Keylin Aguirre tiene 17 años y pesa 18 kilos debido a su retardo de músculo esquelético grave. La debilidad en su cuerpo le impide caminar e ir a la escuela. Hace más de nueve meses que no toma su suplemento alimenticio. Además, padece de retardo mental leve y una bacteria en el estómago complicada con un cuadro agudo de gastritis.

Maracaibo. Los sueños de Keylin de correr, jugar con sus amigas y lucir su adolescencia como cualquier jovencita de su edad se han interrumpido poco a poco debido a sus quebrantos de salud. El retardo mental moderado y músculo esquelético grave le robaron no solo sus sueños, sino también la fuerza de luchar para cumplirlos.

Luciendo un vestido estampado con flores y una larga cabellera, la jovencita se presenta, pero antes se sostiene de la pared rústica de su casa porque casi no puede caminar; aunque ya el reloj marca las 11:15 de la mañana y todavía tiene sueño. Mientras se mete entre las piernas de su madre, deja salir una sonrisa, se mira las manos y le da paso al relato de su mamá, Greylis Reverol, quien antes de contar su historia adelanta: Tengo mucho miedo, pero le rezo todos los días a Dios y le pido que me la sane. Él sabrá porqué me la presentó así. Aquí estoy luchando con ella.

La familia vive en el barrio Rafael Urdaneta, en el kilómetro 18 vía La Concepción. Para Greylis, lo que su hija ha vivido es “un calvario” que comenzó al poco tiempo de nacida. Su primer síntoma fue en la vista: “Se le estaban cayendo los párpados y había que acostarla a dormir hasta cinco veces al día para que descansara la vista”. Enseguida comenzó a indagar qué tenía su pequeña, a quien un neurólogo la diagnosticó con epilepsia. Ese fue el inicio de la degeneración en la salud de Keylin, que hoy pesa 18 kilos y medio con 17 años de edad.

Aunque su madre la ha llevado a programas de recuperación nutricional en el Hospital Chiquinquirá de Maracaibo, solo ha logrado aumentar 500 gramos. “Todo lo de ella es muy lento. Ella no engorda de ninguna manera”. El año pasado pesaba 26 kilos y medio pero a medida que su enfermedad avanza, ella desmejora.

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Sobreviven

Greylis aseguró que todos los días hace un esfuerzo por “sobrevivir” con sus hijas. Porque además de Keylin, también tiene a Michelle, de 12 años. Es madre soltera y docente, afirma que “como a la mayoría de los venezolanos el sueldo mínimo no me alcanza para nada. Es muy difícil porque ella está en control nutricional y hay que darle seis comidas al día. Cuando se levanta debería tomar alimento pero tengo más de nueve meses que no le doy la leche que ella toma porque no la consigo”.

Mientras intenta no llorar frente a Keylin, la maestra comentó que ha viajado hasta Colombia en busca del suplemento alimenticio que necesita su hija pero no hay. En el ínterin, come plátano, arepa o pasta y en las meriendas, gelatina y avena, “cuando tengo le doy cereal”. Aunque jura que hace hasta lo imposible para que a sus hijas no les falte el pan, reconoce que a veces se le escapa de las manos y es ahí donde la invade el miedo. “Le pido a Dios que me dé mucha fuerza para seguir luchando por mi hija”.

Crisis

La recuperación nutricional para los pacientes con retardo de músculo esquelético grave es sumamente lenta y complicada. Actualmente, Keylin padece una gastritis crónica y tiene una bacteria en el estómago que no la deja avanzar en su recuperación. Esto es vital para que pueda recibir una operación de rótula que impediría el uso de una prótesis de cadera a largo plazo.

Hace más de un mes que la adolescente no va al colegio por la debilidad en su cuerpo. Dos semanas atrás, cinco vómitos seguidos la descompensaron por completo. Según relata su madre, lo único que pide es estar acostada con ella. “Tenemos que tener mucho cuidado porque se pone muy mal”. El desasosiego y la tristeza se apoderan de la madre que intenta sacar fuerza de donde no hay. ”Lo material a mí no me importa, si yo tengo que vender la casa y lo poco que tengo, yo lo hago por ellas”.

Desprecio

Henry Aguirre —alias “el gallo”— así se llama el padre de Keylin, que vive a solo dos cuadras de la casa donde ella reside con su madre y su hermanita, sin embargo, para él “es como si ella no existiera”. Greyli dijo que cuando su hija se cruza por casualidad con su padre: “Él la trata como si una persona extraña le pasara por un lado”. La mujer asegura que no recibe ayuda de ningún tipo del progenitor de la joven, con todo, agradece a Dios tener la ayuda de sus padres que cuidan de sus hijas mientras ella trabaja en la tarde.

Foto: María Fuenmayor



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