Luego de las escaramuzas registradas el martes en los alrededores del mercado municipal, la gente regresó a las colas que se hicieron más largas. Muchos dijeron que no están de acuerdo con que los Clap manejen las bolsas de comida.

Mabel Sarmiento Garmendia/@mabelsarmiento

Caracas.  «Salí de mi casa a las 4:00 am. Vivo en el sector el Limón en la carretera vieja Caracas-la Guaira, y tengo que venir al mercado municipal de Catia, porque es donde venden los productos regulados. El martes no pude porque se armó un alboroto. Hoy compré un combo carísimo en 1.400 bolívares. No fue fácil: me empujaron y la policía me golpeó un brazo».

Eso lo contó la señora Blanca Cabana, de 86 años de edad. En medio del bululú se separó de su hermana. Logró pasar al mercado y alcanzó a comprar un combo de harina, pasta, aceite, arroz y mantequilla.

Con lágrimas en los ojos y con la voz quebrada dijo sentirse muy humillada y cansada. Mostró su brazo derecho en donde ya se le asomaba el hematoma y el rasguño que le causó el oficial.

Este miércoles el bulevar de Catia recobró la normalidad. Los comercios abrieron como de costumbre. Lo que no fue normal fueron las largas colas que se desarrollaron alrededor del mercado municipal, ubicado en Pérez Bonalde. Las puertas de este complejo estaban cerradas. Solo una santamaría se levantó hasta la mitad. En ese portón habían cerca de 15 funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana.

Los uniformados con sus equipos antimotín en todo momento sacudían los escudos encima de las personas que querían avanzar en la cola.

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Los policías controlaron varias escaramuzas.

“No sé con qué me dio, me imagino que con el escudo. Hasta golpes recibe uno para poder llevar la comida a la casa. Yo, a mí edad, hago esto porque tengo un hijo con discapacidad que me pide comida. ¿Qué le voy a decir? Que no tengo. Es una sacrificio muy duro todo esto nunca en mis años había pasado algo así”, dijo alzando el brazo maltratado para secarse las lágrimas.

Mientras la señora Cabana guardaba en un bolso de tela la mercancía, para que no se viera que llevaba «oro» como ahora le dicen a la harina y a la pasta, otras dos mujeres también de la tercera edad lamentaban la situación.

«Esto está muy feo y ahora los colectivos y los consejos comunales quieren llevarse la comida. Eso fue lo que desató el lío el martes. Yo estaba en la cola, desde bien temprano y vi con estos ojos como los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) se querían llevar los camiones por la parte de atrás. Por eso la gente aquí se alzó. Eso es un abuso, que la poca comida que llegue se la vendan a su gente, eso no es justo. Además la gerencia del mercado debería salir a explicar lo que sucede y no quedarse callada. No queremos que esos grupos se lleven la comida. Esto es un mercado y aquí es donde debemos comprar», afirmó Gladys Avendaño, quien a las 11:30 am todavía estaba esperando en la cola.

mercado de Catia
Mujeres embarazadas y personas de la tercera edad se vieron en cantidad en la cola.

Otro día de tensión

Por todo el mercado deambulaban los miembros de los consejos comunales y los Clap para organizar a la gente. «Ellos pasan a los que quieren y eso no puede ser porque todos queremos llevar comida», decían los viejitos.

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A muchos de ellos no les parece buena la idea de que estas organizaciones tomaran el control de la comida. “Eso no puede ser este es un mercado municipal y los alimentos deben venderse aquí. ¿Cómo es eso de que los Clap se la van a llevar a un sector?. Fíjate hace un mes que el consejo comunal me vendió la bolsa de comida y a la fecha no han llevado más. Por eso estoy en esta cola porque no tengo nada en mi casa”, refirió Josefina Báez, habitante de Propatria.

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Algunos locales estaban custodiados por la policía.

Catia es uno de los sectores más poblados de Caracas. Según el censo de 2011 en esa zona de la parroquia Sucre había 395.000 habitantes. Pero quienes hacen vida ahí, como la organización Procatia, estiman que hay un crecimiento de 4% anual de la población, es decir cerca de 15.000 o 16.000 por año. Toda esa gente vive en aproximadamente 800 sectores, unos consolidados y otros tantos no. La población en su mayoría es de escasos económicos.

José Quintero, vocero de Procatia, dijo que el control de la comida en manos de los Clap obedece a unos lineamientos del buró político del Gobierno y no va a beneficiar a las familias más vulnerables.

Consideró que en el país se destruyó la industria y, por tanto, con estos comités se termina de hundir el aparato productivo. «Sencillamente expropiaron a las empresas, acabaron la plata y ahora quieren rematar con estos grupos llamados Clap. El pueblo sale perjudicado. Están jugando a crear un estallido social. Sin embargo la gente sigue demostrando que no es esa la salida. El martes se puso la cosa fea en Catia y quienes propiciaron ese desastre fueron los mismos comités y la policía».

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La señora Díaz que aguantaba sol en la cola de los viejitos afirmó que tampoco puede recurrir a los bachaqueros por los altos precios. «Para mí es fuerte pagar este combo, imagínate tener que comprar un paquete de arroz en más de 1.000 bolívares. En mi casa somos siete personas y lo que nos rinde más es la harina. Si la compro en la calle a 2.000 bolos, las arepas nos las comemos solas. Por eso uno se cala esta humillación», contó

Este miércoles la cantidad de ciudadanos que esperaban para entrar al mercado municipal se perdía en el horizonte. Un señor con discapacidad auditiva tenía en su brazo marcado en rojo el número 1.555. Ni siquiera por tener esa condición especial tuvo preferencia en la cola. Tampoco las mujeres embarazadas, las personas con bastones. Todos llevaron el mismo trajín. Hasta niños de meses se vieron rodando de brazos en brazos cuando se armaban pequeñas escaramuzas entre las personas  y la policía.

A más de un muchacho la policía lo repelió con empujones. Refuerzos iban y venían para calmar los ánimos.

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Personas con alguna discapacidad estaban al final de la cola.

Fotos: Miguel González


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