Este año, Ángela Delgado, de 57 años, dejó de tomar antirretrovirales durante seis meses continuos. Lleva 25 años con la enfermedad y estos dos últimos han causado estragos en su humanidad: tuvo neumonía y ahora le detectaron cirrosis hepática medicamentosa.

Caracas. La indiferencia gubernamental frente al virus VIH-Sida puso en riesgo la vida Ángela Delgado, de 57 años de edad: este año pasó seis meses continuos sin los antirretrovirales que debe tomar de por vida.

Lleva 25 años con la enfermedad. Sus tres hijos son sanos. La contagió su esposo, quien falleció por el virus en 1994.

A pesar del diagnóstico, de la discriminación y de todo el shock que significó tener un resultado positivo en las manos, Ángela decidió no ocultarse y sacar el pecho por su familia.

Se benefició del Programa Nacional contra el VIH-Sida, modelo para los países en desarrollo de todo el mundo, pues incluía además la distribución, sin costo alguno, de condones a quienes se dedican al trabajo sexual, las personas gais y transexuales.

Sus consultas las empezó y las continúa en el Hospital Clínico Universitario de Caracas. En Los Valles del Tuy, donde reside, no hay servicio de infectología.

Venir a Caracas a chequearse implicaba una proeza. Pero nunca como ahora. Como te digo, desde hace dos años todo es cuesta arriba. No hay medicinas, no hay agua en los hospitales, no hay reactivos para los exámenes de carga viral y ahora no hay comida ni transporte. Todos los días le rezo a Dios y me armo de valor para seguir. Esto es duro.

Más de 70.000 venezolanos con VIH necesitan con urgencia tratamientos antirretrovirales. Entre seis meses y un año pueden esperar las personas con el virus para acceder a estas medicinas, pues el sistema público sanitario actual presenta serias barreras para la cobertura del tratamiento.

Muchos de los afectados señalan que el desabastecimiento de antirretrovirales es de 100 %, cuando deben ser asequibles a todos sin discriminación, de acuerdo con el mandato constitucional del Tribunal Supremo de Justicia de fecha 15 de julio de 1999.

Desde que obtuvo su diagnóstico en 1995, Delgado asumió el reto de vivir con VIH-Sida.

Ha pasado por nueve tratamientos de antirretrovirales. «En 2017 la escasez se hizo más fuerte. No tener los antirretrovirales me puso muy indefensa, prácticamente estuve todo el año hospitalizada por un principio de gripe. Como no se conseguían los antibióticos, me dio neumonía. Fue una corredera para poder conseguir las medicinas.

Sin los antirretrovirales, que actúan como obstáculos para la mutación viral, un portador del VIH no puede vivir, es blanco fácil de infecciones y de las llamada enfermedades oportunistas, además su cuerpo envejece 10 años más rápido que el resto de las demás personas.

El dato

Jhonatan Rodríguez, presidente de la organización Stop-VIH, destacó que, según cifras oficiales, en Venezuela se reportan al menos 11.000 nuevas infecciones por VIH cada año, y cerca de 90 % ocurren por contacto sexual desprotegido.

Este año, para Ángela no ha mejorado la crisis. Le detectaron una cirrosis hepática medicamentosa. La dieron de alta a mediados de octubre, pero aún continua en tratamiento.

Me mandaron a hacer una tomografía con contraste. No tengo ese dinero, la doctora necesita ver cómo están los órganos a nivel del estómago. Ese examen estaba en 400.000 bolívares. Yo no puedo pagar eso.

Tampoco puede costear las pruebas de cargas virales que debe hacerse dos veces al año. Recientemente, consiguió que una fundación la ayudara a cancelar el estudio. Sin embargo, hace dos años que no se medía la carga viral. «Mi salud empeora cada día por la falta de antirretrovirales, por eso yo decidí hacer visible mi caso, así es que he conseguido ayuda, si no estoy visible fuera otra cosa.

Cuando estuvo en el hospital tuvo que comprar hasta los tubos para las muestras de sangre. Encima de tener la angustia por las medicinas también está esto otro, cuando uno se enferma con cualquier otro virus tiene que conseguir hasta las soluciones fisiológicas.

De Los Valles del Tuy sale a las 4:00 a. m. De otra forma no llega a las 7:00 a. m. al hospital. Me vengo con la arepa y la botellita de agua debajo del brazo, porque no puedo comer en la calle. Los costos son altísimos y lo que tengo es una pensión de 1800 bolívares soberanos y la prueba de carga viral cuesta 87.000 bolívares soberanos.

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Para la cirrosis ahora debe tomar unos fármacos de por vida, pero son muy costosos. “No son dos puyas mantenerse sano con esta enfermedad. En los hospitales solo hay para hacer heces y orina, el resto uno debe pagarlo en privados. ¿Cómo se hace uno un perfil 20? Al Gobierno no le interesa esta situación, por eso no me callo”.

A todo esto, Ángela suma la mala alimentación y el estrés por la situación país. “Solo quiero que todo mejore, que el país cambie y que podamos seguir viviendo”.

Hasta 2013, en el país moría una mujer cada 17 horas a causa de enfermedades por VIH. En la actualidad no hay registros oficiales. Pero lo que observan los defensores de los Derechos Humanos es que las cifras van en alza. La Red Venezolana de Gente Positiva (RVG+) y Acción Ciudadana Contra el Sida (Accsi), denunciaron a finales de 2017 que los decesos aumentaron 75 % desde 2011, debido a la falta de antirretrovirales.

El 1° de diciembre se conmemora el Día Internacional de Acción contra el Sida. Y el testimonio de Ángela es el primero de una serie pensada para visibilizar la lucha que libran para sobrevivir las personas seropositivas.


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