En los pasillos del mercado de Quinta Crespo, el producto se consigue en 18.000 bolívares por kilo, pero muy pocos están en la capacidad de adquirirlo.

Caracas. Tiempo atrás, la mayor preocupación de los venezolanos en cuanto a la alimentación era la escasez generalizada. No obstante, hoy día el problema no es la dificultad para conseguir los rubros, sino los altos costos, imposibles de pagar por la mayoría de los trabajadores.

Este es el caso del café, cuyo precio ronda los 18.000 bolívares por kilo en los mercados municipales, aunque en algunos supermercados es posible encontrar la presentación de 400 gramos por el “módico” monto de 6000 bolívares. La trampa: venta regulada.

Estos altos costos afectan a los ciudadanos. Tomar un guayoyo mañanero, o la tasa de café con leche y un pan de acompañamiento que se disfrutaba en las tardes con los amigos y familiares, son pequeños gustos que se tragó el incremento de más de 120 % del rubro desde octubre del año pasado, en que el kilo rondaba los 8000 bolívares.

Que te lo tengas que pensar dos veces para comprarte un simple marroncito dice mucho del estado en que se encuentra la economía del país, y no te estoy hablando de trufas, de caviar, sino de un café con leche. Pero tú vas a una panadería en donde ni siquiera tienen pan a pedir un café, se te cae la cara a la hora de pagar, porque no es posible que uno mediano no te cuesta menos de 2000 bolos. opinó Carlos Mota, abogado residenciado en La Candelaria.

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En un recorrido realizado por Crónica.Uno en diferentes panaderías de Caracas para consultar los costos de la bebida, se encontró que la taza más “económica” es de 1500 bolívares, y la más cara se encuentra en 2300, tristemente, ese establecimiento no contaba con azúcar.

Los paqueticos 

La otra alternativa para muchos compradores es adquirir los pequeños paquetes que los buhoneros comercializan entre 1000 y 1500 bolívares, pero esta alternativa tiene sus riesgos, como la falta de higiene con la que muchos de estos comerciantes tratan a sus productos. Un ejemplo es la experiencia de Leslie Gallardo, estudiante universitaria residente en Parque Carabobo:

Antes le estaba comprando café por paqueticos a un señor mayor que se pone frente de mi edificio a vender todo el día, la primera vez me arriesgué porque me pareció buena gente, así que no pensé que estaría adulterado, y todo fino hasta que un día lo vi haciendo los paquetes esos detrás del Metro, decidí no comprarlos más, relató Leslie.

Foto referencial.


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