En Sabana Grande hay unos 48 comercios cerrados y en Catia, 43. El sector está golpeado por la crisis. Consecomercio reconoce que, a la fecha, muchos negocios no han abierto porque carecen de inventarios.

Caracas. Con lágrimas en los ojos, Brigitt Camaro muestra el espacio, de menos de cuatro metros, donde funcionaba su tienda en el centro de Caracas. Señaló los estantes vacíos y las paredes, e incluso el piso, donde solo quedaban algunas pintas de Mario Bros.

En diciembre liquidé todo. Esa fue una Navidad muy dura. Tuve que ver a los niños llorando aquí porque sus papás no podían comprarle una consola o un juego. Vi los rostros de tristezas de muchas mamás acabando con la creencia en el Niño Jesús. Les decían con algo de amargura: ‘Yo soy la que te compra los regalos, el Niño Jesús no existe’. Eso fue muy doloroso. Decidí rematar todo, pues este año va a ser muy difícil abastecernos.

Lo que vende Camaro es una mercancía importada que tiene como referencia el tipo de cambio paralelo y, por tanto, el precio de venta al público es alto.

¿Cómo hago para llenar los estantes y después poner precios? Eso me hace sentir corrupta, que hoy tenga un producto en 100.000 bolívares y mañana lo tenga que poner en 200.000 bolívares. Mi ética eso no me lo permite, yo no soy así.

Por eso decidió bajar la santamaría y preparar el camino para irse del país. Con la voz quebrada y los ojos nublados por las lágrimas miró a su alrededor, dijo: Esa es la realidad, los comerciantes la estamos pasando mal. En mi caso, que no podía trabajar con efectivo por lo costoso de los productos, ahora cómo hubiese podido hacer. Esto es muy doloroso. Lo mismo te puede contar mi esposo que tiene una tienda de comida. Entre no tener los anaqueles abastecidos y la cantidad de personas que entran a pedir, a llevarse una lata de diablitos, por ejemplo. Nos sentimos derrotados, afligidos, desmoralizados.

Las ventas siempre comenzando el año han sido flojas. No es nada nuevo, pero ahora hay mucha incertidumbre entre los comerciantes porque la crisis se prolonga.

Los proveedores no tienen insumos, lo que traen es muy caro y uno tiene que ajustar los precios. Nadie compra. Estoy trabajando con menos empleados. Tenía cinco y ahora solo está uno conmigo. Es lamentable, ellos ya sabían. Les dije en noviembre pasado que no les podía garantizar una contratación nueva y que, si conseguían algo mejor, que se fueran, contó Ismael Zambrano, dueño de una bisutería, ubicada también en La Candelaria.

La agonía 

La actividad comercial está mermada por la baja oferta de bienes dada la caída de la producción nacional y de las importaciones a lo que se han sumado las mayores fiscalizaciones de la Superintendencia para la Defensa de los Derechos Económicos (Sundde) que han terminado de dejar a los establecimientos sin inventarios suficientes.

En los últimos meses de cada año, la Sundde acelera las inspecciones a los comercios. En 2013 fue el “Dakazo” que impactó en las tiendas de electrodomésticos y de ropa y calzado. Acción de la cual muchos comercios no se han repuesto.

En 2014, 2015 y 2016, las fiscalizaciones siguieron en tiendas de vestido y zapatos, lo que se repitió en 2017 en locales del mismo ramo y se extendió a carnicerías y mercados municipales. Estos últimos operativos asestaron un golpe a los negocios cuya recuperación se aleja, porque la economía entra en el quinto año de recesión.

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En los últimos cuatro años, 6 de cada 10 comercios han cerrado, según las estimaciones del sector, y en este 2018 el panorama empeora. María Carolina Uzcátegui, presidenta de Consecomercio, explicó que desde que “la Sundde obligó a vender los artículos con descuentos, muchos establecimientos no han podido reponer inventarios y, por ello, no han abierto”.

En el casco histórico del centro de Caracas cerraron tres locales con mucha tradición, comentó un comerciante que pidió que no lo identificaran. No podían reponer mercancías. Y yo si esto sigue así voy a tener que liquidar los 300 pares de zapatos que me quedan y sintiéndolo en el alma me voy a ir del país, expresó.

La desolación

Zonas como La Candelaria, Catedral, Catia o Sabana Grande lucen desoladas, pocas tiendas están abiertas.

Según el censo levantado por la Asamblea de Ciudadanos de La Candelaria, cerca de 30 % de los negocios en el último año no ha levantado sus santamarías.

Eso representa, de acuerdo con Carlos Julio Rojas, aproximadamente 100 comercios, entre los que entra el de su mamá, Sol Rojas, quien tenía una tienda de películas DVD y Blue Ray. Desde hace 10 años la administraba y como ahora nadie compra esos productos se vio obligada a cerrar.

Solo en una cuadra como la que va de Tracabordo a Puente Yanez, de 15 negocios solo estaban abiertos 8. Yo no abrí sino hace un par de semanas. Me daba miedo, cada vez que venía encontraba la calle sola, casi nadie abrió en enero. Todavía a esta fecha hay unos cuantos cerrados. La inseguridad también ha colaborado con esta caída de la actividad, contó Imedal Méndez, quien administra una mercería que tiene cerca de 50 años.

En la avenida Baralt hay entre 60 y 70 locales cerrados. Hay unos que tienen las vidrieras vacías y en cestas colocan las prendas en oferta.

En el bulevar de Catia 43 locales tienen bajas las santamarías, de acuerdo con el recorrido realizado por Crónica Uno. Arturo García, vendedor de correas, contó que desde hace tres años ve que la cantidad de comercios cerrados aumenta porque no tienen mercancía o las ventas disminuyeron tanto que no se pueden costear los gastos operativos.

Uno viene a trabajar, pero las ventas son paupérrimas. Los negocios están cerrados y no hay ambiente de nada ¿Qué puede vender una tienda de ropa? Un pantalón o unos zapatos que son incomprables, recalcó.

El representante de Óptica Ruth, tienda que apenas conserva una centena de lentes, relató que cuatro de cinco locales adyacentes llevan cuatro años cerrados. Muchos dueños se han ido del país.

Yo tengo que dejar hasta el 70 % de las ventas en gastos de alquiler y servicios. De los cinco empleados que tenía, hoy nada más quedo yo, expresó con molestia.

La baja actividad sigue en otras partes de Caracas. En Chacaíto y Sabana Grande, 48 establecimientos están cerrados. Una situación similar se refleja en los centros comerciales.

Bulevar de Sabana Grande - comercios cerrados o sin luz. Foto: Luis Miguel Cáceres

La hiperinflación

Los que todavía intentan seguir con sus negocios, también se tienen que enfrentar a la hiperinflación, debido a que el ingreso que obtienen por una venta ya mañana se queda corto para adquirir nuevos artículos, porque los precios se disparan con velocidad. Solo en enero la inflación fue 84 % y la anualizada 4068 %, según las estimaciones de la Asamblea Nacional.

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La presidenta de Consecomercio agrega que los comerciantes pierden. “Lo que perciben por una venta no les alcanza para poder reponer. Esta situación que enfrenta el sector da tristeza”.

Durante cinco meses estuvo parada la asignación de billetes verdes por medio del sistema complementario de divisas (Dicom) y hace dos semanas se efectuó una primera subasta en la que apenas se aprobaron 314.000 dólares. Por tanto, muchos industriales y comerciantes que intentan mantener sus operaciones compran a terceros los insumos, quienes los venden en bolívares pero con la referencia del tipo de cambio paralelo, lo que presiona los precios.

Los proveedores ya no ofrecen las mercancías a créditos, los plazos de pago son cada vez más cortos dada la elevada inflación. Los administradores de tiendas consultados por Crónica.Uno indicaron que los proveedores ya no dejan la mercancía con un mes de crédito, dan tres días a lo sumo y, por eso, muchos vendedores rechazan pedidos y mantienen los inventarios bajos esperando que las ventas alcen vuelo.

No es fácil, estamos en permanente fiscalización. La alcaldía nos multa, nos cierra tres días por infractores. Uno vive con la zozobra de la presencia del Sundde que viene a bajar los precios. Simplemente, esto no es una economía sana, relató Eugenio Sanmuraín, comerciante con 45 años en el país.

Luis De Abreu vive con incertidumbre. “El dinero no alcanza y la inflación destroza nuestros ingresos”.  Es encargado de una perfumería y agregó que la inflación es el mayor obstáculo para su actividad, además de que sus proveedores no despachan “mercancía de ningún tipo”.

Cosméticos, perfumes, productos de limpieza e higiene personal son los artículos más escasos en su tienda. Desde hace varios meses, en las vitrinas solo tiene aceites corporales, esponjas y uno que otro cosmético. Esta tienda arrancó el año sin nada (de mercancía). De los 21 proveedores con los que trabajamos, solo cuatro nos han traído el encargo (…) El año pasado se debía invertir 10 millones de bolívares en un producto X, este año hay que invertir entre 40 y 50 millones, considerando que, generalmente, el dólar paralelo es la referencia al momento de cotizar el presupuesto que traen los proveedores.

La crisis lleva a cambiar de ramo, y lo que hace unos meses era una tienda de ropa, actualmente es un local de venta de tortas.

Aquí en el bulevar La Marrón hay unos árabes que vendían ropa y ahora están metiendo comida. La gente lo que busca son esos rubros, muy poca gente está comprando una blusa que pasa los 2 millones de bolívares. Ver el centro de Caracas así da tristeza, indicó  Omaira Pereira, trabajadora de una tienda de calzados.

Savino Damiano fue uno de los comerciantes expropiados de El Sambil de La Candelaria. Tiene un pequeño local en unas minitiendas que hace dos años exhibía en sus vidrieras celulares de última generación, ahora no es ni la sombra. Se dedica a reparar móviles CDMA, tecnología de hace más de 15 años. Confío en que esto cambie, creo en el país, y lo seguiremos intentado, para muchos no es fácil mantener los negocios.

Los comerciantes, adicionalmente, se enfrentan a las fallas de efectivo que aumentan porque la cantidad de billetes en circulación no cubren la demanda que crece por los elevados precios.

Además no hay efectivo y en mi caso me quitaron el punto de venta porque no generaba mucho dinero al banco. Ellos tienen un monto diario y yo no alcanzaba. Ahora no vendo nada, indicó Rosa Ramos, encargada de una tienda de bisutería.

Recortes de jornada

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Lo otro que comentaron los comerciantes es que deben trabajar por jornada. Si abren en la mañana cierran al mediodía o sí deciden operar en la tarde, abren a las 12:00 p.m. Muchos trabajadores se quejan que pagan más en pasaje de lo que perciben al día. “Ellos sin que unos les hable de la reducción están renunciando”,  dijo el encargo de un local.

En Sabana Grande, la jornada de trabajo inicia alrededor de las 11:00 am. A las 5:00 pm ya están bajando su santamaría.  Los dueños de los negocios en esa zona han optado por reducir su nómina y laborar un solo tiempo. El pago de varios empleados resulta un peso para un negocio que desmejora cada día, porque las ventas no permiten garantizar los salarios.

Francisco Rodríguez,  propietario de una imprenta, indicó que los empleados deciden abandonar el trabajo por su propia cuenta. El ingreso que percibían resultaba irrisorio y no esperaron a que los liquidaran, algunos se fueron del país. “Hace dos años trabajaban cuatro diseñadores gráficos en esta tienda. Ahora no tengo ni uno. Y la posibilidad de que un local comercial abra luego de haber cerrado es nula”.

Muchos locales estén siendo atendidos por sus dueños y familiares, quienes manifestaron enfrentar dificultades para reponer la mercancía, mantener los costos de alquiler, impuestos y servicios básicos que demanda un establecimiento, así como cuidarse de la inseguridad.

De Abreu comentó que la persona que trabajaba en su tienda se marchó y ahora no tiene el presupuesto para reenganchar a otro empleado. “En caso de cierre, la comunidad, acostumbrada a comprar aquí, ya no tendrá a su disposición el mismo servicio y nosotros nos quedamos sin trabajo”.

Las mesas vacías

El sector culinario era la punta de lanza en este sector. Los restaurantes de corte europeo le daban vida a la parroquia a toda hora del día. Hoy están desolados. Los altos precios y el deterioro del poder adquisitivo de los ciudadanos lleva a priorizar los gastos, y comer fuera está fuera del presupuesto.

“Pero pasa y verás que tengo todas las mesas vacías. Tengo dos días así. No ha entrado nadie. El negocio solo me está dando para cubrir los gastos operativos”, señaló Yhonny Andrade, quien se apoyaba en el mostrador con una mano puesta en la cabeza. “Es una crisis tremenda la que estamos viviendo”.

Locales famosos como el Barco de Colón, ubicado en la esquina de Ferrenquín, un patrimonio culinario que pasó a la historia: ahora es un bodegón. Otros ya no están, como el restaurant La Casbah, el Bar Basque, entre otros.

Negocios de comida en pleno mediodía.

Con información de Mayela Armas

Fotos: Francisco Bruzco y Luis Miguel Cáceres



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