Pasaje mínimo es insuficiente para cubrir el mantenimiento de las «camioneticas»

La inflación en Venezuela va más allá del aumento del pasaje mínimo y afecta a usuarios y prestadores de servicio por igual. Muchos insumos tienen precios dolarizados y los pocos que se cobran en bolívares aumentan de forma exponencial en pocos días, por lo que mantener o reparar una unidad de transporte público complica la situación de un sector ya depauperado.

Caracas. “¿Acaso ellos compran cauchos todos los meses?”, es la pregunta que se suele escuchar en las largas colas para esperar transporte público, una vez que los conductores aumentan el pasaje mínimo. Los choferes se escudan en la hiperinflación galopante que cada día evapora el poder adquisitivo de sus ingresos, los cuales deben dividir entre gastos familiares, de alimentación y –además– de reparación y mantenimiento a sus unidades.

“Los choferes quieren subir el pasaje casi que cada mes y no me parece justo porque los sueldos no aumentan así”, se quejaba Carmen Azuaje al ser consultada por Crónica.Uno en una parada adyacente al centro comercial Metrocenter de la avenida Baralt.

Azuaje usa constantemente el transporte público superficial para ir y venir de su trabajo en el centro de Caracas. Asegura que prefiere las “camioneticas” por comodidad, ya que evita los constantes retrasos que tiene el Metro de Caracas a cualquier hora del día. Sin embargo, Azuaje madre de dos adolescentes de 14 y 17 años mencionó que a veces debe sacrificarse y utilizar el subterráneo “para guardar efectivo que sirve para el pasaje de los chamos”.

El pasaje mínimo urbano quedó fijado en 70 bolívares soberanos a partir del viernes 1° de febrero luego de una reunión entre Hipólito Abreu quien ocupa el cargo de ministro de Transporte y representantes del sector. Pese a que aún no ha sido publicado el decreto en Gaceta Oficial, gran parte de los transportistas en la capital cobran este monto.

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Usuarios del oeste capitalino denuncian que entre diciembre e inicios de febrero el pasaje ha aumentado de 20 bolívares al costo actual. Algunos exclaman que “no hay justificación” para tal aumento; sin embargo, transportistas consultados denunciaron que mantener una unidad acarrea destinar casi en su totalidad sus ingresos mensuales.

Insumos como el aceite, las bandas de frenos o las baterías sufren aumentos de precios constantemente, producto de la crisis económica. Juan Yánez*, conductor de la línea Antímano-Capitolio, mencionó que los cauchos, si bien no se compran todos los meses, sí son gastos comunes dentro de su presupuesto.

“Un caucho nuevo cuesta 200 o 300 dólares, ni te digo cuánto en bolívares. Lo que hacemos muchos de nosotros es comprarlos usados o remendarlos, pero así duran menos, como tres o cuatro meses. Si es nuevo puede durar hasta seis u ocho meses”, señaló mientras cobraba el pasaje de su última carrera del día en la ruta Antímano-La India.

La escasez de autopartes y repuestos incide en el desmejoramiento del servicio y los altos costos de los traslados. De acuerdo con un informe elaborado en 2017 por la Cámara de Fabricantes Venezolanos de Productos Automotores (Favenpa), el nivel de operatividad de la industria a finales de septiembre de 2017 se ubicaba en 21 % de su capacidad. Favenpa acusa a la falta de materias primas (tanto nacionales como importadas) y a la caída del mercado como las principales causas del declive.

Marcelo Moret, directivo de la línea Plaza España, señaló que según cálculos del gremio el pasaje mínimo debería estar estipulado en 25 centavos de dólar u 824,42 bolívares soberanos al tipo de cambio Dicom del 8 de febrero. La línea cubre la ruta La Hoyada-Coche y cuenta con aproximadamente 40 unidades disponibles de las 275 que otrora disponía.

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De acuerdo con Moret, algunos gastos por mantenimiento deben hacerse mensualmente, como cambios de aceite, y otros de tres a seis meses, si no ocurre una eventualidad. Aseguró que «como propietario» su inversión debe rendir frutos, por lo que lamenta que en la actualidad deba debatirse entre llevar comida a su casa o invertir en su medio de sustento. Cataloga como «milagros» los intentos por equilibrar su presupuesto familiar en un contexto hiperinflacionario que, tan solo el año pasado, alcanzó el 1.600.000 % según datos de la Asamblea Nacional.

En promedio, un transportista hace de cinco a siete viajes diarios dependiendo de la ruta y «no siempre se llena la camioneta», como indicó un chofer de la ruta San Martín-Plaza Venezuela que prefirió no identificarse. Según su criterio, a veces con lo se que gana en un viaje no puede ni comprarse un desayuno. «Si tienes suerte llenas la unidad, pero algunos pasajeros no pagan completo, piden pasaje preferencial o ‘se hacen los locos'».

Ingrid Clemente, usuaria frecuente de la ruta, indica que los choferes buscan «aprovecharse de las personas», haciendo alusión a que en algunas zonas como Santa Mónica o Chacaíto «cada uno cobra lo que le da la gana». Criticó que no le hicieran mantenimiento a tiempo a sus unidades «cuando se podía» y que ahora «quieren renovar esos autobuses a costillas de la gente».

Infografía: Lesslie Cavadias | Texto: Alberto Torres

El estado de las calles y la necesidad de hacer la mayor cantidad de viajes posibles sin desgastar tanto los vehículos ha propiciado la aparición de unidades «piratas» que cubren rutas completas pero en menos tiempo, pues optan por desplazarse por las autopistas caraqueñas.

Tal es el caso de Freiner Perozo, quien cubre la ruta Zona Rental-Las Adjuntas debido a que le es «más rentable» ya que el pasaje es más costoso y evita desgastar las bandas de frenos. «Por un lado tengo más ingresos y por el otro me ahorro la ‘frenadera’ y así tengo más dinero para invertirlo en mi hogar o reparando otros imprevistos de la unidad», señaló Perozo. Acotó que son pocos los inconvenientes que tiene con los usuarios pues «entienden la situación».

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Sin embargo, Perozo considera que, en ocasiones, el precio del pasaje se queda desfasado una semana después de incrementarlo debido a las subidas repentinas del dólar paralelo.

Eso a mí en lo particular, que soy dueño de la buseta, me afecta. Un litro de aceite para la caja te puede costar hasta 25 dólares en el mercado negro porque es difícil de conseguir y cada cierto tiempo, dependiendo de la unidad, necesitas como mínimo 20 litros«, resaltó el trabajador.

Y a falta de apoyo gubernamental, tanto a nivel de insumos como de apoyo con unidades de la Misión Transporte o la mejora del sistema Metro, muchos usuarios prefieren pagar «lo que sea» con tal de llegar a tiempo a sus destinos. Para Fausto Torrealba, habitante de la parroquia Antímano, le es «más factible» cancelar 150 bolívares diarios en Capitolio y en 15 minutos llegar a su destino.

«Llega un punto en el que uno se cansa. Esa transferencia en Capuchinos es un desastre, el Metro no tiene aire, las escaleras no sirven. Estos ‘camioneteros’ al menos aún trabajan y algunos tienen sus autobuses en buen estado». Torrealba admite sentir empatía por la situación del gremio de transportistas: «Estoy consciente de lo difícil que es sacar de lo que comes para mantener tu medio de subsistir, yo era taxista hasta hace poco que me robaron haciendo una carrera».

Infografía: Lesslie Cavadias | Texto: Alberto Torres

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