Promediar notas es parte de las normas de evaluación del bachillerato cuando no hay profesores que dicten todas las materias.

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Caracas. Con 18 años de servicio como docente Rosa Restrepo conoce sus opciones en el aula: las normas de evaluación en educación impiden la repitencia a costo de lo que sea. Si la alumna está embarazada se le exonera el lapso que no cursó y pasa de grado porque es su derecho tener permiso pre y postnatal. Si el alumno falta a clase y no presenta evaluaciones, en julio tiene la oportunidad de presentar una prueba única de la materia. Si el profesor no se encuentra y la materia queda baldía se exonera la asignatura, pero su boleta tiene una calificación que promedia las notas que obtuvo en otras materias. La prosecución está garantizada, la calidad no.

Restrepo desde su salón en Petare para dictar Ciencias de La Tierra le dice a sus escasos 7 alumnos que entraron a clase esa mañana,  de los 25 inscritos, que estudien, se cuiden de embarazos si tienen novias o novios y prefiere no pelearle a los rebeldes. “Las normas para evaluar ya están dictadas, solo queda formar a quienes se mantienen en el aula”, precisa.

El Programa Igualdad de Oportunidades se dedica desde el año 2000 a nivelar a jóvenes que no fueron asignados a ninguna universidad por bajo rendimiento para que accedan a cupos en la Universidad Simón Bolívar.  El año pasado encuestaron a 1.187 alumnos de cuarto año de 150 colegios públicos o subsidiados de Guarenas, Guatire, Altos Mirandinos, Barlovento, estado Vargas y Distrito Capital. El hallazgo es que en 90% de los casos los jóvenes no tuvieron profesor para Matemática, Física, Química, Biología, Inglés o Castellano. La boleta no dice la palabra “exonerado”, sino una nota cualquiera promediada con las otras asignaturas que sí logró cursar.

“Esta es un población donde los temas de trigonometría y geometría prácticamente no lo ven en sus escuelas. Tienen un vocabulario escaso, poca motivación para la lectura, problemas de escritura con errores ortográficos y sin poder analizar un párrafo. Cuando a mí un estudiante se me sienta y me dice que no vio Matemática, Física y Química yo le digo que le estafaron porque le vendieron un futuro que no va a tener. Le exoneraron la vida”, denuncia Evelyn Abdala, coordinadora el Programa PIO.

El  Programa Samuel Robinson de la Universidad Central de Venezuela también entran los jóvenes que no fueron admitidos en ninguna universidad para nivelar las carencias que dejó el bachillerato, pero año tras año son pocos los que pasan las evaluaciones de este curso intensivo como última opción.

El programa, que empezó en 1997, admitió en su primera cohorte a 92 alumnos y 82 lograron (89%) ingresar a la universidad porque pasaron todos las evaluaciones que se les hizo, previo proceso de formación.

En 2014 hubo más admitidos. Las aulas provisionales se llenaron de 270 alumnos, pero solo 47 (17%)  aprobaron el curso de nivelación. La premisa no es colocar filtros, pero el bajo rendimiento dificulta la inclusión.

Mery González, coordinadora del Programa Samuel Robinson de la UCV, explica que el proyecto universitario dicta clases de lectura y escritura, matemática, decisión vocacional, cultura universitaria, pensamiento estratégico en su primera fase. “Atacamos los posibles elementos que pueden estar jugando en la prosecución de un estudiante que pueden influir en el éxito de ese estudiante para minimizar deficiencias del bachillerato”, explica.

Este año en la primera fase de 117 estudiantes, 64 aprobaron los siete módulos dictados. Mientras que 35 de ellos aplazó uno y 18 hasta dos: 43 de ellos no aprobaron Pensamiento Estratégico, 24 no rindieron en Matemática, ocho aplazaron Abordaje de los Social y uno Gestión de la Información.

El informe asegura que se necesita más de 8 semanas para superar las deficiencias del bachillerato.

“Este año hemos tenido que trabajar más Matemática, Lectura y Escritura. La queja de los profesores es generalizada en todas las áreas. El problema de desmotivación es tremendo y se ha acentuado. Nosotros nunca habíamos tenido un grupo de este tipo procedente de los estratos más bajos de las zonas de la región capital y este año están desanimados. Sienten que no hacen nada. Que aquí no sirve la meritocracia ni los estudios”, reflexiona González.



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