Para el filósofo, investigador del Instituto de Filosofía de la UCV y profesor, Miguel Albujas, “el régimen utiliza a la ideología como un mediador ideológico. No hay socialismo, no hay comunismo, más allá o más acá de las declaraciones histéricas”.

Caracas. Este es el año de las definiciones. Podría decirse que entre las consecuencias de los meses de protestas y represión hay que sumar el hecho de que se despejaran algunas dudas sobre la naturaleza democrática o no del gobierno de Nicolás Maduro. Organismos multilaterales y Estados vecinos y de más allá comenzaron a hablar —finalmente— de dictadura y de autoritarismo y a mostrar una mayor disposición a hacer algo al respecto. Y también, puertas adentro, los venezolanos que aún no se atrevían a utilizar estos conceptos para no pasar por extremistas, ya los emplean sin falsos pudores.

Sin embargo, en la discusión seria hace falta un poco de mayor claridad. Miguel Albujas es profesor e investigador del Instituto de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela, doctor en Ciencias Sociales y jefe del departamento de Filosofía Social de la UCV. Desde hace algún tiempo se ha propuesto encontrar —con herramientas académicas— la definición de un modelo en el que encaje el sistema político venezolano. Para empezar, se trata de un régimen no democrático pero que utiliza los principios y las formas de la democracia hasta vaciarla de contenido, que ha logrado infundir terror con acciones selectivas y persigue la promesa de un hombre nuevo e ideologizado.

En determinado momento, el chavismo se definió como un proyecto socialista con una propuesta propia “el socialismo del siglo XXI”. ¿En qué sentido esto que vivimos es o no es socialismo?

—Hugo Chávez comienza a usar el término “Socialismo del Siglo XXI” desde enero de 2005 y quien le induce por este camino es el sociólogo alemán Heinz Dieterich Steffan, su amigo personal. Es conveniente recordar que el teniente coronel se mimetizaba ideológicamente con cualquier propuesta que despertara su interés. Esto ocurría por dos razones: la personalidad histriónica de Chávez y su profunda ignorancia acerca de las formas políticas. En fin, lo que pretendemos expresar es que el chavismo nunca fue una ideología concreta, solo fue un conjunto de enunciados sin sentido orgánico, vacíos de contenido.

Para responder si esto que vivimos los venezolanos es socialismo o no, debemos hacer un pequeño recuento histórico. Karl Marx elabora su teoría tomando como base tres grandes fuentes filosóficas: el idealismo alemán, la economía política clásica inglesa y el socialismo utópico. Con la desaparición física de Marx en 1883, el marxismo tuvo todo tipo de suerte. De sus postulados surgieron epígonos apegados a su obra que desarrollaron líneas de investigación que reflejaban de manera fiel su pensamiento, también surgieron algunos detractores, pero sobre todo, muchos tergiversadores.

Para mala fortuna de Marx y del marxismo, los países que acogieron de forma virulenta sus ideas fueron países asiáticos que no conocían la tradición del pensamiento de Occidente. Fue históricamente lógico que el pensamiento de Marx resultare efervescente en China, Vietnam, Corea y la propia URSS, pues los campesinos chinos o rusos no conocían ni teórica ni prácticamente los conceptos de libertad, justicia, igualdad y fraternidad. Una teoría que promoviera esos valores tenía que resultar extremadamente atractiva para cualquier asiático. El llamado socialismo real fue una mixtura ideológica perversa. La interpretación rusa o china del marxismo descontextualizó y tergiversó un pensamiento complejo como el de Marx. Los regímenes basados en esa “basura ideológica” que es el marxismo asiático, terminaron en las dictaduras más atroces o en modelos totalitarios más perversos, tal como fue el caso de la URSS de Stalin.

En el mal llamado socialismo chavo-madurista lo que impera es la visión asiática del marxismo, del socialismo, por eso privilegian el carácter totalitario como manifestación de poder.

En conclusión sobre este aspecto, desde nuestro enfoque, sería perturbadoramente injusto con los pensadores occidentales que desarrollaron las teorías socialistas y comunistas denominar a este régimen criminal, delictivo, como un gobierno socialista.

Algunos sectores de la oposición hablan de “comunismo” al referirse al gobierno de Nicolás Maduro. ¿Qué tiene esto de comunismo?

—El régimen utiliza a la ideología como un mediador ideológico. No hay socialismo, no hay comunismo, más allá o más acá de las declaraciones histéricas. Lo que existe en Venezuela es una gran empresa transnacional del crimen y de la corrupción, que administra las actividades delictivas utilizando la estructura del Estado para tal fin. La ideología, en este caso, no es más que un simple accesorio unificador.

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¿En qué marco político o contexto ideológico se pueden caracterizar las decisiones económicas del gobierno de Maduro?

—Las medidas económicas del régimen están más emparentadas con un proyecto hegemónico de control, que con alguna tendencia o escuela económica. El régimen decide su política económica con base en una postura pragmática, esto hace que sea profundamente errático en la toma de decisiones. El modelo que está por detrás del régimen pareciera un capitalismo de Estado, lo cual implica un control férreo de todas las finanzas en los ámbitos público y privado.

¿Qué es el autoritarismo y qué elementos de ese tipo de gobiernos encontramos en Venezuela?

—El autoritarismo es la doctrina o el sistema que termina privilegiando a la autoridad como un hecho fundamental para el ejercicio del poder. Autoritarismo es una actitud psicológica que priva en los seres humanos en general, la cual se hace patente cuando una determinada persona intenta imponer un proyecto, una idea, una visión del mundo a un conjunto de personas que le confrontan.

El autoritarismo, como condición psicológica que es, puede estar presente en cualquier forma de gobierno. Sin embargo, hay que distinguir que aunque eventualmente puede darse un régimen democrático donde el gobernante tenga un ejercicio del poder autoritario, en el caso de la dictadura y del totalitarismo, el autoritarismo es una condición esencial, en la democracia no.

En el caso de Nicolás Maduro encontramos una permanente discursividad autoritaria, esto es, un discurso profundamente excluyente que pretende imponerse siempre por medio de la fuerza. Como el régimen de Maduro decidió seguir por el camino del neototalitarismo de Hugo Chávez, el discurso autoritario es un hecho fundamental en el ejercicio del poder.

El neototalitarismo ha sido una de sus áreas de estudio: ¿eso es lo que estamos viviendo acá?

—Desde el año 2003, en diversos proyectos de investigación desarrollados en el Instituto de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela, comenzamos a notar diversos conflictos a la hora de enmarcar al chavismo y su ejercicio del poder en una determinada forma de gobierno. Sin dudas, este complejo proceso autodenominado bolivariano presenta elementos de totalitarismo clásico, copia estructuras de las dictaduras latinoamericanas más emblemáticas, al tiempo que se rige por la doctrina de la Seguridad Nacional y, además, presenta elementos propios de la tradición política de la región en el siglo XX, tales como el populismo, el militarismo, el mesianismo y el caudillismo, entre otros.

Llamamos neototalitarismo a la forma de gobierno que usa técnicas de control hegemónico basado en un poderoso aparato represivo propio de los modelos totalitarios clásicos, mientras que al mismo tiempo procuran por todos los medios mantener la democracia en términos formales. Esta apariencia de democracia les permite burlar a la justicia internacional y mantenerse dentro de la legalidad internacional, en tanto los Estados cumplen con todos los requisitos e indicadores exigidos por estos organismos.

Al final, dichos organismos permiten la evaluación del desempeño democrático. Con el nombre de régimen neototalitario designamos al modelo hegemónico chavista que adaptó parte del modelo totalitario clásico a la nueva realidad mundial. Por este camino siguieron todos aquellos países que se identificaron con la propuesta del Socialismo del Siglo XXI, entre los cuales destacan Bolivia con Evo Morales, Ecuador con Rafael Correa, Argentina con la dupla Kirchner y Brasil con Lula Da Silva y Dilma Rousseff.

¿Cuál es la finalidad de todo esto? ¿Acumular y conservarse en el poder y ya?

—Sí, pero aquí hay que señalar una gran diferencia con respecto a las dictaduras. En las dictaduras latinoamericanas robaban, había actos de corrupción, los dictadores y su entorno se hacían millonarios y luego se retiraban a disfrutar del dinero. En el caso de los neototalitarismos y especialmente en el caso venezolano, en realidad lo que ha habido es el interés de construir una gran trasnacional del delito y del crimen. No solo por la corrupción, sino que se ha construido una trasnacional del delito para perpetuarse en el poder no solo en un país, en una región.

¿Cómo enfrenta una sociedad civil desarmada a algo como eso que usted califica de trasnacional del delito?

—Es una organización criminal dirigida desde el Estado, desde varios Estados. ¿Cómo salimos de eso? Evidentemente no tengo la solución. Creo que se ha venido trabajando de forma correcta. La MUD y los partidos han venido haciendo el trabajo que hay que hacer: concientizar a la gente, participando desde el punto de vista electoral cuando hay que hacerlo y participando en actividades de calle. Nuestras universidades de tradición han permanecido prácticamente incólumes frente a esta penetración del chavismo y hacen su trabajo. La sociedad civil ha venido cobrando conciencia de lo que implica un proyecto de esta naturaleza, ya sabe que este tipo de régimen no va a cubrir sus necesidades básicas.

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Se ha hecho entonces lo que se ha podido, pero en este momento da la impresión de que no se puede más si no hay algún tipo de ayuda internacional. ¿Es una impresión correcta?

—Sin duda… Al ser este un proyecto internacional, con el esfuerzo solo de los venezolanos no vamos a salir de esto. Esto requiere el apoyo de la comunidad de países occidentales que tiene muy claro ahora lo que está ocurriendo. Si hacemos un balance de estos días de protesta, el gran aporte que tuvimos en términos de la lucha contra un régimen de esta naturaleza fue que la comunidad internacional por fin entendió qué es lo que está pasando en el país. Ahora sí saben cómo está operando esa trasnacional del delito porque tienen sus sistemas de inteligencia y ellos han monitoreando esto, como siempre. Recabaron información durante años y ahora están tomando medidas.

¿El concepto de “dictadura” es adecuado para describir al régimen de Maduro?

—La definición de diversas formas políticas siempre resulta compleja en términos estrictamente teóricos y, por supuesto, esa complejidad se incrementa cuando se pretende estandarizar los datos empíricos para identificar a un determinado régimen y calificar la realidad con esos conceptos. Esto no impide que se puedan hacer definiciones con elevados niveles de precisión, pero sí implica hacer algunas aclaratorias pertinentes.

Tal como señale en tu pregunta anterior, hemos denominado neototalitarismo a la forma política correspondiente al régimen chavo-madurista, con lo cual el término dictadura quedaría sin contenido pues ambas formas políticas son incompatibles. Sin embargo, desde el punto de vista de la opinión pública nacional e internacional, me parece que es correcto llamar dictadura al régimen en tanto la denominación permite mostrar una descalificación política de las actividades relacionadas con la práctica política del régimen. En otras palabras, en un estricto sentido académico, considero que este novedoso proyecto político desarrollado por el chavismo y todos aquellos regímenes que en América Latina se adscribieron a sus enunciados, debe ser identificado con el concepto de neototalitarismo, mas desde el punto de vista del imaginario colectivo, en términos comunicacionales, debe señalarse como dictadura.

Es una idea más sencilla de entender…

—Las dictaduras en el contexto contemporáneo tienen una determinada connotación negativa que no hay que explicar pues cada persona, por lo menos en el mundo occidental, tiene claro los aspectos negativos que implica tal calificación. Hablar de neototalitarismo implicaría tener que explicar diversas nociones y teorías que harían muy compleja su comprensión. En pocas palabras, el concepto de dictadura debe utilizarse en el lenguaje ordinario para lograr la descalificación del ejercicio del poder que desarrolla el régimen chavista. La definición, el uso del término y la calificación del régimen como proyecto neototalitario lo dejaríamos solo para aquellas personas que tienen un mayor interés en profundizar sobre las formas de gobierno o formas políticas desde una perspectiva más académica.

¿Y qué diferencias esenciales hay entre uno y otro?

—Al ser un régimen neototalitario, el control de la población es mucho más férreo que en una dictadura. Las dictaduras, por ejemplo, no pretenden cambiar la visión del mundo de los ciudadanos con la finalidad de crear un “hombre nuevo” adaptado a los mecanismos de control diseñados por el Estado.

En el caso del neototalitarismo se necesita de manera esencial una ideología que esté apoyada en una cosmovisión del mundo que busque influir en todas las esferas de la sociedad.

Las dictaduras no necesitan ideologías específicas, lo que les importa es que la sociedad civil no se confronte con el poder constituido. Las dictaduras no pretenden simular el aspecto formal de la democracia, mientras que el neototalitarismo sí. En las dictaduras, aquellos que manejan el Estado cometen grandes desfalcos y colosales actos de corrupción por la vía del enriquecimiento personal ilícito.

En el caso del neototalitarismo, además de los colosales actos de corrupción, el Estado se convierte en un ente administrador del crimen en el ámbito de una empresa transnacional que le permita enfrentar a la visión occidental del mundo y los mecanismos de justicia desarrollados por Occidente. Las dictaduras no necesitan que el dictador sea un líder carismático de base hierocrática, en el caso del neototalitarismo sí. En el neototalitarismo se busca que el Estado se identifique con el partido o, mejor dicho, que el Estado pase a ser el partido. En una dictadura esta identificación no es necesaria.

¿Por qué costó tanto para que la comunidad internacional entendiera cabalmente lo que ha estado pasando en Venezuela? Hubo que llegar a una crisis tremenda, a contar muchos muertos… 

—Sí, desafortunadamente para la comunidad internacional los mecanismos de intervención son lentos. En la vida hay que distinguir entre los tiempos históricos, los tiempos políticos y los tiempos personales. Esa noción de la temporalidad es radicalmente distinta. El mundo internacional se mueve básicamente en el orden de la diplomacia y sabemos que ese camino es extremadamente parsimonioso, aunque seguro.

Cuando se enfrentan situaciones de conflicto, la percepción del tiempo desde un enfoque personal hace que los cambios se perciban como pequeñas modificaciones poco substantivas. La dilación de los cambios cuando se viven procesos políticos regresivos, aumentan el desespero e incrementan la desesperanza del individuo que tiene que sufrir en carne propia la irracionalidad de un régimen delictivo. Otro elemento substantivo de la falta de apoyo internacional por tanto tiempo lo constituyó el hecho de que, lo que priva en al ámbito internacional en la mayoría de los casos para la toma de decisiones son los intereses, mas no la amistad o los valores. Felizmente, parece que esto cambió.

Foto: Luis Miguel Cáceres



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