En El Dorado, Fabio el jefe, pasea con sus escoltas y es conocido por los residentes del municipio Sifontes. Sus hombres piden parte de la extracción a los mineros o de lo contrario queman las máquinas.

Yohana Marra/@yohanamarra

Caracas. “La mafia de los sindicatos es muy poderosa. Casi todos son colombianos, armados mejor que los de la guardia y con más poder. Ningún minero se mete con ellos y cuando están en el pueblo los respetan”.

Así comenzó su relato un hombre que estuvo más de seis meses trabajando en las minas de El Dorado, municipio Sifontes del estado Bolívar. Regresó recientemente a Caracas, más flaco y con su piel tostada por las largas horas expuesto al sol, durante tanto tiempo.

Cuando se internaban en las minas duraban entre 10 y 15 días, dependía de lo que lograban sacar. Al final de la jornada, lo que ellos conocen como “día del resumen”, se contaba todo el oro que extraían y de ahí apartaban una buena tajada para pagarle a las mafias.

“Esos días nosotros hacíamos todo el proceso con las máquinas para obtener las gramas (de oro) y a juro había que sacarle a ellos, a la guardia y a los indígenas, aunque ellos aparecen de vez en cuando y piden colaboración. Al sindicato y la guardia se le paga porque sí, más nada”, explicó.

A los del sindicato son los que más gramas le dan, porque mandan en la zona, incluso por encima de los funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), según su relato. Los que menos reciben son los indios, pues les dan colaboración debido al respeto que les tienen.

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La única manera de que un grupo de mineros no les cancele sin poner en riesgo el campamento o sus máquinas, es por inundación o daños en los aparatos que usan para trabajar. “Hay que pagarles a ellos, son los jefes, sino te explotan los motores”.

Después de que apartan para todos estos grupos, le dan la mitad al dueño de la máquina y el resto se lo dividen entre “los socios”, como se llaman entre los que entran a buscar oro.

Foto: Francisco Bruzco
Foto: Francisco Bruzco

Armados hasta los dientes y con escoltas

Fabio, el jefe del sindicato en El Encantado, y quien es de nacionalidad colombiana, envía a sus hombres hasta en los sitios más remotos, a veces los mineros los ven por el río Cuyuní y revisan a la gente por si llevan armamento; solo ellos y la GNB pueden estarlo.

Es conocido por todos en El Dorado. Va con sus cuatro escoltas a donde necesite y no esconde sus lujosas camionetas, y motos, de los residentes. Él no es quien va a cobrar a los campamentos, por supuesto, envía a sus secuaces.

“Están por todos lados, no te imaginas de la cantidad de integrantes del sindicato que hay. Casi todos colombianos”, detalló.

Aclaró que por este control poco roban y quien lo haga tendrá problemas con ellos. “Si a alguien lo atracan y pide ayuda a la GNB, le dicen que vayan con los del sindicato. Pero el que roba o lo mandan a irse, o lo matan”.

Y es que la GNB está muy al tanto de toda la situación, tanto que en el puerto de El Dorado ellos se mantienen en un lado y el sindicato en otro. Y los únicos que son sumamente respetados son los indios, hasta por los sujetos armados, pues si están trabajando en una mina los dejan tranquilos.

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Fotos: Ghetto Photo/Francisco Bruzco



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