Oswaldo Ramírez: Venezuela entró en un ciclo de hiperconflictividad

Oswaldo Ramírez: Venezuela entró en un ciclo de hiperconflictividad

El director de la firma ORC Consultores indicó que las protestas durante el mes de enero casi triplican las registradas en el mismo mes de 2017, destacando el incremento en los saqueos y los robos a camiones. “El ADN político del venezolano está cambiando”, expresó.

Caracas. Oswaldo Ramírez es el director de la firma ORC Consultores que lleva un detallado y actualizado registro de las protestas en el país. El experto en estrategia y riesgo político sostiene que Venezuela ingresó a un “ciclo de hiperconflictividad”, que tiene como trasfondo el turbulento mar de la hiperinflación y la crisis económica. Como prueba de su afirmación, indica que en enero de 2017 la firma registró un total de 222 manifestaciones, que contrastan con las 615 contabilizadas hasta el 30 de enero de 2018. Entre las incidencias destacan el incremento de acciones como los saqueos o los robos a camiones. “Esto te lleva a pensar que el ADN político del venezolano está cambiando, pues este, de cierta manera, tendía a ser pacífico”, asegura.

Ramírez, quien también es consultor en campañas electorales, acota que, aunque no hay un sitio en el país en donde no exista insatisfacción por el tema de la comida o los servicios, las protestas se realizan de manera caótica y no están “interconectadas”, lo que impide que estas conduzcan a cambios estructurales en las decisiones del Gobierno. Añade que las personas son renuentes a aceptar una conducción política de las manifestaciones, pues se sienten “huérfanas” en sus reclamos, mientras que la oposición, fragmentada, no logra articular el descontento. El voto ha sido sacado de la cultura política del venezolano como herramienta de cambio.

¿Las protestas en el país han aumentado o disminuido?

—Lo primero a determinar es que este es un país que entró en un ciclo de hiperconflictividad. Esto te lleva a pensar que el ADN político del venezolano está cambiando, pues este, de cierta manera, tendía a ser pacífico. El ciudadano venezolano no era una persona que estuviera constantemente peleando con el poder y desde hace ya cerca de unos dos años ha comenzado a interpretar que, el responsable de las políticas públicas, tiene que ser presionado para que actúe en consecuencia. El gran prestador de servicios públicos termina siendo el Estado, en otros países del mundo al haber privatización de la electricidad, el gas, el aseo urbano, esta protesta puede ser mucho más eficiente y cuando falla la protesta se dirige hacia un prestador de servicio. En este caso al ser el principal empleador, productor, responsable de las políticas públicas, la gente empieza a enfilar sus baterías de descontento hacia ellos.

En 2017 nosotros registramos más de 13.000 protestas o incidencias de conflicto, en las que cerca del 72 % fueron protestas políticas, recordando que tuvimos 120 días de conflictividad muy alta, prácticamente se podían presentar hasta 200 protestas en todo el territorio nacional. No hay prácticamente territorio en Venezuela en donde no se haya presentado una incidencia de conflicto el año pasado, sea saqueos, sea robos a camiones, la protesta por cualquier naturaleza.

Si quitamos la protesta política, la principal causa de insatisfacción el año pasado fue justamente el tema de los servicios públicos: agua, luz, transporte y gas, concentrando un porcentaje importante, y hay un 26 % de saqueos, 28,5 % si sumamos los intentos de saqueos y 13,2 % de protestas laborales y un 11,75 % de protestas por comida.

En el mes de enero de 2017 solo hubo 222 incidencias, si vemos lo que va de 2017, al 30 de enero contabilizado, hemos registrado más de 615 incidencias de conflicto, de 222 a 615. Aquí viene un tema bastante importante en función de lo que estamos registrando en el territorio, donde 236 son las sumatoria de saqueos, intentos de saqueos y robos de camiones en las vías, que es lo más complejo. A esto hay que sumar más de 112 protestas por los Clap o la escasez de comida.

El Gobierno crea una serie de mecanismos clientelares: “hago una oferta electoral, no la hago en una sino en dos ocasiones con las elecciones de gobernadores y alcaldes y prometo que te voy dar cajas de los Clap cada 15 días”. En segundo lugar vimos todo el concepto de “feliz chavidad” que el Gobierno ha manejado. Esa mesa de la “feliz chavidad” tiene 5 patas: comida barata para la navidad —el pernil, las hallacas, etc.— los juguetes, la venta de línea blanca, la venta de línea marrón y los estrenos en general. Ya yo no puedo satisfacer eso, hice una oferta del bono de Niño Jesús, que te voy dar pernil y no te lo puedo cumplir y obviamente el incremento de la conflictividad fue importante y si solo tomáramos las protesta por comida de los últimos 15 días de diciembre, hubo más de 137 protestas exigiéndole al Gobierno pernil, Clap o algún mecanismo clientelar.

En este año cuando ves las incidencias en el mapa te das cuenta de que no hay punto en donde no haya gente protestando. El tema de saqueos está marcando de manera importante muchos puntos en el territorio, o si lo vemos por el tema comida nos damos cuenta de que hay una situación en la que prácticamente todo el territorio está en conflicto. No hay una zona en la que tú no tengas insatisfacción.

¿Es menos represiva la respuesta del Gobierno cuando se trata de protestas por comida u otros temas similares, con respecto a las manifestaciones políticas?

—No. Si vemos los indicadores de represión fíjate que 61 % de los saqueos han sido reprimidos, se han registrado 157 y han sido reprimidos 96. De las protestas por Clap que te había hablado, de 113, 31 han sido reprimidas. “He reprimido protestas políticas, he reprimido protestas por gas”, en el fondo sí hay represión. Esta sumatoria de la represión está por el 33 %, “¿puedo o no reprimir más? A lo mejor no tengo la capacidad de estar en todos lados, de hacer el despliegue para evitar la protesta. En algunos casos tengo que dejar correr la protesta para que, de cierta manera, se libere parte de la presión que puede haber en esa olla y la gente sienta o interprete que con protestar puedo calmar un poco las cosas”, pero sí están reprimiendo y eso es otro elemento.

El elemento de la capacidad de infundir miedo, como herramienta de control en el tema de las protestas funciona, porque si tú no tienes dinero los mecanismos clientelares son pocos. Vas a tener menos para dar, obviamente, te vuelves aún más loco y sigues imprimiendo dinero sin respaldo, vas a generar más hiperinflación, pero te doy un bono para tratar de calmar los demonios, a través del mecanismo del carnet de la Patria o de Hogares de la Patria, pero cuando sales a la calle a tratar de comprar algo no tienes el dinero suficiente, el ciclo termina siendo un círculo relativamente vicioso.

El punto central es entender que la protesta puede ser caótica y ahí gana el Gobierno, en esa protesta atomizada, en esta protesta que no está interconectada entre el que protesta en Delta Amacuro, en Zulia, en Bolívar o en Caracas. En el momento que eso se interconecte el potencial de presión que tienen las protestas puede ser mucho mayor, pero en la medida que no esté interconectada el Gobierno gana porque sigue siendo caótica, sin liderazgo, sin objetivos claros de lucha política o de reivindicación de salarios, por mucho que se proteste porque no tienes agua eso no va cambiar estructuralmente los problemas que tú tienes para proveer agua como gobierno.

¿Qué cambio o que debe suceder para que se dé esa interconexión entre quienes protestan?                    

—La gente tiene que empezar a entender que no hay proceso de cambio político sin conducción política. Tiene que haber conducción, el problema es que la gente se siente huérfana por una parte y por otra su mente está concentrada en dos grandes asuntos. Primero, tratar de sobrevivir, la comida, los precios, que te alcance el dinero para poder medio sobrevivir, en el marco de la hiperinflación y la gente no tiene herramientas para surfear esta crisis y lo segundo que ocupa la mente de los venezolanos es “¿cómo me voy del país? Como comienzo un proceso de planificación para irme de forma organizada o simplemente agarrar las tres cosas que tengo, vender lo que tenga e irme del país con 20, 30, 50 dólares en un autobús, a buscar un mejor destino”, es complicado.

 Ese desplazamiento forzoso, esa migración no planificada también termina siendo una herramienta de control de Gobierno. Todo eso termina mermando la capacidad de la gente de interconectarse y mientras no hay esa narrativa común, esa lucha épica de entender que la protesta sí puede conducir a que el Gobierno cambie las cosas, y mientras el Gobierno tenga la voluntad de cambiar algunas cosas y no tiene dinero para hacerlo, sigue el círculo vicioso.

¿El estallido social ya ocurrió o está por venir con el aumento de los saqueos y este tipo de protestas?

 —El conflicto de Venezuela en 2017 coloca el mapa con protestas en todo el país. ¿Que si es un estallido social como Venezuela lo vivió en 1989 con el “Caracazo”? Probablemente lo es, pero no televisado. En 2017 tú tuviste 8 ciudades de Venezuela en las que hubo estos niveles de saqueo, en los que prácticamente grandes sectores de ciudades fueron saqueados y estuvieron colapsados: Maracay, Valencia, Socopó, Barinas, Ciudad Bolívar. Has tenido esos estallidos sociales, pero ¿vas a tener a todo el mundo en la calle, en un estado caótico de “sálvese quien pueda”? No descarto que eso pueda suceder, pero para que eso suceda tiene que haber un amplificador, el amplificador son los medios de comunicación que los transmitan, que pierdan el miedo y la censura, porque hay una ley que te limita para transmitir esas cuestiones en vivo. Lo segundo es que el estado de necesidad de la gente le obligue a romper sus esquemas morales y te obligue a salir a la calle a saquear y que el Gobierno deje saquear. Ahí tienes la suma de tres factores que tiene que haber, el dejar pasar eso de parte del Gobierno para liberar presión, dejar que saqueen. Tú no controlas una masa, pueden intentar controlarla, reprimirla, pero pudiera salirse por completo de tus manos, del control del orden público.

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¿Por qué la oposición no ha logrado conectar con esa protesta social?

—Porque no tiene capacidad para dar una respuesta inmediata, que es lo que la gente aspira. La gente está aspirando a la solución de la crisis ya, la mayoría de la gente no comprende que esto es un proceso lento. Aquí hay un elemento importante para que eso no suceda: no hay una oposición, tienes tres o cuatro grandes facciones de poder entre la oposición. ¿Cuál de las cuatro es la que efectivamente logra capitalizar ese descontento? Los principales dos líderes están inhabilitados: Leopoldo López y Henrique Capriles. El Gobierno también está fraccionado o fragmentado con 7 facciones, pero están unidos en torno al mantenimiento en el poder. La gente le pasa factura a la oposición por los problemas de Gobierno, porque interpreta que no ha sido capaz de obtener el poder mediante la presión que se requiere, no terminan de entender que no estás en la caracterización del juego democrático. Esa falta de información o asimetría de información del ciudadano común lamentablemente no te deja tener todas las herramientas y fórmulas para entender el cambio político o el efecto que pueda generar la interconexión de la protesta.

¿El voto ha perdido peso como mecanismo de solución de esos problemas?

—El voto ha sido sacado de la cultura política del venezolano como herramienta de cambio. El Gobierno ha jugado a eso, principalmente en los tres últimos ciclos electorales: Constituyente, regionales y locales. Tienes que dar una nueva narrativa y esa nueva narrativa hoy no está sobre la palestra pública.

¿Cómo evalúa el adelanto de las elecciones, debe participar la oposición en esos comicios?

—No es una sorpresa, justamente se adelantaron por la conflictividad social. El Gobierno sabe que mientras más tiempo pasa, aumenta la probabilidad de que la gente se moleste más y pierda la base de apoyo de su 33 % que se autodefine como oficialista. El viento sopla a favor del barco del cambio, no hablo de la oposición, sino del cambio, pero hay que acometer una cantidad importante de asuntos; de llevar a la gente a votar, de defender tu voto. No es simplemente la fórmula de tener testigos, es una operación mucho más compleja, de revertir y neutralizar los mecanismos; que haya un comisario político obligándote a votar por una opción que tú no quieres, obviamente cambiar dos o tres grandes condiciones electorales, entre ellas el ventajismo mediático, el cambio intempestivo de los centros de votación, el tema del uso en la tinta indeleble, la depuración del Registro Electoral (RE), el permitir que voten al menos dos millones de personas que puedan estar en la diáspora venezolana. Son condiciones importantes que te favorecerían a ti para ese cambio ¿puede lograrse eso? Es bastante complicado. Algunas sí otras no, habrá que ver qué pasa con la negociación de Dominicana, donde probablemente el Gobierno ceda en dos o tres puntos para legitimar el proceso electoral y tratar de bajarle dos, cosa que veo compleja con respecto a la comunidad internacional, al tema del conflicto interno dentro del país.

La participación electoral, en el marco del régimen que está en Venezuela, siempre debe ser en función de la estrategia que tú debes seguir y ¿cuál es la estrategia que se ve cómo colectivo? Si un fragmento de ese colectivo o dos deciden jugar juegos paralelos y un tercero decide mantenerse en esa estrategia tú estás condenado al fracaso. El abstenerse o participar debe obedecer a una estrategia macro, que obedezca a toda la oposición, no es un juego suma cero. Las condiciones para el cambio están ahí, el problema tiene que ver con la estrategia para la unión de todos los factores que adversan al Gobierno de ver, efectivamente, qué quieren lograr con la participación o no en ese proceso electoral.

La escogencia de un outsider como Lorenzo Mendoza, ¿sería un movilizador para la gente?

—Tiene el potencial de ser un buen movilizador, el tema es que si tú fueras el outsider hoy estás perdiendo tiempo. Vamos a asumir que es Lorenzo Mendoza, sea quien sea el outsider, no hay ningún cambio en las condiciones electorales que te diga que tú no vas lograr el mismo resultado que un candidato como Ramos Allup. El outsider no cambia absolutamente nada en el tablero, ¿que tiene la posibilidad de generar una nueva narrativa? ¿Una nueva épica? ¿Que suma más gente a su candidatura de manera más rápida? Pero eso no logra que voten dos millones de personas en el exterior, que se use tinta indeleble, o impide que haya efectivos paramilitares que amenacen a mis testigos y los saquen a punta de pistola, no cambia las condiciones. Hay gente que piensa que el outsider es magia, y con todo el respeto que pueda tener por la figura de Lorenzo Mendoza o cualquier outsider, eso no es magia y es tal el nivel de desespero de la población que cree que el outsider es lo único suficiente para que cambien las cosas y eso no es así. Hay una cantidad de realidades que tienes que modificar para que ese outsider logre capitalizar ese triunfo.

Sería un elemento más de la estrategia…

—Un elemento más que te permite tener una narrativa diferente, no obstante, que el outsider no le cae bien a todos o no lo conocen. Puede conocer las marcas de las compañías del outsider sí, pero no es suficiente sin las condiciones previas. El outsider necesita a toda la dirigencia política, económica y social de este país montado en su barco, así como lo puede necesitar el insider político.

Si Maduro logra imponerse en las presidenciales, ¿será sostenible el Gobierno con estos niveles de conflictividad social?

—El Gobierno está jugando hábilmente a comprar (tiempo) de tres meses en tres meses. Esa compra termina generándote una situación muy compleja, ¿cómo puedo resolver, en el marco de la hiperinflación, la conflictividad, la incertidumbre? ¿Cómo comprar tiempo para evitar un estallido social? En este momento no tienes el dinero suficiente para revertir esta situación, no porque el barril de petróleo esté cayendo de precio, el barril ha aumentado, pero no se está produciendo. Esa falta de dinero comienza a generar una serie de problemas, problemas para pagar la deuda, para moverte libremente en el mercado internacional, triangular los pagos de medicinas, alimentos, compra de comida que venías manejando en términos que te llevaban a pensar que eras indestructible, ya no eres indestructible. No puedes superar la crisis si no tienes la capacidad de girar el timón y eso significa darle una patada al legado de Chávez. Si el Gobierno no enmienda la dirección, el barco no es sostenible, en tres meses va estar pensando en la fórmula para cambiar de mes a mes.

Foto: Carlos Crespo


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