Puente Tienditas: el elefante blanco por el que nunca ha pasado nadie

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Más de 30 millones de dólares fueron invertidos por Venezuela y Colombia para la construcción de este puente binacional como parte del plan de integración de ambas naciones. Tras más de tres años de culminada su construcción, el panorama es desolador, pues pese a la promesa de mejorar el tránsito, por el puente nunca ha pasado nadie.

San Cristóbal. En el estado Táchira hay tres pasos que comunican con Colombia. Uno ubicado en el sector de Orope, que conecta con Puerto Santander, llamado Puente Unión, y otros dos que enlazan directamente con la capital del Departamento Norte de Santander —Cúcuta—, los cuales son: Ureña, a través del puente Francisco de Paula Santander; y San Antonio del Táchira, que es a través del puente Simón Bolívar, considerado como el paso más vivo de América Latina.

En la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional (AN) del martes 15 de enero se autorizó la entrada de ayuda humanitaria, y Juan Guidó, presidente del Parlamento y juramentado como presidente encargado de Venezuela, dijo el pasado 2 de febrero en la avenida principal de Las Mercedes que ya se habían iniciado gestiones para que desde tres países (Colombia, Brasil y una isla del Caribe que no identificó) llegara la ayuda humanitaria.

Desde el mismo momento del anuncio se inició movimiento en Cúcuta, donde se acopiará y distribuirá la ayuda. Y la prensa dio cuenta de la obstaculización del paso en el puente Tienditas, ubicado en Ureña.

Sobre este particular, el diario el País de España informó que “uno de los centros de acopio para una operación sobre la cual hay más incógnitas que certezas es el Puente Internacional Tienditas, donde esta semana Colombia estableció un puesto de mando unificado”.

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Explica el diario español que en la estructura, a unos 10 minutos del centro de Cúcuta, se encuentran las bodegas dispuestas para recibir las ayudas, “y una vez estén allí se esperará el día correcto para poder introducirlas en Venezuela y poder repartirlas, ha explicado sin mayores detalles Eduardo José González, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), la entidad colombiana encargada de liderar los esfuerzos. Aunque nadie ha confirmado que el primer envío vaya a ingresar por Tienditas, los militares venezolanos parecen desear anticiparse a ese escenario”.

En el ínterin, el panorama en el lugar es desolador. Un terreno árido rodea lo que sería el paso fronterizo más moderno del país, pensado para descongestionar los dos puentes vecinos y cuyo tránsito estaba por el orden de los 16.000 vehículos diarios, antes del cierre en 2015. En la actualidad, solo se aprecian algunos obreros manteniendo el ornato de dicha vía, la cual se encuentra obstruida desde que se iniciaron las obras. También la prensa y algunos efectivos militares colombianos —en el lado de Cúcuta— se encuentran en el lugar.

Una relación que nunca se recompuso

En el 2015, el Nicolás Maduro dio la orden de cerrar todos los pasos fronterizos con el vecino país tras una serie de conflictos diplomáticos y de seguridad. El detonante fue el atentado a unos soldados en un barrio de San Antonio, quienes, según declaraciones del gobernador de ese entonces, José Gregorio Vielma Mora, estaban implementando acciones contra el contrabando de extracción.

Hasta ese momento, los tres puentes eran de paso peatonal y vehicular. Quienes tenían que trasladarse a Colombia lo hacían en sus vehículos, sin inconvenientes. Tras décadas de movimiento de carros, motos y camiones, en agosto de 2015 los accesos limítrofes fueron cerrados.

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La prohibición duró un año. En agosto de 2016, se autorizó una apertura progresiva de la frontera para el paso de personas a pie. El acceso de vehículos continuó negado, al menos por el Táchira. Solo se permitía el paso de carga pesada en horas de la noche, como parte del plan de exportación e importación de rubros, el cual ya lleva más de tres meses suspendido. En síntesis, no hay paso vehicular en estos momentos por ninguno de esos puentes.

La flexibilización de la medida en 2016 dio paso a la planificación de una serie de acciones en la entidad andina, tales como la colocación de estaciones de servicio especiales, que cobrarían el combustible a precio internacional —incluso podría ser pagado en pesos— y la construcción de un cuarto puente internacional: el Puente Binacional de Tienditas, cuyo proyecto fue aprobado por Hugo Chávez y Juan Manuel Santos, pero que está enmarcado en el Plan de Integración de Venezuela y Colombia.

Ubicado en Ureña, específicamente en el sector de Tienditas, se colocó la primera piedra en enero de 2014, en presencia de una serie de personalidades, entre ellas los cancilleres de ese entonces, Elías Jaua y María Ángela Holguín. “No es cerrándonos, sino formalizando la comunicación y el comercio”, dijo Jaua.

Por su parte, su homóloga neogranadina aseguraba que con este puente se iba a descongestionar, de una vez por todas, el paso por los otros dos puentes “que las ciudades no se congestionen de toda la carga que entra”.

Tras dos años de intenso trabajo binacional, en enero de 2016 fue culminada la obra. La estructura consiste en tres puentes, dos de los cuales son para paso vehicular con tres canales cada uno y uno central para el paso peatonal, con una longitud de 240 metros de largo por 40 de ancho.

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El costo de la inversión fue de más de 30 millones de dólares distribuidos entre los dos países.

Sin embargo, luego de tres años de su culminación, no ha pasado por el Puente Tienditas ni una moto y menos un peatón, por lo que la promesa de descongestionar el tránsito entre ambos países solo quedó en palabras.

Es precisamente por este puente, dada la envergadura del mismo, que el alcalde de Cúcuta, Pepe Ruiz, indicó a medios internacionales el ingreso de la ayuda humanitaria a territorio venezolano. No obstante, en horas de la noche del martes el gobierno venezolano puso dos containers y una cisterna, obstruyendo cualquier posible paso, agudizando así las ya álgidas relaciones entre Venezuela y Colombia.


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