Aunque la convocatoria para este jueves, según el Gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, eran “los mismos puntos” que la del 19A, la asistencia no fue la más numerosa. Intentaron marchar desde varios puntos de Caracas, pero llegar al centro de la ciudad es casi misión imposible.

Caracas. A las 12:40 m. bajo un sol inclemente, una masa de manifestantes se concentraba en la avenida Francisco de Miranda a la altura de Chacao. Esperaban la movilización que se aproximaba desde Altamira. A la 1:20 p. m. ya se habían unido ambas marchas y los opositores al Gobierno avanzaban hacia la plaza Brión de Chacaíto. Aunque al frente de la movilización estaban los diputados a la Asamblea Nacional: José Manuel Olivares, Miguel Pizarro, Juan Andrés Mejía, Gaby Arellano e Isamel García, el músculo de marchistas no tenía un rumbo fijo.

Unos querían llegar a la avenida Libertador, y tomaron la avenida El Parque. Otros comenzaron a tomar la avenida José Martí que va en dirección a Las Mercedes. La confusión reinaba en el lugar, y ni los dirigentes sabían qué hacer con tantas personas. Un helicóptero blanco con la palabra “policía” en letras verde militar sobrevolaba el lugar e incluso llegó a mantenerse por varios minutos en la zona.

La marcha de este jueves estaba pautada para los mismos puntos de concentración y a la misma hora que la de este 19 de abril. Por séptima vez resultó imposible para la alianza opositora ir hacia la Defensoría del Pueblo, destino al cual la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y la Policía Nacional Bolivariana (PNB) les ha impedido el paso a punta de bombas lacrimógenas, perdigones y hasta chorros de agua desde “La Ballena”.

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Uno de los manifestantes en El Rosal.

“Vamos pa’ lante. Vengan todos”, gritó el diputado Miguel Pizarro, desde la avenida José Martí, en medio de los gases lacrimógenos que quemaban las fosas nasales, el rostro e impedían abrir los ojos con normalidad. En medio de los enfrentamientos, también estaban otros dirigentes de oposición que poco a poco se iban alejando. Un hombre con una gorra del partido Voluntad Popular, con megáfono en mano, decía “vean hacia arriba, hacia los edificios. También de ahí lanzan piedras y cosas”, y señalaba a la sede del Ministerio de Asuntos Penitenciarios ubicado en una de las esquinas de esa avenida.

Algunos manifestantes opositores ocultaban su rostro debajo de las capuchas, otros lanzaban piedras hasta sin camisa. Un grupo sacó de un bolso bombas molotov y las arrojó a los piquetes de la GNB que intentaban acercarse. Otros destrozaban la vía pública, el asfalto y las aceras para tener escombros y piedras qué lanzarle a los funcionarios que respondían con muchos perdigones.

Al otro extremo del elevado de Las Mercedes, donde está ubicada la sede del Centro Venezolano Americano, se observaban manifestantes que les arrojaban piedras a los policías que estaban sobre el puente.

Los que tenían guantes agarraban las bombas y se las devolvían a los funcionarios.

Los opositores gritaban y coreaban distintas consignas. Al frente de la protesta, la mayoría eran jóvenes. La represión arreció y la lluvia de bombas lacrimógenas y perdigones fue constante. Los funcionarios las lanzaban al aire, mientras los chamos corrían en distintas direcciones para evitar que les cayeran encima. Algunos con guantes se las devolvían a los guardias, pero cuando estas caían al suelo, por la presión del gas, era difícil que las agarraran.

Desde el 4 de abril que iniciaron las protestas de calle, la Mesa de la Unidad Democrática hace énfasis en dirigirse hasta la Defensoría, que coordina Tarek William Saab, presidente del Consejo Moral Republicano, para que este inicie el proceso de destitución de los siete magistrados de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia que hace casi un mes, decidieron asumir las competencias del Parlamento, acto que los que se oponen al gobierno de Maduro consideran un Golpe de Estado.

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Muchas personas que no tenían máscaras antigases, ni cascos, ni insumos con los que protegerse del humo tóxico, decidieron retirarse del lugar y caminaban hacia el este. Salir del área no era fácil. Las estaciones del Metro de Caracas más cercanas —Sabana Grande, Chacaíto, Chacao y Altamira— permanecían cerradas desde tempranas horas.

Así inició la marcha que venían desde Altamira, que fue dispersaba en El Rosal.

Los manifestantes que decidían irse, y otras personas, empezaron a tomar el hombrillo de la avenida Libertador en ambas direcciones para salir de la manifestación. Los piquetes de los cuerpos de seguridad evitaban el paso de carros y motos.

El epicentro de las protestas era la autopista Francisco de Miranda a la altura de Bello Monte. El helicóptero se movía en las alturas de ese lugar. Pero en otras zonas de Caracas, muy cercanas a esa, como Plaza Venezuela, todo era normal, excepto la cantidad de personas en las paradas de los autobuses que no se daban abasto para transportar a los caraqueños.

Las unidades de transporte pasaban con pasajeros guindados de las puertas y cobrando Bs. 150, aunque ese aumento no esté oficializado en la Gaceta. En la avenida Andrés Bello, a la altura de Maripérez, dos tanquetas desplegaron sus barricadas para evitar el paso de una manifestación que dejó sus rastros porque en el lugar había innumerables cartuchos de los perdigones y piedras en el suelo.

Un manifestantes opositor en medio de los enfrentamientos.

En el centro de Caracas tampoco había estaciones del Metro operativas a mitad de la tarde. La Candelaria y la Plaza Estrella en San Bernardino fueron dos de los sectores en los que funcionarios de la PNB llegaron primero que los que acudirían a la concentración. Allí a las 10:00 a. m., un limitado grupo de manifestantes empezaba a concentrarse en una esquina, pero unos seis funcionarios se acercaron y los dispersaron y hasta los rociaron con gas pimienta en el rostro.

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No querían ningún tipo de manifestación en ese lugar, en el cual fue asesinado un joven de 17 años de edad en medio de las manifestaciones de este 19 de abril.

Así como dispersaron a los vecinos de San Bernardino, también fue dispersada la marcha en Chacaíto.

Fotos: Francisco Bruzco.



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