporas a la persecución. Mis sueños y mi oportunidad para desarrollar mi carrera profesional quedaron en pausa”, agrega. Seguidamente Vasco fue detenido en julio de 2014 y lo liberaron el 6 de octubre de 2017. Finalmente, efectivos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) aparecieron nuevamente en su casa, ubicada en El Paraíso, en abril de 2018. En el presente, Vasco Da Costa está  privado de libertad en la cárcel militar de Ramo Verde en Caracas.

Vasco lucha por la libertad de Venezuela. Eso es lo que lo inspira. Los sufrimientos y las torturas a la que ha sido sometido solo reafirman sus pensamientos en que este régimen está mal, describe Ana.

A Vasco le han colocado electricidad en sus partes íntimas, lo han asfixiado con bolsas plásticas y le han restregado sus propias heces en la cara. Los delitos por lo que lo acusan son: traición a la patria, instigación a la rebelión, ultraje a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y sustracción de efectos pertenecientes a la FANB.

“Yo tuve cáncer y el día que me lo dijeron fue como un puñetazo en la cara, la vida te cambia. Vasco no tiene miedo, él está emocionalmente bien. Solo quiere ser atendido. Por eso exijo que lo trasladen al Hospital Militar y respeten sus derechos. No quiero que lo dejen podrir en Ramo Verde y haré lo que esté en mis manos para que eso  no ocurra”, concluyó Ana.

El Foro Penal, hasta el 10 de junio de este año, contabilizó 773 presos políticos en el país. 667 son civiles y 106 son militares. El director de esta organización, Alfredo Romero, informó que la lista fue enviada al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro y a la Oficina de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas para su verificación y certificación.

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Foto: Juan Vicente Manrique


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