Los hospitales especializados, más los servicios de psicología e higiene mental en los centros públicos, no cubren la demanda de pacientes con trastornos mentales: no les dan medicamentos, tampoco buena alimentación. Los que pueden pagan en dólares los fármacos, pues el Seguro Social no garantiza antidepresivos ni ansiolíticos.

Caracas. Cuando no tomo la quetiapina me da miedo salir de la casa. Siento angustia, ansiedad, me deprimo. El mes pasado se me agotó y gracias a una donación conseguí tratamiento para tres meses. Pero es un calvario estar en esa situación. Nadie entiende por lo que uno pasa. No hay control de las cosas cuando uno tiene el trastorno bipolar.

Adela Martínez —nombre ficticio por seguridad—, tiene más de 20 años con esta condición. Desde temprano se trató y la medicaron. Siempre que cumpliera con el tratamiento llevaba una vida normal.

Pero desde hace dos años para acá no se le ha hecho fácil. La escasez de fármacos de alto costo y la disminución en las entregas por parte del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), generó en ella un avance de la enfermedad: ahora sufre más frecuentemente cuadros severos de depresión, pierde con facilidad la memoria y la concentración.

El trastorno bipolar es el diagnóstico psiquiátrico que describe cambios en el estado de ánimo. Clínicamente se refleja en estados de manía o, en casos más leves, hipomanía junto con episodios alternantes de depresión, de tal manera que el afectado suele oscilar entre la alegría y la tristeza de una manera mucho más extrema que las personas que no padecen esta patología.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS),  el trastorno bipolar afecta a alrededor de 60 millones de personas en todo el mundo.

Hay personas, como Maribel Ferrer, que logran a punta de sacrificios comprar tratamiento. Ella lo hizo para su hija bipolar a un costo de 1300 dólares.

Por lo menos conseguimos para dos meses. Tratamos que siempre lo tenga. Pero hay mucha gente que no puede. Es un drama lo que se vive con la escasez y el desabastecimiento de los tratamientos. Desde enero de este año se acentuó este problema.

Indicó que en el psiquiátrico de Los Chorros están colocando algunos medicamentos, pero no son de primera generación, no controlan el trastorno y ahora es más delicado porque estas personas están expuestas al factor estrés, lo que les aumenta la enfermedad.

El doctor Wadalberto Rodríguez, presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría, destacó que hasta finales de la década de los 90 y entrada la primera década del 2000 en Venezuela había más de 70 moléculas, principios activos de medicamentos, para el tratamiento de enfermedades mentales.

No eran tantas por capricho. Se requerían para cada condición. Ahora si acaso contamos con ocho. Estamos tratando a muchas personas con un solo antidepresivo. A un grupo reducido le controla la enfermedad, pero a otros muchos no porque tienen una formación genética diferente y el resultado es que, en vez de mejorar, agravan su condición sin retorno. Y creo que esto está sucediendo porque hay toda una política diseñada para tener el control social, lo hacen con la comida y con las medicinas.

Las farmaceúticas tienen limitaciones para importar insumos y productos debido a la restricción en la entrega de dólares que se ha agudizado en los últimos cuatro años.

Mentes con problemas

Además de la patología bipolar hay una gama de enfermedades mentales. Entre ellas se incluyen la depresión, el trastorno afectivo bipolar, la esquizofrenia y otras psicosis, la demencia, las discapacidades intelectuales y los trastornos del desarrollo, como el autismo.

En el país tratar estas condiciones cuesta no solo un ojo de la cara, sino el peso de todos los órganos del cuerpo, pues en la actualidad hay dificultades para conseguir fármacos como olanzapina, quetiapina, risperidona, escitalopram, sertralina, mirtazapina. Llegan a las farmacias y se agotan. A una persona con un cuadro depresivo le mandan, por ejemplo, sertralina. Una caja de 10 pastillas cuesta Bs. 10.000 y no se consigue.

Por tanto, de acuerdo con la explicación del doctor Rodríguez, en pacientes como Adela aumenta su deterioro.

“No estamos ante una sociedad de locos violentos. Eso es un mito, una fábula. Lo que pasa con un paciente con una enfermedad mental que no se controla es que se le convertirá en crónica y estará condenado a una vida miserable”, dijo Wadalberto Rodríguez.

Y esto no es nada nuevo. Incluso en la llamada Cuarta República la atención al paciente psiquiátrico no fue muy buena. Eso ha sido así tradicionalmente. Pero con Hugo Chávez y ahora con Nicolás Maduro se ha aislado la Salud Mental. De hecho, la han bajado de categoría. Desaparecieron la Dirección de Salud Mental y la asistencia empezó a tener muchos problemas, pues la pasaron a división y luego a programa que al final desapareció. En este momento no existe una instancia en el organigrama del Ministerio de Salud que atienda la Salud Mental”.

Esa situación, comentó, se ha reflejado en la calidad de la atención hospitalaria.

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Aumentan los trastornos 

Maribel Ferrer, vocera del Centro de Atención al Esquizofrénico y Familiares (Catesfam) —con sede en Maracaibo desde hace 19 años y con un radio de acción en Caracas, San Cristóbal y Punto Fijo— informó que, entre todas las sedes, tienen registrados entre 700 y 800 personas con enfermedades mentales, 500 de ellas solo en Maracaibo.

“Lejos de minimizar la enfermedad ha habido un crecimiento debido a toda la convulsión social y política del país”.

Esta organización brinda apoyo con terapias al paciente y a su núcleo familiar. No donan medicamentos, aunque sí orientan a las personas sobre cómo conseguirlos, y más ahora que se acentuó la escasez —incluso de alimentos— factor este que igual tiene incidencia en los trastornos.

Foto refrencial: Archivo Crónica Uno.

Lea este miércoles la tercera parte de este seriado: “La crisis en los hospitales psiquiátricos”



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