Johangelys Alexandra Ochoa Rauseo, según sus familiares, enfermó el miércoles 5 de octubre con los síntomas de un resfriado. La llevaron a un CDI y los médicos, pensando que se trataba de una alergia, le recetaron Loratadina. Al día siguiente estaba en terapia intensiva y, tres días después, murió.

Ciudad Guayana. Hoy es martes. Hace una semana, Johangelys Alexandra Ochoa Rauseo, de dos años, estaba como todos los días: inquieta, juguetona y haciendo reír a su familia, habitante del barrio 25 de Marzo, de San Félix, Bolívar. Cinco días después, su cadáver se encuentra en una urna sellada. A sus cercanos le prohibieron verla: murió ayer en la mañana.

El certificado de defunción establece claramente la causa: difteria. Otra vez. Con ella, son 23 los niños que han muerto por la enfermedad en Bolívar este año. 24 en el país, si se le suma el bebé de 17 meses que falleció la semana pasada en el hospital de Maturín.

Los familiares de Johangelys no tienen explicación alguna sobre lo que pudo haber ocurrido. Su abuela, por ejemplo, asegura que ningún cercano estuvo en una de las zonas de riesgo. Nada.

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Evolución

Toco comenzó el miércoles pasado. A Johangelys Alexandra comenzó a molestarla algo que parecía un resfriado. Su mamá y su abuela la llevaron a un Centro de Diagnóstico Integral (CDI). Allí le recetaron una Loratadina porque, según los médicos, todo apuntaba a una simple alergia.

Pero empeoró. La trasladaron, entonces, al hospital pediátrico Menca de Leoni. Los especialistas, de acuerdo con su madre, no dudaron en decirle que estaba grave. La difteria ya atacaba.

Tanto, que el mismo día de la hospitalización, el jueves, la ingresaron en terapia intensiva. Solo pudieron verla una vez. Porque no los dejaban y porque durante los cuatro días de internado se dedicaron a sacar dinero de donde no tenían para costear los medicamentos que les pedían en el pediátrico. Hasta las 4:30 a.m. del 10 de octubre, cuando les avisaron que había muerto.

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El deceso trajo más desasosiego a la familia. No tienen dinero y este lunes se dedicaron a pedir préstamos. Al menos 150.000 bolívares para poder enterrarla. Su muerte ocurre después del fin de semana en el que no hubo operativos de vacunación, pese a que la Gobernación de Bolívar prometió que seguirían.

En la morgue los presionaban: el cuerpo se descomponía en una cava porque el sistema de enfriamiento no funciona bien. Ya en la noche fue que la retiraron. La despedirán con la urna cerrada, y rápidamente. Otra historia del estado Bolívar por donde la difteria se empecinó en renacer.

Foto cortesía: Correo del Caroní


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