Aura Díaz valientemente se descubrió el seno derecho para mostrar las lesiones que le están dejando varios tumores malignos. Está “de pie” gracias a las dosis de morfina que sus hijos logran comprar. Pero los dolores no le dan respiro.

Desde hace más de dos meses, todos los fines de semana la ingresan en el Luis Razetti y los lunes la mandan a su casa. Ya el seno le está drenando sangre. Sus hijos casi que venden el alma para conseguir las quimioterapias.

Caracas. Nueve semanas lleva Aura Díaz esperando para entrar a quirófano. Entre tanto, varios tumores en su seno y axila derecha hacen estragos en su humanidad.

El dolor la está matando. Ya mi mamá está sangrando, lo de ella es muy delicado. Nos duele verla sufrir tanto”, dijo Máximo Yánez.

El pasado 13 de julio, en medio de una protesta de trabajadores de salud del hospital Luis Razetti, Aura se descubrió el seno y mostró las severas lesiones que el tumor maligno le causa.

En su voz había fuerza. “Estoy sufriendo, por eso no me da pena mostrar la teta”.

Una fuerza que no era de ella, pues los quistes que se están esparciendo le tienen el brazo derecho hinchado y casi inmóvil. Ahora, la morfina le da un poco de respiro. Dos de sus hijos, Máximo y Jhonatan, la buscan hasta por debajo de las piedras y pagan lo que sea por tenerla en casa.

Compramos todo lo que nos piden. No entiendo por qué no la operan. Su caso es muy delicado. Mi mamá no eligió tener ese cáncer, en cambio ellos sí escogieron ser médicos. ¿Por qué no hay más humanidad con estos pacientes?, pregunta Máximo, quien ha dejado de trabajar para turnarse con sus familiares el cuidado de su madre.

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Desde hace nueve semanas, todos los fines de semana, van al hospital para tramitar el ingreso a pabellón. Le sacan la sangre, me quedo el domingo con ella en el hospital y el lunes siempre la regresan.

En Venezuela hay cerca de 45.000 pacientes con cáncer de mama que, desde hace más de 10 meses, no reciben tratamiento, protocolos que, por ser de alto costo, eran entregados por el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales.

Este lunes 23 no fue diferente. La dejaron con la bata de azul y en una camilla toda la mañana. Le tocaba el último turno. Según lo que le dijeron los médicos a Máximo, la operación tardaría más de cinco horas. Por eso su ingreso a la sala quirúrgica se pospuso.

Sin embargo, en la espera, drenando sangre y aguantando el dolor, a la señora Aura se le subió la tensión.

Y lo que hicieron fue mandarla para la casa. Nos dijeron que nosotros mismos podíamos controlarla. Aquí la tengo, en una situación bastante devastadora. Esto es muy injusto. Los pacientes con cáncer no deben esperar. Nosotros entendemos la situación, que ellos están protestando por mejores salarios. Compramos todo lo que nos pidieron, más de un millardo de bolívares en insumos y medicamentos. Por eso queremos que cese el conflicto. Los pacientes se mueren, sufren infartos esperando operaciones. Es una impotencia grande, dijo Máximo Yánez.

Hace dos años Aura fue diagnosticada con el cáncer de mama ductal. En ese momento fue intervenida, pero no pudo conseguir las quimioterapias, por eso el retroceso en su salud y calidad de vida.

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Sus hijos compraron en Ecuador las cinco ampollas de doxorrubicina, fármaco de amplio espectro usado en la quimioterapia del cáncer. Casi empeñaron el alma para conseguir todas las medicinas e insumos que necesita. Esta familia vendió carros y otros enseres para conseguir el dinero y ahora su lucha es para que la operen.

Fotos: Máximo Yánez



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