27 personas murieron por cruzar a Colombia en la búsqueda de tratamiento y medicamentos, de acuerdo con los registros de la ONG Comunidad de Naciones.

Ureña. Por el cierre de la frontera, Elvira Cubides perdió a su hijo Danny, de 33 años. Murió en la mitad del puente internacional que une a Cúcuta con Ureña cuando regresaba de dializarse del vecino país. “Aquí no hay respeto por nadie”, asevera esta madre, quien tuvo que gestionar el tratamiento en otro lado por la crisis de salud en Venezuela.

Danny es uno de los 27 muertos que ha habido por la restricción del paso a Colombia que impuso el Gobierno el 19 de agosto de 2015, de acuerdo con los registros de la Organización No Gubernamental (ONG) Comunidad de Naciones. Estas personas fallecieron buscando tratamientos y medicamentos.

El desabastecimiento de medicinas en el país —que las droguerías estiman en 80 %— llevó a muchos colombianos residentes en las zonas fronterizas a ir a Cúcuta para auxiliarse. Pero con el bloqueo, las limitaciones fueron mayores.

A semanas del cierre, el Gobierno dio permisos por 24 horas para citas médicas, operaciones  y tratamientos oncológicos, de insuficiencia renal y VIH. Sin embargo, para acudir a esos procedimientos las personas —muchas veces fatigadas— tenían que aguardar horas en los puentes de San Antonio y Ureña hasta que los oficiales permitieran el cruce.

Danny, que estaba debilitado por la diálisis, tuvo que estar un largo rato en la cola para llegar a Ureña y en la mitad del puente se descompensó, allí lo encontró su madre, que por causalidad iba a Cúcuta por medicamentos. Elvira cuenta que “lo vi cuando cayó”. Luego buscó asistencia en un centro de salud, pero ya había fallecido. “Si yo no hubiese estado, los efectivos no hacen nada. Mi hijo luchaba por su vida y con ese cierre sufrió”.

Danny estuvo 14 años dializándose
Danny estuvo 14 años dializándose

Esta madre estuvo 14 años acompañando a su hijo en el tratamiento de la insuficiencia renal. Danny se dializaba desde los 19 años. El procedimiento lo hizo por un tiempo en San Cristóbal, porque en Ureña había restricciones. Pero la clínica a la cual asistía en la capital del estado Táchira no tuvo más insumos, de modo que optó por Colombia.

“Mi hijo era buen trabajador, buen amigo. En la alcaldía, donde laboraba, lo querían”, relata mientras vuelve a mirar los informes médicos que señalan que Danny falleció por una aneurisma: “Los pacientes que se dializan pasan el día fatigados y eso les afecta. Están horas bajo el sol y cualquier cosa puede pasar. Tenía que hacer un gran esfuerzo. Él luchaba y le pedía mucho al Santo Cristo de La Grita”.

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Entre las idas y venidas de Cúcuta, el joven tuvo que soportar los maltratos de los militares. “Lo acusaban hasta de paraco”, relata. Elvira recuerda que el 19 de agosto de 2015 —cuando el Gobierno ordenó el cierre— Danny durmió en las oficinas de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia (DIAN) “hasta que amaneció y pasó”.

En la casa hay una gran foto de Danny con su camiseta del Barcelona, equipo de fútbol al que era aficionado. Y con lagrimas en los ojos, la madre dice que todavía va al psiquiatra porque no logra superar la muerte. “Lo que se hace en este país es una burla para los enfermos”.

Elvira Cubides, madre de Danny, dice que "lo que se hace en este país es una burla para los enfermos”.
Elvira Cubides, madre de Danny, dice que “lo que se hace en este país es una burla para los enfermos”.

Más casos

El sufrimiento de Elvira también lo tienen otras familias en los municipios fronterizos del Táchira.

Jacinto Jaimes, asesor jurídico de la ONG Comunidad de Naciones, afirma que las personas que tienen tratamientos en San Antonio y Ureña han padecido un viacrusis durante este último año. La organización, que se encarga de dar auxilio a las personas con padecimientos en las zonas fronterizas, contabiliza 27 muertes en un año.

Uno de los casos es el de un pequeño que tenía leucemia y falleció por no recibir atención, relata Jaimes.

“El niño tuvo una recaída a la 1 de la madrugada que no se la pudieron controlar y a esa hora los efectivos no permitieron el paso. La familia lo llevó a un CDI y a las 6 de la mañana, cuando los dejaron pasar y llegaron a Cúcuta, el niño murió”, cuenta.

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Desesperada por conseguir una medicina que no había en Ureña, una señora cruzó el río y la corriente se la llevó, relata el asesor de la ONG, quien añade que son muchos casos a los cuales, además, la Defensoría del Pueblo no les da respuesta.

“La falta de insumos y las maquinas dañadas en los centros de salud en el Táchira han obligado a las familias a buscar protección en Colombia. Esto ha sido un desgate a la salud y el bolsillo”, sentencia.

El martirio

Frente al sacrificio que implica pasar a Cúcuta, varios colombianos que residen en la zona fronteriza se están dializando en sus casas, pero tienen que afrontar un gasto por los materiales y superar obstáculos para recibirlos.

Diego González se dializa seis horas diarias desde hace seis meses. Empezó el tratamiento en San Cristóbal después, ante la falta de materiales, se fue a Colombia. No obstante, debido al agotamiento que implicaba el traslado diario ahora hace el procedimiento desde su casa.

Los equipos se los dieron en Cúcuta por tener nacionalidad colombiana, lo que también le permite gestionar los medicamentos, que cancela con la ayuda de sus hijos. Pero cuando los insumos los envían, Diego debe sortear barreras: “Las medicinas llegan al aeropuerto y ahí hay que luchar con las autoridades para que me los entreguen”.

Diego González se dializa en su casa con insumos que le dan en Colombia
Diego González se dializa en su casa con insumos que le dan en Colombia

Para Diego, estar seis horas dializándose le angustia. “A mi Dios le pido cada vez que me siento mal de estar en estar en máquina”, dice mientras se seca las lágrimas. Además de la insuficiencia renal, tiene diabetes y cataratas, que pronto se operará en el vecino país.

La dieta que requiere para controlar la diabetes no la cumple a causa de la escasez de comida. “Me alimento con lo que se consigue”, agrega.

Diego González: "A mi Dios le pido cada vez que me siento mal de estar en estar en máquina"
Diego González: “A mi Dios le pido cada vez que me siento mal de estar en estar en máquina”

Una situación similar enfrenta Ciro Carreño, que padece insuficiencia renal y diabetes.

Ciro también se trata en su residencia. Se dializa cada 4 horas con un equipo que le entregaron en Colombia. Los medicamentos, al igual que Diego, se los envían y para cubrir parte de los gastos su hija le colabora.

Los equipos que usa Ciro para dializarse se los dieron en Cúcuta
Los equipos que usa Ciro para dializarse se los dieron en Cúcuta

Para regular la diabetes admite que tiene que alimentarse mejor: “Pero uno come lo que encuentra. La carne y la fruta de vez en cuando”.

Mientras se dializa, Ciro, quien era fotógrafo, dice: “Permanentemente le pido a mi Dios que me dé fortaleza. No creo en curas ni pastores. Cuando me siendo mal le pido a Dios que me ilumine”.

Ciro Carreño: "Permanentemente le pido a mi Dios que me dé fortaleza"

Las ayudas

“Trabajamos con las uñas”, señala Raúl Sierra, miembro de la ONG Comunidad de Naciones, la organización que colabora con los pacientes que van a Colombia, y que entre sus labores está prestar sillas de ruedas para que la gente se movilice de un punto a otro, y distribuir medicamentos que les donan.

Raúl Sierra de la ONG "Comunidad de Naciones" de San Antonio del Táchira cuenta que trabajan con las uñas
Raúl Sierra de la ONG “Comunidad de Naciones” de San Antonio del Táchira cuenta que trabajan con las uñas

La organización dispone de apenas cinco sillas de ruedas para trasladar a los pacientes que se tratan en Colombia: “Nosotros vamos hasta La Parada a llevar y recoger personas que vienen de tratamientos como VIH y diálisis. Se da esa ayuda, porque muchos luego de sus tratamientos llegan fatigados y hay que colaborarles”.

La ONG ayuda a los pacientes a pasar el puente en sillas de rueda porque llegan fatigados de los tratamientos
La ONG ayuda a los pacientes a pasar el puente en sillas de ruedas porque llegan fatigados de los tratamientos
Por la escasez, la ONG recibe ayudas de personas que les donan medicinas.
Por la escasez, la ONG recibe ayudas de personas que les donan medicinas.

Raúl tiene una fábrica de jeans en Ureña que está cerrada por falta de insumos y mano de obra calificada, lo que se repite en numerosas industrias del sector. Pero desde hace meses decidió trabajar con la ONG, porque “tenemos que ayudarnos”.

Él junto con sus hijos y otros miembros de lo organización, todos los días van y vienen por los puentes que conectan con Colombia.

Fotos: Miguel González



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