En 2017 fallecieron 7 personas en varios estados del país. Según Codevida, solo este año hay 30 pacientes con síntomas de rechazo, por no tener los medicamentos inmunosupresores. Marta Solórzano es la primera muerte de 2018 por esta causa. Estaba recluida en el hospital Clínico Universitario de Caracas.

Caracas. El pasado sábado 3 de marzo, Marta Solórzano grabó un video en el que decía que perder un órgano era lo más tremendo. No tomó Myfortic ni Rapamune, dos de los medicamentos indicados en la profilaxis del rechazo de órganos y, por tanto, tuvo que ser recluida en el hospital Universitario de Caracas para someterse de nuevo a diálisis.

No aguantó, ella misma decía que se sentía muy mal y que tenía las piernas hinchadas. Murió el domingo 4 de marzo. Su caso se suma a los siete venezolanos que fallecieron en 2017 precisamente por la falta de inmunosupresores, tratamientos antirechazo que debe entregar el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) a los pacientes crónicos.

El año pasado 22 personas perdieron sus órganos y, según Codevida, este año hay otros 30 sufriendo los estragos de una crisis humanitaria.

El pasado 22 de febrero, un grupo de 30 a 40 trasplantados —entre ellos un joven con doble injerto de riñón e hígado— protestó en las puertas del IVSS y la respuesta, luego de varias horas en la calle, fue que les darían medicamento a esas 40 personas, cuando en el país hay 3500 trasplantados afectados por la escasez de estos tratamientos y que además no tienen la opción de las diálisis, pues este año cerraron 32 de las 129 que hay en el ámbito nacional, precisamente por la falta de insumos. En esos espacios se realizan las terapias que suplantan el funcionamiento de los riñones. 15.000 personas dependen de estas máquinas.

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Foto: Francisco Valencia



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