Misión Chamba Mayor amenaza los derechos de la tercera edad

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A toda la emergencia que envuelve a la tercera edad, el Gobierno ahora responde con un programa del que apenas se conoce el nombre. Se trata de la Misión Chamba Mayor, un remedo de Chamba Juvenil, aquel programa social que tiene un registro de 1,1 millón de jóvenes desempleados que piden ser incorporados al mercado laboral, ahora maltrecho. Con 4 millones de pensionados, el Ejecutivo se ha planteado el reto de reinsertar a la población económicamente inactiva.

Caracas. La población envejece y las secuelas se miran, en directo, en la calle. Aunque en el último censo poblacional, realizado en 2011, Venezuela quedó retratada como una nación joven —con una edad mediana de 27 años— las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran a contraluz la radiografía de un país cuya población se hace vieja, principalmente, por dos razones: la migración y la violencia que se consumen el bono demográfico, la población productiva: personas entre 15 y 59 años.

En medio de todo ese panorama que se avecina, no se vislumbran políticas concretas para asistir a una población que reclama mayores servicios y beneficios. A toda la emergencia que envuelve a la tercera edad, el Gobierno ahora responde con un programa del que apenas se conoce el nombre. Se trata de la Misión Chamba Mayor, un remedo de Chamba Juvenil, aquel programa social que tiene un registro de 1,1 millón de jóvenes desempleados que piden ser incorporados al mercado laboral, ahora maltrecho.

Alix Medina, una jubilada del Ministerio de Educación que aguardaba en una cola de una agencia bancaria en la avenida Universidad, dice que la Misión Chamba Mayor se torna contradictoria en un momento en el que el Estado se deshace de los “viejos” de la administración pública.

Me jubilaron del Ministerio. Tenía 32 años de servicio y no quisieron que continuara. Me dijeron que era una carga para el Estado y que debía irme a mi casa, contó.

Alix dijo que trabajó en los archivos administrativos del despacho, desempolvando carpetas y poniendo orden a los bultos de papeles sepias arrumados en el piso. “Construí, junto con mis compañeras, el archivo administrativo del Ministerio”, agregó. A sus 57 años, considera que está en edad de trabajar, pero piensa que la relegaron de la institución. La mujer, quien ahora se empleó en una tienda de textiles, se siente atropellada por el sistema.

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A propósito de la oferta de Nicolás Maduro para emplear a personas de la tercera edad, hay quienes aseguran que no están dadas las condiciones para incorporar a personas enfermas, sin servicio de salud, a una economía anémica, devastada por la hiperinflación. Además del nombre del programa, Maduro solo reveló que pretenden incorporar a los adultos en distintas labores. Sin embargo, no dijo cuáles. “Encargo al ministro Aristóbulo Istúriz para diseñar el plan chamba para los adultos mayores de Venezuela”, dijo en cadena nacional de radio y televisión durante el lanzamiento.

Lia Hernández, una excamarera del Hospital Vargas, enumeró, mientras aguardaba en la misma cola de Alix, lo que cree son posibles empleos para los ancianos: barrendero, portero y carretillero. Lia, quien trabajó por 15 años en el hospital de San José, pidió rescatar los servicios básicos para considerar a una población que no tiene cabida en una ciudad de aceras incompletas. “Aquí no hay cómo movilizarse para ir al médico, dudo que podamos salir a trabajar sin autobús”, comentó.

La doctora en seguridad social y docente de la Escuela de Trabajo Social de la UCV, Yudi Chaudary, señala que al igual que otros programas coyunturales, Chamba Mayor no se corresponde con las necesidades de la población.

No podemos politizar las políticas sociales. El adulto mayor, como cualquier grupo etario, tiene unas necesidades concretas. Y solo los podemos incorporar en una experiencia laboral que no constituya un esfuerzo mayor al que desempeñó durante su vida, explica.

La también directora del Centro de Investigaciones y Análisis Prospectivo (CIAP) asegura que urge iniciar una política de Estado para hacer un diagnóstico detallado de las necesidades de los adultos mayores, que incluya la condición física, sus gustos y toda su experiencia. “No podemos atender las necesidades de unos violentando el derecho de otros”, completa. A juzgar por la situación que afecta el país, los adultos podrían aterrizar en espacios inadecuados para el desempeño de algún oficio.

Su advertencia no es cualquier pequeñez en un contexto en el que 9,71 % de Venezuela —lo que equivale a más de 3,2 millones de personas— son de la tercera edad, según el INE. Con un adulto mayor desencajado, cuyo hogar luce solo y desmembrado, el pronóstico de vida luce incierto para quienes pasan sus últimos días a la espera de un medicamento, una intervención o para los que viven de una pensión, devorada por una hiperinflación anualizada de más de 1.600.000 %.

Luis Cano, coordinador del Frente Amplio Unido en Defensa de los Jubilados y Pensionados, introdujo en septiembre un oficio en la sede de la Defensoría del Pueblo para solicitar respuesta del Gobierno frente al atropello que padecen los adultos mayores. El oficio, que fue el octavo documento presentado por el gremio al Estado, quedó sin respuesta. Los afectados esperan que el Ejecutivo socorra a una población que luce desvalida y que incluso ha renunciado a sus pensiones para marcharse a otros países de la región. Porque la tercera edad también emigra del país.

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En la actualidad, más de 4 millones de personas reciben ingresos de pensión o jubilación. Solo durante la gestión de Nicolás Maduro se han incluido un millón de personas en la bolsa de pensiones, la mayoría de ellas sin cotizaciones previas, señala Ufajup.

Helena Perales, una ama de casa de 62 años, que vive de los envíos de dinero de sus familiares en el extranjero, pide medicina y mejores condiciones económicas para gozar de la vejez. No quiero imaginar a un montón de abuelos enfermizos tratando de ganarse la vida en un país donde lo falta todo. Es un abuso decir que mandarán a la gente de la tercera edad a las calles, cuando sabes que el único destino que parecen tener en este momento es la emergencia de un hospital sin insumos, critica.

Helena transita por la avenida Fuerza Armadas para llegar hasta su casa en El Cementerio. Dice que no hay conductor que se detenga cuando intenta parar un autobús con su bastón en la mano. Si alguien nos ha relegado ha sido el Gobierno. A los pensionados no nos asignan bono de alimentación y nos dan el sencillo cuando retiramos nuestro pago mensual.

En 2017 al menos 55.000 mujeres vivían solas en Caracas, buena parte de ellas con 60 años y más. La cifra de hombres solos, sin empleos y probablemente con problemas de salud, superaba los 84.000, también con edad avanzada, de acuerdo con estimaciones presentadas por la extinta Alcaldía Metropolitana.

Con una expectativa de vida que se ubica en 75,35 años, la escasez, el colapso del servicio sanitario y la irregularidad en el suministro de alimentos subsidiados por el Estado, dan un zarpazo a la salud de los más ancianos. El escenario aparta a los adultos de las proyecciones del INE, que prácticamente abona 4 años de vida al promedio actual. Solo en Caracas existen 51.851 adultos mayores con discapacidades que limitan su movilidad y autocuidado. El Conapdis maneja una data nacional de 380.392 venezolanos, todos con cuidados especiales.

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En medio de todas las prebendas anunciadas para los ancianos, una cosa dice tener clara Modesto Olivares, quien se niega a trabajarle a un Gobierno que tilda de corrupto: no hay trabajo que valga sin medicina ni comida. Me niego a pasar los últimos años de mi vida, los que deberían ser más tranquilos, siendo esclavo de una escoba y una pala, se adelanta Modesto, e ironiza en torno a la labor de la Milicia en el Metro de Caracas, un cuerpo agregado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariano, cuya fama mal habida deben a la tarea de romper los boletos de ingreso frente a los torniquetes. Les robaron las competencias a las máquinas.

Aquí sufrimos por igual, y no hay quien responda por los más vulnerables: los viejitos, los niños y los enfermos. Lo que vivimos no tiene perdón de Dios, se queja Mirla Sifontes, quien bate sus brazos con cada palabra que pronuncia: “Hay-que-sa-lir-a-pro-tes-tar”.

De acuerdo con indicadores del INE, en 2050, 24 % de la población —lo que equivale a decir 9.596.206 habitantes— tendrá entre 60 y más de 100 años. Estimaciones de la extinta Alcaldía Metropolitana, liquidada en enero de 2017 por la Asamblea Nacional Constituyente, ponía sobre la mesa un escenario aún más precoz que plantea urgencia: ya en 2040, 21% de los caraqueños estará al margen de la edad productiva.

Mercado laboral intervenido

José Alberto Salina, experto del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales Universidad Católica Andrés Bello, asegura que los adultos mayores se enfrentan, junto con los más jóvenes, a un mercado laboral altamente intervenido por el Estado, con excesivas restricciones económicas que lesionan la libertad empresarial.

La inseguridad jurídica y el desestímulo en la inversión, aupado por el Estado, ponen a la tercera edad en una situación vulnerable. El Instituto Venezolano de los Seguros Sociales está lejos de cumplir su rol y la hiperinflación ha distorsionado las relaciones laborales.


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