Mauro Zambrano, dirigente sindical del sector salud, acusó directamente a Marlon Colmenares, jefe de seguridad del hospital Vargas, “quien amenazó incluso de muerte a Pablo Zambrano y al resto de los dirigentes sindicales y trabajadores. Llegó con armas e incluso con una granada”. También los médicos de la Maternidad Concepción Palacios fueron agredidos por grupos que se autoproclamaron constituyentitsas.

Caracas. Pasadas las 10:30 a.m. los trabajadores del hospital José María Vargas estaban en pleno apogeo de la protesta para exigir mejores salarios, insumos y medicinas. Para mostrar la crisis de este centro lograron que varios equipos periodísticos ingresaran al recinto, con el resultado de que los llamados colectivos los siguieron e interceptaron y hasta sacaron armas de fuego.

Golpearon, insultaron, robaron y secuestraron a Héctor Sánchez, camarógrafo  del medio digital Vivoplay.

Lesionaron a Pablo Zambrano, secretario de la Federación Nacional de Trabajadores de la Salud.

Su hijo, Mauro Zambrano, también dirigente sindical, acusó directamente a Marlos Colmenares, jefe de seguridad del hospital Vargas, “quien amenazó incluso de muerte a Pablo Zambrano y al resto del equipo de dirigentes sindicales y trabajadores. Llegó con armas e incluso con una granada. No puede ser que un sujeto de esa calaña sea el jefe de seguridad, una situación como esa no se puede repetir ni aceptar. Pedimos su destitución al ministro de Salud, Luis López. Agredieron a los periodistas e intentaron callar nuestras denuncias. Pero nosotros seguimos en la lucha”.

A Zambrano lo atendieron en la emergencia visiblemente golpeado. Pasado el mediodía pudieron sacarlo del hospital, que seguía rodeado de colectivos.

Mientras que, al camarógrafo, Héctor Sánchez, fue liberado minutos después. Presentó signos de forcejeo. Le robaron la cámara y el transmisor.

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Mientras esto sucedía en el Vargas, los médicos de la Maternidad Concepción Palacios, eran hostigados por otro grupo de violentos, que se decían llamar constituyentistas.

La actitud agresiva y los insultos que vociferaban, hizo que los manifestantes -enfermeras, médicos y obreros- terminaran abruptamente la protesta.

Los ánimos estaban subidos de parte de los colectivos, entre los que se veían mujeres y adolescentes. De hecho, un grupo entró a la maternidad y logró que la dirección los recibiera. La intención era desmentir la crisis que anunciaban los especialistas.

Mientras declaraban a la prensa los colectivos los insultaban.

Lo cierto del caso es que mientras ellos marcaban el terreno con violencia, las parturientas en estado crítico eran remitidas a otros centros, debido a que en la maternidad el servicio de cirugía se suspendió el miércoles 9 de mayo.



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