Henry Ramos Allup, Tomás Guanipa, Manuel Rosales y Juan Guaidó responden las preguntas sobre la tormenta que sacude a la coalición en este momento y la estrategia a seguir para enfrentar al régimen chavista. Este trabajo fue originalmente publicado en Runrunes.es —portal que sufrió un ataque informático— y hoy Crónica.Uno lo reproduce para sus lectores.

Caracas. Fue llegar a la cima y, acto seguido, comenzar a rodar en caída libre. Luego de su resonante triunfo electoral en las parlamentarias de 2015, el mayor éxito conquistado por la oposición venezolana en 20 años, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se ha hundido en una crisis profunda que incluso atenta contra su existencia.

Para entender el trance que atraviesa la alianza opositora, Runrunes le ha hecho las mismas cinco preguntas a los principales líderes del llamado G-4, conformado por Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular. De esta manera, se busca identificar las coincidencias y diferencias que mantendrían los dirigentes y portavoces de las organizaciones que han conducido a la MUD desde su formación.

Henry Ramos Allup

¿Cuál es el principal obstáculo que impide la unidad de la oposición en este momento?

—Varios obstáculos. En lo que se refiere a la MUD, el incumplimiento del compromiso que suscribimos todos el 19 de julio pasado que contemplaba la elección del candidato presidencial de la oposición por elecciones abiertas, directas y universales, así como también la no reelección presidencial y el gobierno de unidad.

La dificultad de varios meses ya para designar al secretario ejecutivo, con todas las complicaciones y obstáculos operativos que esa falta de designación trajo consigo. La falta de respuesta oportuna, cada vez que se produce un acontecimiento la respuesta de la MUD se produce 24 horas después y muchas veces incluso se produce la respuesta después de que el hecho perdió importancia. Y finalmente, la imposibilidad de que juntos cumpliéramos el programa de giras que yo vengo planteando desde hace meses para que todos los dirigentes del país vayamos a todos los municipios a reunirnos con los integrantes de la MUD y los elementos de la sociedad civil.

Una dirigencia no puede estar encapsulada en Caracas sin siquiera visitar las parroquias de la capital de la República. Esto nos mantenía a todos inmovilizados y seguir en este inmovilismo es la mayor contribución que podemos hacer para que la oposición se desintegre.

Esto hay que articularlo de alguna manera. Si todos hacemos esto, si nos desplazamos, si afrontamos la realidad que existe en cada estado, si vamos a ofrecer soluciones, vamos a mantener vivo el espíritu oposicionista, porque si no esto va a ir languideciendo poco a poco, y el Gobierno en medio de esta tragedia consolidándose sin que nosotros ofrezcamos una respuesta.

¿Cuál debería ser la estrategia de la oposición en este momento?

—No solamente mantenernos unidos en la retórica o en una mesa de reuniones, porque esa es una unidad que existe en una mesa y se acaba cuando se termina la reunión. Que todos actuemos con sinceridad y vayamos ante el país, no importa que lo hagamos ya por separado, pero que todos uniformemos el mensaje porque tenemos un mismo problema y una misma tragedia. ¿Qué respuesta le estamos dando a la cotidianidad de la gente? Seguir ensimismados o encerrados en tratar asuntos de carácter político cuando la cotidianidad de la gente y el interés de la gente va por otra parte, son los problemas de comida, inflación, desabastecimiento, servicios públicos, etc. Con eso tenemos que articular, no seguir pensando solamente en el tema electoral, en la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE). Es decir, otro tipo de respuesta que solo podemos dar cuando tengamos un mensaje uniforme y cuando vayamos al interior a transmitir eso porque tenemos un problema comunicacional terrible.

La MUD fue una alianza electoral, con fines electorales, y ahora debemos actuar como una alianza política en términos más amplios, cuyo fin es derrotar un régimen autocrático y consolidar las bases de la reconstrucción del país.

¿Da por cerrada la vía electoral y la negociación con el Gobierno o, pese a las condiciones adversas, podrían retomarse ambas rutas?

—Separar. Negociación con el Gobierno no hay ni puede haber en estas condiciones porque, entre otras cosas, el Gobierno no cumple. Para sentarse a negociar con el Gobierno para llevarnos otro fiasco, que lo que hace es desacreditarnos ante la opinión pública, esa vía no se puede explorar porque no hay garantías ni de diálogo ni de resultados.

La vía electoral no solamente no la podemos abandonar, ha sido una exigencia de nosotros mismos y de la comunidad internacional, tenemos que seguir luchando por condiciones electorales y cuando esas condiciones electorales se den, podemos participar. Ahora, también hay otro tema que es importante abordar: hay factores de la oposición que dicen que no se puede ir a elecciones hasta que no salgamos del Gobierno, pero no dicen cómo hay que salir del Gobierno.

Como no conocemos otra vía para salir del gobierno que no sea la constitucional —y la constitucional en este caso es electoral o es renuncia y si es renuncia también es electoral— pues estamos bregando por lograr mejores condiciones electorales aunque esté el Gobierno allí. ¿Qué vamos a esperar, que se caiga el Gobierno? ¿Que Maduro renuncie? ¿Va a renunciar? ¿Que Maduro se muera? ¿Ese hecho depende de nosotros? ¿Que haya un golpe de Estado que lo deponga para que se queden los militares allí? ¿Cuál es la solución que ofrecen los que dicen que hay que salir primero del Gobierno, pero no dicen cómo? Para salir del Gobierno tenemos que insistir en la única vía que conocemos que es la electoral y es la que precisamente te está negando el Gobierno.

¿Cree que es posible celebrar nuevas elecciones presidenciales este año?

—Sí es posible. Yo creo que si la crisis se sigue agravando, el Gobierno no tendrá otra que aceptar que se hagan unas elecciones que hasta ahora no se han hecho, porque el evento del 20 de mayo no se puede considerar como una elección ni está reconocido como tal en la comunidad internacional ni tampoco dentro del país.

¿Los partidos tienen que enfocarse en recuperar la MUD o deberían crear una plataforma distinta?

—No es cuestión de siglas, lo que hay que recuperar es el sentido unitario y que nos vean realmente unidos en la práctica independientemente del nombre. Las críticas a la MUD porque era solo una alianza de partidos que no comprendía la participación de otros sectores no partidistas, eran ciertas. La MUD es una alianza de partidos para las elecciones, se suponía que también para diseñar políticas que no tuvieran solo que ver con las elecciones, pero eso no ocurrió sino que se concentró en ser una alianza de carácter electoral.

Por eso se creó el Frente Amplio para que se incorporaran sectores empresariales, comunicacionales, iglesias, estudiantes, trabajadores e incluso chavismo disidente. Pero también la crítica que se ha hecho a la MUD ha derivado incluso hacia el Frente Amplio, porque en el Frente Amplio lamentablemente los sectores que se incorporaron no han participado y los pocos eventos que se hacen es porque los motorizan los propios partidos políticos.

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Tomás Guanipa

¿Cuál es el principal obstáculo que impide la unidad de la oposición en este momento?

—El principal obstáculo que debe sortear la Unidad es la dictadura de Nicolás Maduro. Y ese es el punto de partida para analizar no solo la situación de la oposición, sino el momento que vive el país. Los partidos hemos sufrido persecución, exilio y prisión, a lo cual se suma, por supuesto, la grave crisis económica y de hambre que aqueja a nuestras estructuras y es común a todo el país.

Pero aparte de ello, haciendo un ejercicio de realismo y de autocrítica, podemos referir algunas ideas que sirven de punto de partida para repensar la Unidad. Lo primero es partir de una autodefinición más amplia: la MUD fue una alianza electoral, con fines electorales, y ahora debemos actuar como una alianza política en términos más amplios, cuyo fin es derrotar un régimen autocrático y consolidar las bases de la reconstrucción del país.

Lo segundo es dotarnos de reglas jurídicas que aseguren el funcionamiento interno más diáfano. Lo tercero es crear mejores cauces de relación de la Unidad con el pueblo de Venezuela, aturdido por el hambre y la desesperanza que produce la incertidumbre. Y lo cuarto es establecer mejores conductos para vencer el monopolio comunicacional del régimen de Maduro y dar a conocer los alcances del trabajo unitario por el cambio.

En este sentido, estoy profundamente convencido de que si avanzamos en esta dirección vamos a lograr sobreponernos al segundo gran obstáculo que debe superar la Unidad, que es la falta de confianza entre los partidos que la conformamos, y seguirá imperando la convicción de que todos somos necesarios. Eso es lo que espera Venezuela y no la vamos a defraudar.

¿Cuál debería ser la estrategia de la oposición en este momento?

—La estrategia opositora debe ser una amalgama de mecanismos de lucha democrática, cada uno de los cuales posee su importancia específica. El primero es repotenciar y profundizar la unidad, no solo de los partidos sino de toda la sociedad venezolana. Por eso la importancia de promover simultáneamente más unidad de los partidos políticos entre sí, pero sobre todo más unidad de los factores de la sociedad civil en el Frente Amplio Venezuela Libre.

En segundo lugar debemos acompañar a quienes más sufren el drama humanitario y estar al lado del pueblo que padece día a día la crisis, de modo que puedan ejercer su derecho constitucional a la protesta. Se trata de reivindicar la protesta social y dotarla de contenido constitucional y político.

En tercer lugar, profundizar la presión internacional y hacer que no haya un rincón del planeta en el que no reine plena conciencia de la naturaleza dictatorial del régimen de Maduro y de la necesidad de celebrar elecciones libres en Venezuela este mismo año. En cuarto lugar, presentarle a Venezuela y al mundo que somos opción real de poder para reconstruir este país. Para ello debemos celebrar sin dilaciones un pacto político claro sobre las reglas para la transición democrática y los contenidos programáticos para transformar a Venezuela (programa mínimo de Gobierno) y sacarla de la crisis.

Y en quinto lugar, tenemos la tarea de preservar la auctoritas institucional de la Asamblea Nacional para que sea el foco de irradiación de legitimidad democrática sobre los demás poderes públicos cuando llegue el momento de la transición democrática. Nadie puede decir con certeza las fecha y hora en las que ocurrirá el quiebre del régimen de Maduro, pero tenemos la convicción de que ocurrirá. Y cuando eso ocurra estaremos preparados para llevar a Venezuela a la modernidad democrática, económica y social sin traumas innecesarios y con la mayor estabilidad y gobernabilidad posibles.

La MUD fue una alianza electoral, con fines electorales, y ahora debemos actuar como una alianza política en términos más amplios, cuyo fin es derrotar un régimen autocrático y consolidar las bases de la reconstrucción del país.

¿Da por cerrada la vía electoral y la negociación con el Gobierno o, pese a las condiciones adversas, podrían retomarse ambas rutas?

—Hemos dicho muchas veces que luchamos contra una dictadura que pretende secuestrar todos los derechos de los venezolanos, incluidos los derechos políticos y electorales. El régimen de Nicolás Maduro ha huido de las urnas porque teme al pueblo de Venezuela y huye de la negociación real, la que supone compromisos vinculantes, porque solo le interesa mantenerse en el poder.

Pasó de ser un autoritarismo competitivo a una dictadura ramplona con vocación totalitaria. Y aquí podemos poner dos ejemplos concretos: respecto de la vía electoral, esta fue cercenada de manera vil con la quiebra del sistema electoral a partir del 30 de julio de 2017, al darse los resultados de la fraudulenta Asamblea Constituyente y con los resultados hamponiles de las elecciones regionales de octubre de 2017; y respecto de la negociación, debemos referir con mucho orgullo lo ocurrido en República Dominicana, cuando intentamos construir una solución negociada a la crisis, pero ante la intransigencia de Maduro tuvimos que ser firmes y con Julio Borges a la cabeza nos negamos a firmar unos falsos acuerdos que solo hubiesen servido para someter al pueblo de Venezuela a más esclavitud.

La conciencia de todo lo anterior nos lleva a seguir teniendo claridad: nuestra meta es devolver la soberanía al pueblo de Venezuela en unas elecciones libres y si eso supone, en un cambio de circunstancias, deliberaciones con plenas garantías para proteger los derechos electorales de los venezolanos y con acompañamiento internacional calificado, estaríamos dispuestos a ello.

¿Cree que es posible celebrar nuevas elecciones presidenciales este año?

—Sí. El pueblo de Venezuela, articulado en el Frente Amplio y acompañado por los factores que hacemos vida en la Unidad, puede forjar unas elecciones libres en 2018 que permitan el inicio de un nuevo orden democrático y constitucional. Y esto lo digo con realismo, plenamente consciente de la dificultad del momento, pero teniendo en cuenta las fragilidades del régimen de Nicolás Maduro

Un régimen que arde por las luchas internas, por las ambiciones que generan la corrupción y las prebendas, que ha sumergido al país en la más terrible hiperinflación y que está aislado internacionalmente, no tiene ningún sustento de gobernabilidad y está destinado a resquebrajarse. Y si a esa precaria situación de Maduro le sumamos la resistencia y organización del pueblo de Venezuela que no deja de luchar para liberarse democráticamente, no tengo dudas de que este mismo año podríamos estar reivindicando la Constitución con unas elecciones libres que nos permitirían comenzar la reconstrucción del país.

¿Los partidos tienen que enfocarse en recuperar la MUD o deberían crear una plataforma distinta?

—Los partidos tenemos la responsabilidad histórica de asegurar más y mejor unidad para el pueblo de Venezuela, teniendo de referencia que, como diría Cecilio Acosta, es momento de “intereses restringentes” para agrandar las posibilidades de la lucha democrática. En Primero Justicia sabemos que no hay transición sin unidad, y por ello estamos trabajando sin descanso y con humildad para servir de elemento catalizador de la unidad.

Nos estamos ocupando diariamente, y en todos los niveles, de rehacer los términos de la unidad, las reglas de la unidad y los modos para imprimir una conducción política más eficaz a la unidad. Pero sobre todo, nos estamos esforzando por construir una vía muy ancha en la que el elemento dinamizador sea la confianza de todos los componentes políticos. Es muy pronto para decir si todo esto terminará en una unidad que seguirá teniendo como instrumento concreto a la MUD o si será alguno nuevo, pero no tengo dudas de que en poco tiempo tendremos una mejor unidad y será para el provecho de Venezuela.

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Manuel Rosales

¿Cuál es el principal obstáculo que impide la unidad de la oposición en este momento?

—Vivimos una era de incertidumbre que nos plantea más preguntas que respuestas. Espero que la oposición retome el camino de la confianza y la fuerza. No podremos sobrevivir como alternativa sin unidad. Sin estrategia clara, sin confianza. En oportunidades hemos sucumbido al personalismo y la desconfianza, lo que se ha traducido en un obstáculo. El presidente Lincoln dijo: “Una casa dividida contra sí misma no se puede mantener en pie”. Es hora de tomar decisiones muy importantes. Nos unimos en busca de la razón y la victoria o nos separamos por conjeturas personales y el no hacer nada. Confío que elegiremos la opción correcta.

¿Cuál debería ser la estrategia de la oposición en este momento?

—Para los demócratas, el centro de su lucha, el sujeto del cambio político es el pueblo, y las elecciones libres, como la única alternativa que existe para que ese pueblo exprese sus decisiones. Esta inédita crisis política, económica y social que padece Venezuela no hará más que agravarse si el ejercicio de inteligencia, dirección serena y el patriotismo del liderazgo no detiene la destrucción de nuestra sociedad. Llegó el momento de decidir si estamos dispuestos a asumir los retos del doloroso presente o seguir viviendo en el pasado.

En oportunidades hemos sucumbido al personalismo y la desconfianza, lo que se ha traducido en un obstáculo.

¿Da por cerrada la vía electoral y la negociación con el Gobierno o, pese a las condiciones adversas, podrían retomarse ambas rutas?

—El dolor ha sido muy extenso. Nos hemos caído y levantado muchas veces en estos 20 años de fallido y trágico experimento de socialismo del siglo XXI. Muchas cartas hemos ensayado para recuperar el equilibrio democrático. Mucho se ha hecho, lo bueno y lógico, incluso lo radical, lo indebido y lo torpe, pero el régimen ha resistido con un ventajismo nunca visto, tejido con los hilos del poder.

Los dirigentes, los partidos políticos, tenemos que sumar valor y sobre todo coraje para afrontar estos tiempos difíciles llenos de contradicciones, incluso de señalamientos entre los nuestros. Es la hora de la alta política, nacida de los aciertos y errores, lejos de los fanatismos, los encuentros de sordos y mudos, movidos muchas veces por la ambición personal y el poder.

¿Cree que es posible celebrar nuevas elecciones presidenciales este año?

—Es urgente un cambio político profundo, que haga posible una convivencia solidaria. Salir de esta encrucijada, sin violencia, sin matarnos, guiados por la Constitución. Siempre ha sido nuestra bandera, caminar por la senda democrática, electoral y cívica. Esto no significa pasividad, ni sumisión. Significa firmeza en los principios de los derechos ciudadanos.

Como dirigente de profundos principios democráticos, considero el voto como instrumento constitucional para expresar la soberanía popular, así como la salida a la grave crisis que vive Venezuela, pero dentro de un proceso electoral libre, con reglas claras, donde participen todos los venezolanos. Después de las elecciones del 20 de mayo, el gobierno pretende decir que ganó, cuando realmente está entrampado en el marasmo que torpemente ha edificado. La oposición tampoco ganó, mientras nuestro país se cae a pedazos.

¿Los partidos tienen que enfocarse en recuperar la MUD o deberían crear una plataforma distinta?

—El país tiene que ser salvado. Nos necesita a todos los opositores unidos. Repetir el gesto de nacer como sociedad, intentar de nuevo sus caminos. Necesitamos a los que buscan soluciones en cada esquina. A los venezolanos de bien. Las turbulencias planteadas a partir de la salida de AD de la MUD, con quien compartimos muchas de sus argumentaciones, nos deben conducir a una reingeniería. A rectificaciones personales y partidistas. Lo cierto es que no podemos hablar de sueños muertos, cuando tenemos por delante un compromiso con Venezuela. La MUD nació como una plataforma electoral que cumplió una extraordinaria actividad. Es tiempo de revisión y rectificación.

Juan Guaidó

 

¿Cuál es el principal obstáculo que impide la unidad de la oposición en este momento?

—El principal obstáculo de la Unidad es articular las diferentes visiones. Visiones que dicen que se cerró totalmente la vía electoral o que hay posibilidades de abrirla logrando condiciones. Creo que es importante en este momento la coalición para poder enfrentar la situación. La persecución política ha dificultado las reuniones, también la cárcel de muchos de nuestros dirigentes, como Leopoldo López. El régimen ha jugado con la persecución, la cárcel y el exilio para tratar de desmembrar a la oposición política, cosa que complica el día a día.

¿Cuál debería ser la estrategia de la oposición en este momento?

—La estrategia debe enfocarse en estos elementos importantes: reestructurar la mayoría que se expresó en votos en 2015 y que fue movilizada en 2017, para de esa manera rescatar la confianza de la gente y poner toda la presión que queremos ejercer. Todas esas reivindicaciones sociales que están allí latentes, que se manifiestan todos los días por luz, agua, transporte público, salarios, medicinas, porque hoy en día la vida del venezolano es un calvario, poder articular toda esa expresión de descontento para transformarla en conquistas y logros. Luego, generar un acuerdo importante de gobernabilidad de cara a una transición, y tener una interlocución válida con el mundo democrático que está muy pendiente de la situación venezolana para empujar hacia una transición.

El régimen ha jugado con la persecución, la cárcel y el exilio para tratar de desmembrar a la oposición política, cosa que complica el día a día.

¿Da por cerrada la vía electoral y la negociación con el Gobierno o, pese a las condiciones adversas, podrían retomarse ambas rutas?

—Hoy está cerrada la vía electoral tal y como la conocemos, con un CNE secuestrado y sin condiciones. El régimen no está dispuesto a arriesgar nada en absoluto en un desafío electoral y ha utilizado la negociación para ganar tiempo y no para resolver los problemas de los venezolanos o buscar soluciones al conflicto. Pero esos siempre son mecanismos que debemos conquistar y exigir. Sin presión, sin coalición, sin una conducción clara, eso sería absurdo y darle tiempo al régimen.

El esfuerzo debe orientarse a construir las condiciones porque están dadas las variables: un régimen señalado internacionalmente por violaciones a Derechos Humanos y corrupción, se quedaron sin dinero porque se lo robaron, la mayoría del pueblo venezolano quiere cambio, y han producido el éxodo masivo más grande en la historia de este hemisferio. Debemos unirnos la mayoría articulada y movilizada para las exigencias claras y no hay que descartar ningún mecanismo, pero debemos entender su función y uso en cada momento histórico del país. Como hicimos el 20 de mayo, no prestarnos para una farsa sino realmente reunir las condiciones.

¿Cree que es posible celebrar nuevas elecciones presidenciales este año?

—Creo que es posible una salida al conflicto este año, de nuevo, si se reúnen las condiciones. Una elección presidencial sería una salida al conflicto con las condiciones válidas, un nuevo CNE, sin presos políticos, con todos los líderes nacionales habilitados. Siempre es una salida al conflicto una elección real, hoy no hay condiciones para eso y por ello no participamos el 20 de mayo. Son seis meses (de anticipación) lo que se exige para (convocar) una elección, estamos en el tiempo límite para que sea convocada. Que sea convocada una elección es el reconocimiento o de que Maduro hizo fraude o de la invalidez de esa elección (del 20 de mayo), así que sería también producto de una presión muy grande poder lograr cualquier tipo de salida o transición pacífica de ese estilo.

¿Los partidos tienen que enfocarse en recuperar la MUD o deberían crear una plataforma distinta?

—Los partidos políticos debemos sin duda unirnos. Si, por decirlo de alguna manera, la marca es MUD o no, es otro elemento. De hecho, hay un esfuerzo como el Frente Amplio para aliarnos más allá de los partidos. Es fundamental la conducción, no solamente para convocar acciones políticas, protestas por las reivindicaciones sociales, sino para la interlocución ante los distintos sectores que tienen mucho que decir con respecto a la salida a la crisis venezolana. Además de rescatar la confianza y articular la protesta social, los partidos políticos deben hacer su mayor esfuerzo conscientes de que si hay un elemento clave en todos los procesos de transición en el mundo es la unidad de los factores que adversan al régimen.

*Crónica.Uno reprodujo esta nota porque el portal Runrunes.es sufrió un ataque informático. #InformarNoEsDelito



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