Maryori Medina Parra, de 63 años, fue sacada de su apartamento el 6 de octubre. Este jueves le fue dictada una medida privativa de libertad por delitos informáticos.

Ciudad GuayanaQueta Noriega la vio por última vez hace aproximadamente un mes, cuando Maryori Medina Parra le hacía un favor: la llevaba al aeropuerto a buscar unos pasajes para Maracaibo.

Ahora que  Noriega está de vuelta después de su viaje a Zulia, algo está fuera de orden en el edifico Florida Palace, del Paseo Rotario, Puerto Ordaz, porque su vecina Maryori, del primer piso, está presa desde el 6 de octubre: a la neumóloga y abogada se la llevaron funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) en la noche de ese día.

Fue una operación sorpresiva. Los funcionarios intentaron, primero, entrar por la puerta del apartamento. Como Medina no abrió, entraron por el balcón. Fue así como se la llevaron.

Antes de que, finalmente, la detuvieran, pudo avisarles a sus hijos sobre lo que estaba ocurriendo. Pero no pudieron hacer nada: los dos viven fuera de Venezuela.

Después de detenerla, la Dgcim la llevó a Caracas. Allí, este jueves, una jueza ordenó una medida privativa de libertad en su contra. La causa: delitos informáticos, según detalla Patricia Borjas, del Capítulo Bolívar del Foro Penal.

Las piezas que no encajan

Borjas critica el secretismo con el que ha sido llevado el caso. Al punto de que Foro Penal no ha tenido acceso a los documentos, pese a que inicialmente un equipo de la organización iba a ocuparse de la defensa.

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Después, a los abogados les dijeron que Medina Parra había pedido un defensor público. “La lógica simple dice que es muy extraño. En lugar de permitir a la audiencia el acceso de un abogado de su confianza, manifestaron a última hora que ella había preferido uno público”.

Tampoco hay especificaciones sobre los delitos informáticos que se le endilgan, explica Borjas: “El fiscal del Ministerio Público pidió medida cautelar, pero la jueza emitió sentencia y dicto medida privativa. No sabemos los ordinales”.

Las fuentes consultadas coinciden en un adjetivo para describir a la abogada: servicial. “Es bien colaboradora. Es la primera que sale, cuando llega diciembre, para decorar los pasillos del edificio.  Todo el mundo le conoce su rutina: de la clínica a su casa y de la casa a la clínica. Además es solidaria: en siempre me atendía. Siempre solidaria”, dice su vecina Queta Noriega, con quien además comparte un pasatiempo: hornear postres y “cotorrear mientras”.

“Es una persona tranquila. Más motivos para detenciones tenemos otros, que hemos permanecido activos en la denuncia, pero la doctora es una persona que ha sido muy cautelosa con eso”, añade Hugo Lezama, presidente de la seccional Ciudad Guayana del Colegio de Médicos. La coincidencia parece no ser fortuita. Tanto como el deseo unánime de que Maryori Medina Parra, de 63 años, regrese a su casa y a su consultorio de Puerto Ordaz.

Es un anhelo que incluso expresó el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, en un tuit del 7 de octubre: “Exigimos la liberación inmediata de la neumonologa Maryori Teresa Medina Parra. Basta de atentados continuos al estado de derecho por parte de la dictadura venezolana”.

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