Habitantes de Barcelona, Lechería, Puerto La Cruz y Guanta comenzaron a adoptar como parte de su visual cotidiana la cantidad de desperdicios acumulados en sus principales calles y avenidas. Las empresas Tadeo, Cauvica, Basurvenca y Fospuca, responsables de la recolección de los desechos, están siendo reemplazadas por corporaciones creadas por las propias alcaldías.

Barcelona. La cantidad de desperdicios apañados en las principales calles de Barcelona, Lechería, Puerto La Cruz y Guanta han comenzado a formar parte de los “atractivos visuales” que rodean el área metropolitana del estado.

En los últimos 20 años, las empresas recolectoras: Tadeo, Cauvica, Basurvenca y Fospuca han pasado por las referidas ciudades sin lograr mantener a los municipios libres de desperdicios y, por el contrario, han terminado siendo reemplazadas por organismos creados por las propias alcaldías, que al igual que sus antecesores, no han podido lidiar con el problema de la recolección de basura en la zona norte del estado.

Teresa Rodríguez habita desde hace 40 años en la calle Bermúdez del sector Barrio Sucre, en Barcelona, sostiene que la ciudad “nunca ha pegado una”, con las empresas que se encargan de prestar el servicio de aseo urbano.

Fospuca fue vendida como la octava maravilla del mundo y al igual que todas las que han pasado, terminó sin pena ni gloria. En los primeros meses hizo lo mismo que todas las otras, un despliegue de personal, barrían esas avenidas todos los días y ya hoy no ves ni un barrendero, eso sí, cobraban caro por un servicio que siempre fue irregular, sostuvo.

El drama de Rodríguez es mayor, en virtud de que a escasos metros de su residencia y justo detrás de la sede estadal del Ministerio del Trabajo, se instauró una especie de vertedero improvisado donde los residentes arrojan los desperdicios debido a la inconstancia en el servicio de aseo urbano.

Ante las denuncias de las comunidades, concejales de los municipios Bolívar y Sotillo —controlados por el Partido Socialista Unido de Venezuela— reprobaron el desempeño de Fospuca, empresa que también presta sus funciones en ayuntamientos como Baruta en el Distrito Capital, e inclusive ordenaron una investigación de la misma por las irregularidades en la prestación del servicio. El resultado de ese proceso aún se desconoce.

El servicio fue una gran estafa, ellos tenían un plan y nunca lo ejecutaron, el contrato decía que había 14 camiones dispuestos para la recolección de basura y al momento de la inspección solo 7 estaban operativos porque el resto estaba dañado, así lo indicó el concejal de Sotillo, Elio Silva.

Lee también
Basura hunde los aires históricos de San Félix

Sigue la calamidad

Frente a este panorama, los gobiernos municipales de Barcelona y Puerto La Cruz optaron por dejar en Corporaciones Municipales la recolección de los desechos sólidos y, pese a ello, aún persisten los problemas.

Pedro Torres habita en la urbanización El Ingenio de Nueva Barcelona y sostiene que ya la situación con la basura es un problema agobiante.

Estas son bolsas y bolsas que a diario se ven a lo largo y ancho de la avenida y con la situación que estamos viviendo ya no solo son los perros, ahora es la gente que las abre y dejan regados todos los desperdicios. Esto puede generar un problema de salud pública porque pasan hasta tres días y la basura sigue ahí sin que nadie la recoja.

Si de visuales se trata, un terreno ubicado en la avenida Municipal de Puerto La Cruz sirve de estación de transferencia para que la empresa Coservas, la cual se encarga de la recolección de desechos en el municipio Sotillo, lleve los residuos sólidos hasta el vertedero de Cerro de Piedra en las afueras de la capital anzoatiguense.

La montaña de desperdicios se combina con una buena cantidad de camiones compactadores chatarra que son apreciados por propios y visitantes, los cuales califican el panorama de lamentable para la llamada ciudad “turística de Venezuela”.

Nosotros como habitantes de este sector hemos luchado por años para que ese terreno sea aprovechado y convertido en un espacio útil, pero volvió a convertirse en un vertedero improvisado y los olores son nauseabundos, con su respectiva proliferación de roedores y demás insectos. Las autoridades van a tener que ponerse los pantalones con este problema de la basura, dijo Cristina Marques.

Fotos: José Camacho


Participa en la conversación