Más de 150 niños de Carapita cuentan con un plato de comida diario

un plato de comida

No se trata solo de dar de comer. La obra social incluye un seguimiento nutricional a los pequeños que almuerzan en el centro La Consolata. Desde hace aproximadamente cinco años, líderes locales, con el apoyo de una red de voluntarios y donantes, hacen posible la iniciativa del comedor, las clases de refuerzo escolar, de percusión, de teatro y hasta paseos al cine y parques de la ciudad.

Caracas. Aproximadamente 150 niños y jóvenes, así como algunas madres lactantes y personas de la tercera edad de Carapita, reciben, de lunes a viernes, un plato de comida balanceada que les permite afrontar de una mejor manera la falta de alimentos que se vive en sus hogares.

“Atendemos entre 150 y 160 niños, pero a veces hemos atendido hasta 200 personas; todo el que llega come”, afirma Amelia Medida, representante de la Confraternidad Carcelaria de Venezuela.

No es fácil recoger el testimonio de Amelia porque, junto con su equipo, está de allá para acá en pleno apogeo.

La obra se lleva a cabo gracias al trabajo en red entre La Confraternidad, la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y la parroquia eclesiástica San Joaquín y Santa Ana. Pero a estas tres instituciones se suman otras organizaciones que, a través de donaciones, recursos económicos y talento humano, hacen posible el trabajo comunitario.

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Además de los niños, algunas madres lactantes y adultos mayores reciben almuerzo en el comedor. Foto: Tairy Gamboa

Más que un plato de comida

Además del comedor, en el centro La Consolata —sector El Manguito de Carapita— se sigue trabajando aun durante el periodo de vacaciones escolares.

Actualmente se dictan clases de tambor a un grupo jóvenes, pero durante el año los facilitadores dan clases de refuerzo escolar de diferentes disciplinas artísticas; llevan a los niños y jóvenes a parques naturales y hay quienes gracias a este proyecto han conocido una sala de cine.

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La iniciativa del comedor no se queda solo en dar el plato de comida, que ya es bastante en un contexto de hambre como el que atraviesa Venezuela: 6,8 millones de venezolanos están subalimentados, según informe de la FAO publicado en julio de este año.

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Foto: Tairy Gamboa

Quienes lideran esta obra, orientados por especialistas, llevan adelante un proceso de control nutricional que permite brindar suplementos vitamínicos a los pequeños que así lo requieran. Los beneficiados, con su plato, su vaso y su cucharilla en mano hacen la cola en las escaleras, pasa por control de asistencia y luego toman un puesto en una de las mesas dispuestas para el almuerzo.

Kit de aseo personal

Transcurría la mañana de este martes, 27 de agosto, y el centro La Consolata acogía aproximadamente a 90 personas a quienes se les hacía entrega de un kit de aseo personal.

El trabajo era organizado. Cada quien esperaba su turno sentado en una silla. Eran llamados por nombre y apellido. Con anterioridad, los organizadores hicieron un censo, visitaron hogares y escogieron a las familias más necesitadas de los distintos sectores de la comunidad.

Cada kit estaba conformado por jabones de baño, champú, jabón en polvo, cepillos dentales, crema dental, toallas sanitarias, papel higiénico, cloro, dos tobos para almacenar el agua, entre otras cosas.

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Más de 90 familias de la comunidad recibieron productos de aseo personal. Foto: Tairy Gamboa

Antes de recibir los productos, se llevó a cabo un conversatorio en el que se abordaron temas como: la importancia del aseo personal, del lavado de las manos antes y después de cada comida, la necesidad de hervir el agua que se va a beber y cómo almacenar mejor el líquido.

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En un conversatorio previo a la entrega del kit los vecinos hablaron de la importancia del aseo. Foto: Tairy Gamboa

Durante la entrega de los kit, los organizadores insistieron en la necesidad de que tales productos beneficien a los miembros de las familias favorecidas y no que terminen en la economía informal.

“Ojalá que ese poquito de productos y ese poquito de información que les estamos dando llegue hasta nuestros hijos, en la casa, para que sean ellos mejores cada día, y para que puedan convertirse en multiplicadores de estas iniciativas”, dijo Amelia dirigiéndose a los presentes, en su mayoría mujeres.

Foto: Tairy Gamboa

Voces agradecidas

Beatriz Mayz, representante de tres niñas que asisten a La Consolata, asegura que la obra es muy buena, tanto así que muchas personas de otros sectores quieren inscribir a sus hijos para que formen parte de este proyecto.

Debemos seguir con ellos, apoyando, porque hay familias, hay niños en situaciones muy difíciles que aquí han conocido otra realidad. Siempre hay gente que, aunque esté necesitada, pone la piedra, no valora, pero la gran mayoría está agradecida porque los niños tienen ahora otra visión de las cosas gracias a lo que van aprendiendo acá, comenta Mayz.

Mayz, representante de tres niñas que asisten a La Consolata, está agradecida y dispuesta a colaborar. Foto: Tairy Gamboa

Para María Rojas, cuyos hijos también están inscritos en La Consolata, esta obra ayuda a las familias más necesitadas del sector. “Soy camarera en un hospital y el sueldo no me alcanza para nada, por eso estoy muy agradecida y creo que lo que debemos hacer es colaborar con ellos en el trabajo que realizan”.

Julianny Sequera es una de las madres lactantes beneficiada con la donación de los productos de aseo y con el comedor. Para ella, tanto los productos como las charlas son de gran ayuda porque permiten cubrir una necesidad y adquirir un conocimiento.

Es muy triste decirlo, son muchas las personas de la comunidad que necesitan este tipo de ayuda, pero también es muy triste ver que hay muchas personas que necesitan pero que pueden llegar a vender lo que están recibiendo. La idea es hacerles un llamado para que piensen en sus hijos, porque esto es para beneficiarlos principalmente a ellos, afirmó Sequera.

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Muchos de los niños que asisten al comedor también participan en los talleres que se dictan en La Consolata. Foto: Tairy Gamboa

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El proyecto se mudará pronto del centro La Consolata. Amelia explicó que, gracias a Dios, han podido adquirir una casa más grande en la comunidad en la que podrán ampliar la obra social que brindan en el barrio desde hace años.

Yo colaboro acá sin cobrar nada, solo por ayudar a la profesora Amelia. Lo hago desde que empezaron con este trabajo. En estos días estábamos pintando la casa para donde nos vamos a mudar, contó un joven de 13 años que forma parte del equipo de vecinos que echa para adelante este proyecto en la cima de Carapita.

Habitantes de la comunidad se han sumado como colaboradores de la obra social que se realiza en el barrio desde hace cinco años. Foto: Tairy Gamboa

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