Camioneteros no prestan las rutas como debe ser. Pero desde ya están anunciando un incremento en la tarifa. Cobran Bs. 1000 de la avenida Fuerzas Armadas hasta La Rinconada y cuando pasan las 5:00 p.m. solo quieren quieren llegar hasta La Bandera.

Caracas. Los pasajeros no pegan una. Si nos los agarra el chingo, lo hace el sin nariz: no hay camionetas y ahora les viene otro aumento de la tarifa. Ya algunos camioneteros, aún conservando el casco oficial de su línea, cobran Bs. 1000, por ejemplo, de la avenida Fuerzas Armadas hasta La Rinconada. También sucede que no llegan al destino final, dejan a los usuarios a mitad de camino o les dicen que el servicio se prestará por la autopista, para poder cobrar más.

Esto está generando enfrentamientos verbales entre los ciudadanos y quienes están detrás del volante. Incluso la semana pasada en el cruce de la avenida Panteón con Fuerzas Armadas, en el municipio Libertador, los pasajeros amotinados —luego de pasar más de una hora esperando para subirse a una unidad— arremetieron con objetos contundentes en contra del autobús.

El jueves en la tarde otro episodio similar se vio en ese mismo tramo, hasta que llegó la Guardia Nacional a “poner orden”, por escasos 15 minutos.

Esa no es una situación que se está viendo solo en ese punto de la ciudad. En Carapita, cuando caen las 5:00 p. m. se arman tremendas tánganas por los jeeps; también en El Silencio los que van al estado Vargas pasan las de Caín esperando por el transporte público. Lo mismo viven los residentes de El Junquito: pueden pasar más de 40 minutos en una cola y al final suben guindando en las puertas de las unidades.

De Chuao a Chacaíto ya casi no hay busetas pasadas las 6:00 p. m. y la gente camina largas cuadras hasta llegar al Metro de Caracas.

Braulio Cedeño, presidente del Bloque de transporte del Oeste, frente a esto que amenaza con agudizarse lo que dijo es que la situación está muy crítica, hay un paro técnico y si no se controla la inflación, no se van a estabilizar los costos de los repuestos, insumos y de la tarifa.

Hace cuatro meses, contó que ellos compraban un caucho en Bs. 400.000 y ahora cuesta Bs. 2.000.000.

Así el pasaje cueste Bs. 1000 no se acaba la crisis. Por eso, ese conflicto que se está viendo en las calles escapa de las manos de cualquier dirigente del transporte. Nosotros hemos insistido en las asambleas que mantengamos la disciplina. Sin embargo, hemos visto desesperación en el trabajador. Estamos en contra de todos los excesos y del atropello, pues no se puede cargar en el usuario todo el problema que debe atender el Gobierno. Pero también la ciudadanía debe atender que estamos recibiendo una carga social: hay gente que no paga, otros que solo cancelan Bs. 100, los estudiantes y la tercera edad no quiere pagar lo que le corresponde, ahora tenemos a los desempleados que no cancelan, a los que muestran el carné de discapacidad y así. Frente a esto no nos han dado respuesta. Se han hecho muchas mesas de trabajo y las respuestas no han sido expeditas, no garantizan los lubricantes, cauchos y baterías a precios justos, y ahora estamos con este conflicto que amenaza con agudizarse, porque ni resuelven ni terminan de estatizar.

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En medio de todo esto se cocina, en los bloques, un aumento del pasaje para el mes de noviembre.

De las reuniones del sector efectuadas la semana pasada, los ánimos se exaltaron y más de un conductor pidió subir la tarifa a Bs. 1000. Otros hablaron de llevarla a Bs. 750 a partir del lunes 23 de octubre.

Y aunque la tarifa debe ser autorizada por las alcaldías y el Ministerio del Transporte, este martes 24 se volverán a reunir para acordar el monto, que por lo que se está viendo en las calles va a estar entre esos dos rangos, quizás el mayor.

El jueves estaban cobrando Bs. 1000 de las Fuerzas Armadas hasta La Rinconada. Y en el estacionamiento Río Tuy llegan carros que piden Bs. 800 y como uno se quiere ir, después de una hora en la cola, lo paga, dijo Doris Berroterán.

Los transportistas esperan que el Gobierno cumpla con sus ofrecimientos y dote eficientemente las proveedurías con los insumos necesarios, cosa que ellos saben que es irreal por la actual coyuntura económica; mientras que hay un sector socialista del transporte que le insiste al Ejecutivo que les asigne las rutas y concesiones a ellos, lo que implicaría la creación de numerosas líneas comunales.

En todo caso, mientras se deshoja la margarita, quienes cargan sobre sus hombros la crisis son los de a pie: pagan más, no cuentan con camionetas y hacen la mayoría de sus rutas a pedal y bomba, es decir, a pie.

Foto referencial: Archivo Crónica.Uno



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