Las sombras de la delincuencia no han podido vencer al Núcleo de Maracay de la UCV (II)

Núcleo Maracay UCV

Robos, atracos, descuartizamientos de animales, invasiones y hasta asesinatos. En medio de este clima de inseguridad, la comunidad del campus universitario, en donde funcionan las facultades de Agronomía y Veterinaria, resiste a los embates criminales que han desmantelado prácticamente las instalaciones.

Maracay. En los antiguos terrenos de la hacienda La Trinidad y el fundo El Limón, en Maracay, estado Aragua, se levantaron las facultades de Veterinaria y Agronomía de la Universidad Central de Venezuela, núcleo Maracay y del Instituto Nacional de investigaciones agrícolas, INIA.

Ese verde y amplio campus universitario –más de 200 hectáreas– ha sido, en la última década, tierra fértil para la delincuencia, que ha irrumpido en sus instalaciones para despojarlo de bienes, materiales y equipos necesarios para la formación de ingenieros agrónomos y médicos veterinarios en el país.

La incursión delictiva ha dejado desmantelados e inoperativos los 11 institutos adscritos a ambas facultades, además de bibliotecas y laboratorios. El hampa opera a plena luz del día y con absoluta impunidad.

En abril del 2019, la decana de la Facultad de Veterinaria, Isis Vivas Plat, denunció los destrozos causados en la Escuela de Veterinaria, por un grupo de delincuentes que reventó puertas y protectores, cargaron con un aire acondicionado, inhabilitaron los equipos de comunicación, Internet e intentaron llevarse al menos 20 microscopios de la cátedra de Nutrición.

Ya son más de 10 cátedras y al menos 9 departamentos de la facultad que están totalmente inoperativos debido a la delincuencia. Nutrición, Industria Láctea y de la Carne, Planta de Lácteos, Bioestadística, Reproducción Animal y Bioquímica son algunas de las cátedras que no se pueden impartir, pues las aulas en donde funcionan han sido totalmente desmanteladas”, informó en ese momento.

Los robos incluyen los departamentos administrativos, de donde los delincuentes cargaron con equipos de oficina, que al igual que el resto, no pueden ser sustituidos por la institución debido al ya disminuido presupuesto asignado.

Los equipos y materiales que son robados en el Núcleo Maracay de la UCV no pueden reponerse. Foto: Gregoria Díaz

En los amplios terrenos existen instalaciones y estaciones experimentales de las dos carreras universitarias. En el caso de Veterinaria, los estudiantes realizan sus prácticas con animales, muchos de los cuales han sido donados y que están al cuido del Núcleo Maracay de la UCV.

Sin embargo, entre diciembre de 2017 y abril de 2019, siete yeguas fueron descuartizadas dentro del campus, por personas que ingresan impunemente. Las autoridades universitarias y los estudiantes de Veterinaria han alertado y denunciado estos hechos, pues entre los animales sacrificados, había una que padecía anaplasmosis, enfermedad transmitida principalmente por garrapatas y, además, se desconoce el destino que se le ha dado a la carne del animal y que se presume fue utilizada para consumo humano.

También han sido desmembradas algunas vacas en gestación y en octubre de 2017, en el potrero experimental de la Facultad de Agronomía, un Holstein un semoviente vacuno macho reproductor de alto valor genético.

Sin energía y sin conexión

Ese mismo 2017, el director de la Escuela de Agronomía, Jesús Romero, denunció los robos recurrentes del cableado eléctrico. Desde entonces algunas áreas quedaron sin luz. En algunos departamentos se logró la restitución mediante donaciones que obtenían autoridades, docentes y estudiantes. Pero la implacable incursión delictiva, una vez más se los robó, además del cableado para la conexión a Internet.

En noviembre de 2017, las autoridades denunciaron robos de transformadores, tableros, cableados eléctricos de hasta una pulgada o más y componentes eléctricos de gran envergadura.

“Solo quienes tienen conocimiento y manejan el sistema eléctrico pueden manipular de esa forma”, señaló Romero.

Los robos del cableado eléctrico han dejado sin servicio a edificios y dependencias completas. Peor aún, los delincuentes han dejado a oscuras a departamentos y áreas de investigación emblemáticas como el herbario Víctor Manuel Badillo de la Facultad de Agronomía, el segundo más importante de América Latina y en el que se han coleccionado más de 170.000 muestras de plantas y organismos vegetales que datan de hace 200 años.

El herbario –fundado en 1949– quedó también sin equipos de aire acondicionado, que permiten mantener los espacios con una temperatura adecuada. La misma mala suerte ha corrido el Departamento de Botánica; el edificio de Morfoanatomía; de Edafología; la Biblioteca Central especializada en el área agrícola y el Departamento de Zoología Agrícola, entre muchos otros.

Vivas señaló que las autoridades del núcleo han solicitado a Corpoelec la reposición del alumbrado público, sin que haya respuesta a la fecha. Refirió que las autoridades siempre han estado prestas a que los organismos policiales realicen las investigaciones que den al traste con la ola de delitos que se cometen en el núcleo, sin que por ello signifique la violación de la autonomía universitaria.

Hasta en las aulas de clases

Los docentes, estudiantes y personal administrativo y obrero también han sido víctimas. Los atracos que comenzaron a ejecutarse en las afueras del campus, ya se perpetran en las mismas aulas de clases.

El profesor Fernando Marrero, director del Instituto de Economía Agrícola de la Facultad de Agronomía, recuerda como en 2012, él, su esposa, docente de la Facultad de Veterinaria, y estudiantes, fueron asaltados por sujetos que, a punta de pistola, ingresaron a los salones donde se encontraban.

“Hemos denunciado reiteradamente el daño a las paredes perimetrales de la facultad, por donde ingresan personas extrañas y ajenas a la institución”, refirió.

Además, otro factor que contribuye a la inseguridad es la renuncia masiva de vigilantes, bien por la diáspora, por la precariedad salarial o la imposibilidad de reponer los cargos, lo que limita una mayor vigilancia interna. Apenas quedan entre 15 y 20 vigilantes que no cuentan con equipos, linternas y vehículos que les permita realizar rondas y resguardar las instalaciones.

Algunos empleados, que pidieron no ser identificados, aseguran que muchos de estos actos delictivos son perpetrados por algunos empleados u obreros en complicidad con antisociales o sujetos que tienen conocimiento en el manejo de alto voltaje. De otra forma, no se explica el ingreso permanente a las instalaciones y los robos masivos. Pero sin investigaciones policiales que determinen esta teoría, las autoridades están atadas de manos.

“Pese a ello nuestra casa sigue abierta para continuar con la formación de los nuevos médicos veterinarios, aunque la Escuela también ha sufrido una disminución en la población estudiantil de 700 alumnos apenas unos 300 continúan asistiendo a clases”, explicó la decana de Veterinaria.

Romero dijo que la paralización de las actividades afecta no solo a la institución, sino que trae graves consecuencias al desarrollo y a la producción agrícola y animal del país.

Ya nos resulta imposible seguir investigando y asesorando a los productores, instituciones y empresas. Sin electricidad es imposible sostener y ofrecer servicios, como los de Genética o Fisiología, análisis de plantas o mecánica de suelos. La unidad de asesoramiento en suelos, fertilidad y producción está en riesgo, por ejemplo.

Entre 40 % y 50 % se calcula el porcentaje de estudiantes que han abandonado las carreras que ofrece el Núcleo de Maracay de la UCV, toda vez que no cuentan ni con los espacios, equipos, laboratorios y seguridad necesaria para su formación. De 330 estudiantes que conformaban una cohorte, apenas 50 o 60 prosiguen sus estudios.

Invasiones y muertes

El buen control de la temperatura y de la humedad es indispensable para la conservación de 4 millones de especímenes de insectos del Museo del Instituto de Zoología Agrícola Francisco Fernández Yépez, (MIZA).

En 2002 fue visitado por la delincuencia y desde entonces se puso en riesgo el principal centro mundial para el estudio del escarabajo de hoja. Allí se guarda con celo la colección de artrópodos más importante de Venezuela y la tercera en América Latina y es depósito de los ejemplares colectados en diferentes ecosistemas naturales venezolanos, incluyendo aquellos en peligro de desaparecer o de particular importancia por sus efectos sobre los intereses del hombre.

Otras instalaciones como las estaciones experimentales también han sufrido los embates de la delincuencia. El director de Economía Agrícola, Fernando Marrero, explicó lo que ha significado para el Núcleo de Maracay de la UCV y particularmente para la Facultad de Agronomía, la invasión en 2006, de la Estación Experimental San Nicolás, en Boconoíto, en el estado Portuguesa.

En 2010, el Instituto Nacional de Tierras legalizó la invasión a esta estación experimental bajo la figura denominada “garantía de permanencia socialista agraria” y adjudicó 700 hectáreas a 51 invasores, lo que repercutió negativamente en la investigación agrícola y pecuaria. Y aunque en 2018, el Tribunal Supremo de Justicia dictaminó que los terrenos invadidos pertenecían a la UCV y debían ser devueltos, la sentencia no se ha ejecutado.

En el núcleo experimental de Cagua, municipio Sucre, los aspirantes a ingenieros, cursan un ciclo básico para las menciones de Civil, Eléctrica, Geodésica, Geofísica, Geológica, Hidrometeorológica, Mecánica, Metalúrgica, Minas, Petróleo y Química y además se imparte la carrera de Ingeniería de Procesos Industriales que solo se cursa en este núcleo. Los estudiantes y profesores cuentan con un aula virtual para interactuar dentro y fuera del núcleo.

Pero en el primer trimestre de 2019, el hampa incursionó dos veces y dejó al núcleo sin electricidad. Los más de 500 estudiantes acudieron igual a clases, mientras emprendieron una campaña para recaudar fondos que les permitiera reponer el servicio eléctrico.

El martes de Carnaval en la madrugada, los antisociales cargaron con equipos de computación e impresoras, televisores, entre otros, ubicados en la oficina de Control de Estudios, las oficinas de las Secretarías de Dirección y de la de Dirección General. Ya son siete los robos que se han perpetrado contra el núcleo en los dos últimos años.
En el Núcleo Maracay de la UCV, también la muerte ha dejado su estela.

El pasado 14 de junio, Andrés Manuel Herrera Belisario, de 45 años de edad, apareció muerto en una de las casillas de entrada de la Universidad. La víctima, junto a un menor de edad, que sobrevivió, habría sido “capturado” aparentemente robando en el Instituto de Botánica. Personas aún no identificadas, habrían amarrado a los dos sujetos y les habrían propinado una golpiza.

Marrero señaló que la comunidad universitaria en pleno rechaza y condena estos hechos, así como toda forma de violencia.

“Lamentamos que hayan ocurrido en predios del Instituto de Botánica de la Facultad de Agronomía. Hemos puesto la mejor disposición en cooperar con los organismos competentes para que se esclarezcan los hechos y se determinen responsables, mientras se ha solicitado a la Dirección de Seguridad mejorar los sistemas de vigilancia y acceso al Campus”.

Lea la primera parte de este seriado en: «Las fallas eléctricas le apagan la luz a la Universidad del Zulia (I)»


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