El Observatorio Venezolano de Prisiones sostuvo que 81 % de la población penal sufre de enfermedades gastrointestinales, a causa de las condiciones antihigiénicas y el mal trato de los alimentos.

Caracas. «Nos curamos de amibiasis comiendo papel, no comemos periódico porque da acidez estomacal, eso lo hemos aprendido en la práctica. Si alguno se corta en una pelea debe coserse él mismo, con hilo que le quitan a los suéteres y agujas que hacen con alambres».

La crisis de medicinas también se vive en las cárceles y mucho peor que afuera. Así lo contó un recluso, quien pidió mantener su anonimato por motivos de seguridad. “Los dolores de muela se sedan con drogas, es más accesible acceder a ellas que a pastillas”.

Explicó que en los penales de régimen abierto, donde no hay control del Gobierno, presuntamente los pranes manejan todo lo que entra y los medicamentos se venden entre reos. “Si un cigarro cuesta Bs. 1000, imagínate una medicina”.

En las prisiones de máxima seguridad, según contó, no permiten el ingreso de ningún tipo de medicinas. Cuando es necesario exigen récipes y ponen muchas trabas a los parientes.

“Cuando la familia logra enviar las medicinas a veces no llegan, porque las dejan decomisadas. Los custodios pueden que le den una al preso que está enfermo y las otras las venden a los adictos, como el caso del Rivotril. Por eso algunos agarran el moho del pan y lo ponen en sus heridas porque dicen que los mejora o si tienen una hemorragia se pegan algo hirviendo, porque no hay nada con que curarse”.

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Contó que al penal donde se encuentra pagando condena (pidió no revelar su nombre) no llegan medicinas desde hace mucho tiempo. Tampoco hay dietas para los que tienen alguna patología, todos comen lo mismo.

 “Mi hermano estuvo preso en el Rodeo y le dio hepatitis A. Bajó 27 kilos y no permitieron que mi familia le mandara comida. Esa vez los presos se organizaron y metieron a todos los que tenían lo mismo en una celda”, sentenció.

Sin voluntad política

El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) expuso, en el Portafolio de Propuestas Penitenciarias, que las causas de las condiciones precarias de la salud son el retardo procesal, hacinamiento, violencia, escasez de personal médico dentro de los penales, escasez de medicamentos y equipos, falta de mantenimiento, escasez de agua potable y falta de higiene en la preparación de alimentos.

Esto, entre tantas consecuencias, ocasiona la muerte de los presos por enfermedades infecciosas (VIH, hepatitis C y B), gastrointestinales (gastritis, diarreas, bacterias), respiratorias (tuberculosis, neumonía, bronquitis) y dermatológicas (dermatitis, escabiosas, hongos, herpes).

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Humberto Prado, director del OVP, indicó que dentro de las cárceles no tratan a los reclusos según sus patologías y los trasladan cuando ya están muy deteriorados.

“Si no los trasladan a los tribunales menos a un hospital. No hay un presupuesto adecuado para la dotación integral de medicinas según las enfermedades, no hay una farmacia debidamente ordenada con sus farmaceutas, no hay buena dotación, si no hay medicinas para quienes están afuera menos para los que están privados de libertad”.

De acuerdo con datos del OVP hasta diciembre de 2015, 85,6 % de la población penal sufre de enfermedades respiratorias altas, a causa de las malas condiciones de las instalaciones, el hacinamiento y las infecciones frecuentes en los reclusos.

También reportaron que 81 % sufre de diarreas, por el tratamiento inadecuado de los alimentos y 79 % de esguinces, como secuelas de heridas de armas de fuego y blanca en riñas, “la solución para la mayoría es quirúrgica”.

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Para el Observatorio es raro observar cuadros de insuficiencia cardíaca o cardiopatías isquémicas en los reos de edad joven. La hipertensión es la más común en las cárceles, con 70 % de afectados.

“Hay muchos privados de libertad que mueren por paros respiratorios, hay desnutrición, VIH, cirrosis y ¿dónde está el tratamiento?, ¿dónde está la medicina?”, señaló Prado.

Añadió que médicos o enfermeros no están disponible las 24 horas, como debería ser, porque no hay suficiente personal, y se quedan momentáneamente.

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“Cada establecimiento tiene la infraestructura para el área de farmacia, consultorio médico y medicinas, pero han pasado a sitios de reclusión por el hacinamiento. En los penales también ocurre que si son atendidos por el médico vuelven al área de reclusión y no se quedan ahí, porque no hay espacio”.

Hasta diciembre de 2015 la población penal registrada por el OVP era de 49.664 personas. El grueso son jóvenes entre 18 y 30 años (70%).

Foto referencial: Cheché Díaz


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