Jóvenes misioneros asumen reto de servir en comunidades vulnerables

jóvenes misioneros

Cerca de 600 muchachos de Huellas y de Macrey viajan hasta distintas comunidades necesitadas del país, para celebrar con la gente los misterios de la fe cristiana y desarrollar actividades sociales y formativas en alianza con actores clave de estos sectores.

Caracas. Son centenares. Los acompañan la fuerza juvenil, las ganas de servir y de aprender, y también el deseo de compartir, conocer nuevos lugares y personas y pasarla bien. Y aunque la cotidianidad muchas veces juega en su contra, previo a la Semana Santa comienzan a prepararse. Son jóvenes católicos que en los días santos encuentran una oportunidad para el servicio comunitario desde la fe.

La realidad juvenil venezolana está golpeada. El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) sostiene que el fenómeno de violencia delincuencial afecta principalmente a esta población. Más de 80 % de los que mueren violentamente son jóvenes, y más de 80 % de los que ejecutan la violencia también lo son.

Pero el problema no se queda ahí. Instituciones como Fe y Alegría dan cuenta, permanentemente, del incremento de la deserción estudiantil. Las aulas de clases se van quedando vacías.

Aunque no hay datos oficiales sobre trabajo en condiciones precarias, por lo menos en Caracas se puede ver, a cualquier hora, gran cantidad de niños y adolescentes trabajando en las calles de la ciudad como buhoneros, como colectores en el transporte público o como vendedores ambulantes de detergentes genéricos.

Ni hablar de cómo la vida de muchachos y muchachas es trastocada por problemas como el colapso de los servicios públicos, el deterioro del sistema de salud, el quiebre de la economía o la crisis del sistema educativo en sus distintos niveles.

Sin embargo, sin ignorar la crisis, muchos no se dejan amilanar por ella. Los jóvenes católicos involucrados con los movimientos juveniles de las distintas congregaciones venezolanas y de la iglesia diocesana se activan durante la Semana Mayor para vivir experiencias formativas, misioneras, religiosas y sociales en distintos lugares del territorio nacional.

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Crónica.Uno conversó con Robert Rodríguez, sacerdote jesuita y director del Movimiento Juvenil Huellas, y con Suhail Echeto, religiosa de la congregación Hermanas de Cristo Rey, organizadora de las actividades misioneras del Movimiento Apostólico Cristo Rey (Macrey).

Foto: Cortesía

Huellistas de misión

Más de 9200 jóvenes forman parte de Huellas. De ellos, aproximadamente 460 pertenecientes a la etapa Huella Azules 1 participan en los Campamentos-Misión Semana Santa 2019 en distintas comunidades vulnerables.

Esta alta participación en el movimiento es gracias a la alianza que existe entre Huellas y la red de colegios de Fe y Alegría en toda Venezuela.

“94 % de nuestros jóvenes son estudiantes de Fe y Alegría, 2 % son estudiantes de colegios jesuitas y 4 % son jóvenes que provienen de parroquias jesuitas o diocesanas”, explica el director de Huellas.

La misión la desarrollarán en colegios y parroquias ubicados en sectores populares de Anaco (Anzoátegui), Guayana (Bolívar), Maracay (Aragua), Maracaibo (Zulia), Barinas (Barinas), Ejido (Mérida) y San Josecito (Táchira).

En el marco de este campamento, sus organizadores se plantean tres objetivos a nivel formativo: Queremos promover el conocimiento experiencial de Jesús, de su iglesia, de su misión y de su persona; impulsaremos el análisis del contexto, la proyección de acciones y el aprendizaje de herramientas para la participación social; y queremos equipar a nuestros jóvenes para que en sus contextos locales no participen en las espirales de violencia y venganza que acontecen, sino que, por el contrario, puedan contener situaciones de ese tipo.

Para Rodríguez, aunque los traslados actualmente son muy complicados, la experiencia en Huellas ha dejado un aprendizaje: que el joven tenga la oportunidad de desplazarse por el país le permite crecer y ampliar sus horizontes. Conocen otros contextos culturales, desarrollan esa competencia social de relacionarse con gente distinta, construyen tejido social porque empiezan a quererse, a valorarse y a contactarse, se crea una familiaridad.

Estos campamentos son importantes —afirma el director de Huellas— porque suponen contextos humanizadores que en este momento resultan salvadores porque las situaciones en las que los jóvenes están inmersos son muy tensas.

En el campamento llegan a un espacio en el que no tienen que preocuparse por la comida, en el que saben que tendrán una merienda, saben que contarán con agua, donde cuentan con adultos que los cuidan y los respetan y están dispuestos a conversar con ellos, donde pueden jugar, divertirse, disfrutar, hacer silencio. Nuestro signo de esperanza es mantener los campamentos en este tiempo porque además de su dimensión formativa, tienen también una dimensión de ayuda humanitaria, afirma el sacerdote jesuita.

Foto: Cortesía

Los macreyistas activados

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En Macrey participan alrededor de 200 jóvenes en todo el país, desde niños de 8 años hasta universitarios y profesionales de 25 a 30 años.

80 % de los macreyistas se activan durante esta época porque tenemos varias modalidades de campamento-misión. Tenemos unos en las mismas localidades donde los niños van a las actividades y regresan a sus casas. Aquí involucramos a los padres, para que participen con sus hijos, explica la hermana Echeto.

Para los jóvenes de 16 a 18 años, se ofrece una experiencia de campamentos locales en la que los jóvenes permanecen en sus ciudades, pero se insertan en un barrio, en una comunidad, en una parroquia o en un colegio.

Y también está la experiencia para jóvenes universitarios o profesionales. Es una modalidad de voluntariado, con ellos nos desplazamos a la Goajira, realizamos un encuentro nacional en Caracas o vamos hasta las comunidades de frontera, explica la religiosa.

En esta Semana Santa, los jóvenes de Macrey van a estar atendiendo comunidades en Puerto Ordaz (Bolívar), en Maracaibo (Zulia), en Barquisimeto (Lara), en San Cristóbal (Táchira) y en Caracas.

En el caso de la experiencia en la capital, específicamente en El Hatillo, participarán cerca de 20 jóvenes universitarios y profesionales provenientes de distintos sectores de la Gran Caracas. “Vamos a ofrecer acompañamiento en los sectores La Chivera, La Unión y la parte baja de El Hatillo, comunidades muy vulnerables y vulneradas”.

La experiencia se llevará a cabo entre el 16 y el 21 de abril. Además de la promoción de valores humano-cristianos, facilitamos un poco el acceso a la salud, traemos a estudiantes de medicina de los últimos años o a médicos graduados que puedan hacer una jornada de salud, u odontológica, manifiesta Echeto.

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Habilitarán un comedor para los niños y jóvenes que participen en las actividades, para que no dejen de asistir por el tema de la comida. “La alimentación es difícil mantenerla en el tiempo, por eso aprovechamos estos espacios”.

El arte, la música, el deporte, los juegos y algunas actividades que permitan transmitir valores de liderazgo y de solidaridad, sumadas a las jornadas de evangelización propias de este tiempo litúrgico, complementarán la propuesta misionera que Macrey ofrece a los jóvenes y a los sectores donde se concretará el apostolado.

“Todos estos espacios se convierten en medios de evangelización para vivir el sentido de lo que es la pascua, de lo que significa el paso del Señor para nosotros como cristianos”, puntualizó la hermana Acheto.


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