En medio de la crisis económica y política que sacude al país, la feligresía católica venezolana se refugia en la fe y celebra el ascenso de Madre Carmen Rendiles a los altares. La fundadora de las Siervas de Jesús, una congregación en 1965, no solo es conocida por su espíritu de entrega, también fue una mujer de temple y coraje que supo enfrentarse al fantasma del anticlericalismo.

Caracas. Nacida sin su brazo izquierdo, es tal vez lo más obvio sobre su vida. Su historia es más que virtudes en grados heroicos, un mérito excepcional pero difícil de comprender para quienes viven al margen de la solemnidad de la Iglesia.

Madre Carmen Rendiles es probablemente la beata más próxima a la ciudad. Reconocida por sus gestos de caridad, su entrega a los pobres, es considerada un ideal de persona que, incluso hoy, podría aportar luces sobre la convivencia en una sociedad lacerada por el hambre, la pobreza y la opresión de un Gobierno que lo niega todo: las muertes por la falta de insumos en los hospitales, la huida de connacionales que buscan escapar de la crisis y la ausencia de libertades.

En medio de la crisis económica y política que sacude al país, la feligresía católica venezolana se refugia en la fe y celebra el ascenso de Madre Carmen Rendiles a los altares. La fundadora de las Siervas de Jesús, una congregación en 1965, no solo es conocida por su espíritu de entrega, también fue una mujer de temple y coraje que supo enfrentarse al fantasma del anticlericalismo que signó la relación del Estado con la Iglesia desde el gobierno de Guzmán Blanco y que persistió, aunque con menor intensidad, durante la dictadura de Juan Vicente Gómez. De hecho, uno de sus hermanos fue prisionero del dictador tachirense.

Nacida en Caracas y bautizada el 24 de septiembre de 1903 en la Basílica de Santa Teresa, parecía no tener miedo. Su espíritu era vivaz, alegre y despierto. En una ocasión cuando estaba en el Parque Knop, en los Teques, en plena sesión de deporte —de tenis, para ser exactos— se aproximó un toro hasta la reja de la cancha y el pánico asaltó a sus compañeras. Frente a esa situación, la jovencita, se cuenta en las Memorias Biográficas de la Madre Carmen Rendiles Martínez, se dirigió al otro lado del alambrado, donde estaba el animal y a punta de raquetazos lo obligó a cambiar de rumbo.

Este sábado, creyentes, religiosas de diferentes congregaciones y sacerdotes de todo el país, acudieron al estadio Universitario de Caracas para presenciar su ceremonia de beatificación presidida por Angelo Amato, prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos y enviado especial del Papa Francisco. Al lugar acudieron más de 10.000 feligreses, quienes presenciaron una misa y elevaron sus oraciones por el país y las vocaciones religiosas. El campo de pelota era, a las 10:00 de la mañana, una catedral de puertas abiertas y miles de asientos repletos. La liturgia también fue concelebrada por el arzobispo de Caracas, Jorge Urosa Savino, el Nuncio Apostólico y 47 obispos.

Madre Carmen, quien practicó la humildad, la caridad y la oración, es la tercera persona en el país en ser elevada a los altares, tras la firma del decreto de su beatificación el pasado 18 de diciembre por el Sumo Pontífice. La primera fue la Madre María de San José, beatificada el 7 de mayo de 1995, y luego Madre Candelaria de San José, el 27 de abril de 2008. Pero Madre Carmen, señalan algunos religiosos, podría ser la próxima santa de las personas con discapacidad de darse el milagro para su canonización. Su misión fue cuidar a Dios en la Eucaristía, en ella, en el prójimo y en cada sagrario a su paso o en nuestras casas, señala la hermana Rosa María Ríos, vicepostuladora de la causa de beatificación.

Además de nacer sin su brazo izquierdo, tuvo problemas pulmonares tras la muerte de uno de sus hermanos, padeció de artritis y tuvo una salud muy frágil. Para el momento, Venezuela apenas sobrepasaba los 2,4 millones de habitantes, la media de vida no superaba los 45 años y no existía un sistema sanitario que ayudara a combatir la tuberculosis y la malaria. Un escenario que no dista mucho de la realidad actual.

Durante su vida, destaca su biografía, Madre Carmen dio muestras de un carácter excepcional. Lo primero que va a demostrar es que no existe ningún complejo por su carencia. Todo lo contrario: va a agudizar su ingenio para convertir su bazo derecho, completo y sano, en una triple herramienta de efectividad, señalan sus memorias.

Sus propios hermanos la describían como una mujer activa, alegre y bromista, que demostró, precozmente, afecto por los demás necesitados.  Y desde muy pequeña se relacionaba con los juegos de trompo, barajas, perinola y patinaje. Fue una niña normal, como cualquier otra. Realizó sus primeros estudios en el colegio San José de Tarbes. A los 18 años asistió a una escuela común de arte y dibujo, actividad que a Madre Carmen le llamaba la atención, pero tuvo que abandonarla para seguir su camino de religiosa.

Es así como desde pequeña se sintió atraída por la vida consagrada a Dios, pero fue rechazada por congregaciones debido a su discapacidad. A los 15 años decide conocer de cerca las religiosas recién llegadas de Francia conocidas como las Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento, señala su biografía oficial. Tras el contacto con las monjas de carisma eucarístico, el 27 de febrero de 1927 ingresó a la pequeña comunidad y el 8 de septiembre de 1927, cuando tenía 24 años, tomó los hábitos.

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El milagro 

Según el testimonio presentado a la comisión investigadora que llevaba la causa de la Madre Carmen, en mayo del año 2003, la doctora cirujana Trinette Duran de Branger se encontraba practicando una operación en el Hospital Miguel Pérez Carreño de Caracas. Durante la cirugía, un cable sin protección se desprendió de la mesa quirúrgica, alcanzando el brazo de la galena, lo que le ocasionó una fuerte descarga eléctrica que quemó su guante y afectó tres dedos de su mano.

Luego de más de dos decenas de visitas a diversos facultativos, se le recomendó a Branger practicarse una operación para mejorar su calidad de vida. Previo a la cirugía, la paciente decidió acercarse a la capilla del Colegio Belén que atienden las Hermanas de la Congregación Siervas de Jesús, y lugar en el que yacen los restos de la Madre Carmen, para orar por la sanación de su brazo.

Una vez allí, la religiosa María San Luis, hermana de sangre de Madre Carmen, se acercó a Branger y le preguntó la razón de su visita y luego la invitó a una habitación, en la cual Madre Carmen descansaba en vida.

El testimonio de Branger cuenta que en esa sala observó un cuadro de la religiosa del cual repentinamente surgió un rayo de luz que entró por su cabeza y recorrió su brazo, hecho que le ocasionó la pérdida del conocimiento por unos instantes. Al despertar el brazo había sido completamente sanado.

Fotos: Julio Maternao



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