No todo fue oscuridad: Caraqueños solidarios en medio del #MegaApagón

Prestar la planta eléctrica, caminar juntos por avenidas oscuras, vender a crédito, regalar agua, esperar a la vecina en medio de la penumbra, cocinar juntos, regalar comida, recargar baterías de celulares gratuitamente y regalar velas o lámparas de aceite fueron algunas de los gestos que hicieron más llevadera la crisis a los caraqueños.

Caracas. Robert Bravo trabaja en Chacaíto. El sábado 9 de marzo, a las 6:00 p. m., tuvo que emprender una caminata desde su lugar de trabajo hasta Catia, en donde reside, pues no encontró transporte público. El reto no estuvo solo en recorrer a pie casi 10 kilómetros, sino en hacerlo en una ciudad sin luz producto del apagón nacional que afectó al país desde el 7 de marzo en la tarde.

En Capitolio, una de las zonas más inseguras de Caracas, Robert intentó tomar una unidad de transporte público que se dirigía a Catia. Como el pasaje le costaría 300 bolívares, desistió, pues solo eso cargaba en su bolsillo. No podía gastarse la plata ya que al llegar a Plaza Sucre debía tomar una unidad que lo llevara hasta su barrio.

“¿Vas a Catia?”, le preguntó una muchacha. “Sí”, contestó Robert. “Bueno, yo voy hasta Agua Salud. Podemos caminar juntos”. Y así lo hicieron; se acompañaron envueltos en la penumbra que cubría esa noche a una de las ciudades más peligrosas del mundo según el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV).

De ahí que no todo haya sido oscuridad en Caracas durante el apagón. Aunque hubo pérdidas humanas, saqueos, robos, venta de hielo en dólares, cobro por recargar baterías de celulares y especulación en el transporte público, también se produjeron, sin mucho alarde, distintos episodios de solidaridad protagonizados por los caraqueños.

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Cocinar para regalar

Andrea Tosta es periodista. Se asume como una mujer previsiva, de ahí que mantenga su nevera lo más llena posible. El apagón la puso en aprietos.

“Los dos primeros días comí mucha proteína, y también muchas frutas; no quería que se me dañara la comida”, comentó. Pero ya al tercer día se preguntó: “¿Qué hago?”. No podía comerse en cuestión de horas todo lo que había comprado.

Decidió entonces cocinar y regalar comida. “Yo estoy acostumbrada a preparar comida solo para mí, pero creo que aprendí a cocinar como para seis personas”, calcula quien tomó más de un kilo de carne molida, tomates, cebollas y preparó varias raciones de comida que pudo regalar a trabajadores de su residencia.

Andrea, quien fue testigo de la venta de bolsas de hielo en 20 dólares al este de la ciudad, también pudo hacer llegar el hielo que le quedaba en su nevera a la mamá de una amiga, quien necesitaba refrigerar ciertos medicamentos para tratamiento del cáncer.

Solidaridad desde la cocina

Mientras algunos camioneteros que cubren la ruta Catia-Chacaíto vía autopista aprovecharon la inoperatividad del Metro de Caracas para cobrar 500 bolívares el pasaje (cuando en realidad cobran 200) otros caraqueños optaron por aminorar en la gente los efectos negativos de la coyuntura.

Junto a más de cien voluntarios, los trabajadores del restaurante Hache Bistró, ubicado en Los Chorros, prepararon arepas el lunes 11 de marzo para llevarlas a diversas fundaciones y hospitales con el objetivo de ayudar a las personas más necesitadas, también afectadas por el apagón.

La información fue reseñada en las redes sociales del medio de comunicación digital venezolano Efecto Cocuyo.

Foto: La dolce vita

La revista digital Bienmesabe también dio cuenta de la solidaridad que brotó desde la cocina. «Entre los restaurantes que entregaron comida están La dolce vita, El farolito de los uruguayos y Hache Bistró. Las cafeterías Franca pusieron sus enchufes a disposición de todos», reseñó.

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Asumir el riesgo de ayudar

En Coche hubo vecinos que, aun pudiendo sacar provecho personal de la crisis, eligieron la ruta de la solidaridad, incluso a pesar de la resistencia de algunos vecinos.

Entre las veredas 60 y 62, María Isabel Suárez fue testigo de cómo varios habitantes de la zona tuvieron gestos que hicieron del apagón y de la interrupción del servicio de agua potable una experiencia menos complicada para los ciudadanos.

Cuenta María Isabel que cuando llegó el agua a su zona, los habitantes de los barrios aledaños se acercaron para intentar llenar tobos y botellones. Aunque algunos vecinos se opusieron por temor a que sus casas fuesen robadas, María Isabel abrió la reja de la vereda y dejó pasar a varias personas para que tomaran agua.

El gesto fue emulado por otra vecina, lo que originó colas de tobos y botellones en el sector. “¿Cómo podía negarles el agua? O sea, era agua; todos la necesitamos. ¿Cómo van a venir a robar con tobos y botellones vacíos?”, argumentó la mujer.

Foto: Ángelo Rangel

Pero este no fue el único acto de solidaridad referido por María Isabel. También habló del vecino que, desinteresadamente, prestó su planta eléctrica al charcutero de la zona para que no tuviese que regalar o perder la mercancía por la falta de luz; del panadero que, teniendo la masa lista para el pan, optó por hornear en su casa y vender a crédito a riesgo de no recibir el pago por todos los panes fiados; del muchacho que prestó su vehículo para que varios vecinos recargaran las baterías de sus celulares.

En San Pedro, al igual que en Coche, hubo mujeres que elaboraron y regalaron velas o pequeñas lámparas de aceite a sus vecinos para contrarrestar la oscuridad. Incluso, circuló un video en la red social WhatsApp en la que una joven explicaba cómo elaborarlas con agua, aceite, pabilo y laminillas de aluminio.

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Reunirse para cocinar juntos, esperar en la oscura planta baja del edificio hasta que llegara la única vecina ausente, facilitar una planta eléctrica para enchufar un refrigerador en el que varias familias pudieran conservar sus alimentos, recibir en casa a alguien que se quedó sin una gota de agua en la suya. Estos fueron algunos de los gestos de solidaridad recogidos por el equipo de Crónica.Uno que permitieron, en alguna medida, humanizar las consecuencias del inédito apagón que, según la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela, afectó aproximadamente el 90 % del territorio nacional.

Foto: La dolce vita

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