Cada miércoles, durante dos horas, un grupo de voluntarios del Hogar San Luis, visita el departamento de Infectología para ayudarlos en las necesidades de los niños con VIH. Entregan leche, pañales y ayudan a realizar algunos exámenes que no los hacen en el hospital y sus padres no pueden costear.

Caracas. Una mujer de 27 años de edad estaba sentada en una cama de la sala de Infectología del hospital J.M. de Los Ríos. Entre sus brazos tenía una bebé de un año de edad, portadora del VIH-Sida.

La niña, con un cuadro de desnutrición y con una alerta de tuberculosis, acababa de pasar por el puesto de enfermeras donde le hacían punciones en sus brazos.

La mujer, madre de otros tres niños, contó que a veces no consigue la leche, una fórmula especial para alimentar a su bebé, intolerante a la lactosa.

Ella, que también tiene el virus en su sangre, no puede amamantarla y, por eso, el grado de desnutrición de la pequeña.

La mujer se mostró triste, porque este fin de semana falleció una adolescente de 14 años con la que compartía habitación. “Era muy buena, su mamá me dejó unos pañales. Eso fue muy lamentable, se desmejoró mucho”, contó.

Este no es el único caso. Las historias clínicas de bebés con esta patología de base son muchas. Son infantes de madres también positivas, la mayoría de ellas jóvenes menores de los 30 años. Un drama de doble carga.

De hecho, al frente de su habitación estaba un pequeño, de ocho meses de nacido, conectado a una máscara de nebulización, con desnutrición severa, sobreviviente de un cuadro de meningitis y necesitando con urgencia una tomografía.

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La madre se enteró hace poco de que es portadora. Su pareja, el padre de sus otros hijos, murió hace cinco meses como consecuencia del VIH. Ahora, está anclada a una cama del hospital con su niño esperando igual las manos de la gente buena.

Voluntarios de corazón

Pero como quien dice, nunca falta Dios. A estas mujeres y a sus niños las cuidan unos “ángeles protectores”: El voluntariado de la casa Hogar San Luis.

Esta casa, fundada hace 10 años por el padre José Luis Lofrano, nació con la idea trabajar con personas VIH-Positivo, brindar asistencia y apoyo incondicional. Con la ayuda de amigos y colaboradores fueron recaudando recursos y ampliando la atención con programas de prevención y con eventos para los pequeños y sus familias.

Claudia Pi, integrante de la junta directiva, explicó que la misión era y continúa siendo la prevención, basada en la educación, de la transmisión del virus.

Por eso, a partir de 2004 se consolidad la idea de conformar una fundación, y así poder dar atención a los niños que estaban llegando del interior del país.

La fundación tiene presencia en dos hospitales, en el Clínico Universitario de Caracas y en el J.M. de Los Ríos, a donde los voluntarios acuden martes y miércoles.

Llevan donativos, hablan con los representantes, les llenan una ficha-historial para conocer sus casos (cuando se trata de un paciente nuevo), tramitan exámenes, medicinas y traslados.

A Nena Sucre, a Piluca de Aranbugu y a Latife Aure, les tocó este miércoles visitar la sala de hospitalización de Infectología del J.M. de Los Ríos. Allí se encontraban con tres bolsas con leche y pañales.

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No hicieron bulla, más bien fueron recibidas con los brazos abiertos, hablaron con las enfermeras y doctores, revisaron el estatus de sus casos y se llevaron otras necesidades.

Ellas conforman el eje central de la organización, pues su dedicación es el sostén del proyecto, al punto de que entre los dos centros hospitalarios suman 500 niños con VIH.

Claudia Pi contó que muy cerca del J.M. tienen un albergue, donde funciona la parte administrativa y, además, tienen habitaciones temporales para los niños y sus familiares que vienen del interior del país.

Y no solo es la asistencia para casos médicos. Hogar San Luis planifica eventos recreativos. El más reciente fue el regreso a clases y el próximo en agenda el Día de Reyes.

Hacen conciertos; exposiciones; cenas benéficas; dictan talleres de prevención en los colegios, actividad que comenzaron en 2009; ofrecen planes vacacionales y de autoestima.

A una de las madres este miércoles le llenaron la planilla, le entregaron pañales y una fórmula especial, y la anotaron en la lista, como “pendiente”, para incluirla en los bautizos colectivos realizados por el padre Lofrano.

Esa propuesta le iluminó la cara, en ese momento pudo sonreír y superar por unos segundos su historia médica que, seguramente, durante este año no ha podido asimilar. Tan es así que ni siquiera se ha tomado los antirretrovirales.

“Si te cuidas, puedes hacer lo mismo por tu bebé”, le recomendó Nena Sucre, cuando se despedía en la puerta de la habitación.

De inmediato, estas tres voluntarias se fueron al espacio otra madre, esta vez una de 18 años, quien les contaba con detenimiento los problemas que tiene con su bebé. También quedó feliz, dentro de lo que cabe, con la donación recibida este miércoles.

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Foto Archivo Crónica.Uno


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