Aunque hay servicios que no dan citas por las fallas en el suministro de agua, las máquinas del gimnasio ya están en el centro de salud. Un camillero dijo que el olor que emana de la morgue “es insoportable”.

Caracas. En la entrada principal del Hospital Dr. José María Vargas hay unas máquinas envueltas en plástico. Esos aparatos, según uno de los obreros, son parte del nuevo gimnasio que pronto será inaugurado en algún espacio del centro de salud. Aunque, en palabras de varios camilleros y enfermeras, “hay problemas más graves como la escasez de agua”; la directiva del nosocomio invirtió una cantidad de dinero en la creación de ese nuevo espacio, aun sabiendo que el tomógrafo no sirve, ni  tampoco los aires acondicionados del servicio de Emergencia.

En el servicio de Rayos “X” y en los laboratorios no hay reactivos, en los departamentos de ginecología y hemodinamia no están trabajando porque no hay agua y, por ende, no están dando citas, así que tampoco hay consultas, al igual que en la unidad de odontología. Pese a que existe una cantidad considerable de problemas que limitan la operatividad de uno de los hospitales más importantes de la capital venezolana, a la directiva del nosocomio, al parecer, le importa más el esparcimiento de los pacientes que su recuperación.

Cartel pegado en la pared por los obreros que menciona cada una de las fallas del hospital.

En la entrada principal del centro de salud, obreros, enfermeras, doctores, camilleros y hasta los familiares de los pacientes, se aglomeraron —al lado de las máquinas para el gimnasio— y llevaron a cabo una asamblea en la que enumeraron los problemas que enfrentan día a día en ese lugar.

“No solo nos toca trabajar en pésimas condiciones. No hay guantes, ni los insumos para realizar nuestro trabajo, sino que hay persecución al personal y de paso ha habido notificaciones masivas de despido”, aseveró Ivonne Muñóz, una de las voceras de los obreros en la actividad.

Ivonne Muñoz en plena asamblea con los obreros, médicos y familiares de los pacientes.

Al igual que en el Hospital Universitario de Caracas, en el Vargas también hay funcionarios de la Milicia Bolivariana por todos lados. Hay dos sentados en la entrada principal que vigilan a todo el que quiera ingresar, incluso tienen un cuarto designado para su descanso y alimentación. Un hombre y una mujer, ambos de la tercera edad, tomaban fotos a los presentes mientras se desarrollaba la asamblea, lo que generó la molestia de obreros y médicos.

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Pablo Zambrano, secretario ejecutivo de Fetrasalud, también hizo acto de presencia en el lugar. Aseguró que en una reunión con Earle Siso, director de Salud del Distrito Capital, y con el director del hospital, Ivan Muro, llegaron al acuerdo de evitar el ingreso a las instalaciones de civiles armados.

Uno de los dirigentes sindicales del hospital mientras leía la carta que entregaron a Pablo Zambrano, secretario de Fetrasalud.

“Rechazamos todo lo que tenga que ver con esa gente [civiles armados]. Aquí adentro no debe haber nadie con armas, aquí se preserva la salud de los pacientes”, enfatizó el sindicalista.

El dirigente gremial informó que luego de Semana Santa, en las instalaciones del Hospital Vargas realizarán una reunión intergremial para definir las acciones a tomar de modo que se puedan solucionar los problemas de fondo que “tienen todos los hospitales, porque pareciera que esto es eterno”, dijo.

De mal en peor

Aunado a los problemas operativos, escasez de insumos y medicinas, inseguridad y hasta sindicales, un camillero dijo que ya no se aguanta el olor que emana de la morgue, ubicada a unos 20 metros del servicio de Traumatología y un pequeños cafetín.

Entrada de la morgue del hospital Vargas.

Las cavas en donde otrora reposaban los cadáveres para evitar su rápida descomposición está dañada desde hace meses. Dentro hay seis cuerpos sobre varias camillas, todos enrollados en sábanas y con un papel encima con la identificación de cada uno. Hay uno en un avanzado estado de descomposición, que según el camillero tiene más de dos semanas.

El suelo del lugar está repleto de larvas que brotan del cuerpo más descompuesto. Aunque el cuarto denota una falta de higiene, los encargados de mover los cadáveres igual deben entrar, solo con guantes, un gorro y un tapabocas.

La puerta al fondo es la de morgue. Dicen los obreros que los olores son “insoportables”.

Fotos: Luis Miguel Cáceres.



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