En esas dos comunidades, localizadas al sur de Maracay, ya no aguantan los incontables problemas que las afectan. En 2012, el gobierno de Aragua aprobó 150.000.000 bolívares para mejorar la calidad de vida de los refugiados y arreglos en el sector, pero hoy toda esa zona está en completo abandono.

Aragua. Las inundaciones son comunes en La Punta y Mata Redonda, dos sectores ubicados al sur de Maracay, muy cerca del Lago de Valencia. La gran masa de agua arremete contra ambas localidades cada que cae una lloviznita, por mínima que sea. La cantidad de problemas que les afectan, según sus habitantes, son incontables.

No solo el Lago de Valencia es una amenaza para ellos. El río Madre Vieja tiene su cauce detrás de al menos 25 casas. Esta corriente de agua está absolutamente contaminada. En ella confluyen todas las aguas servidas del norte de Maracay, y desembocan en el Lago de Valencia que, a su vez, recibe 80 % de las aguas negras de Aragua y Carabobo. Las paredes traseras de las residencias han cedido con el paso del tiempo, al punto de que algunas fueron desalojadas por peligro de derrumbe, pero esto no impide que otras familias ocupen esos espacios a sabiendas de que se les puede venir encima en cualquier momento.

Noris Arias llegó hace dos años con su esposo y sus cinco hijos para habitar una vivienda que había sido desalojada. Antes, estuvo durante 17 años en la casa de su suegra en el sector de Paraparal, a 20 minutos de La Punta. Se mudó a esta zona porque ya estaba cansada de vivir “arrimada” en el hogar de la mamá de su esposo.

“Yo llegué aquí —La Punta— sabiendo que esto se inundaba a cada rato. Antes vivía en un cuartico de tres metros por tres metros y mis hijos no tenían en dónde dormir. Ahora la casa es más grande, pero la contaminación es insoportable”, contó Arias mientras cargaba en la espalda a su hija menor, de nueve años, para brincar uno de los innumerables pozos de aguas residuales que hay en esas calles.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Noris rodeada de aguas negras saltando con su hija en la espalda.

La familia de Noris pertenece a los más de 100 grupos familiares que se instalaron en las residencias desocupadas. La cifra exacta de la cantidad de invasores del lugar se desconoce, aunque Arias es la que lidera el censo de este grupo de personas. Las familias propietarias superan las 500.

“Hay una parte del agua que ya no baja. Se quedó ahí estancada. Hace dos meses estuvimos 10 días inundados de aguas negras hasta las rodillas. Mis hijos para ir a la escuela tienen que salir por la parte de atrás, brincar una pared, caen al patio de la vecina y salen por la casa de ella a otra calle que no está tan inundada”, relató Arias. Cuatro de sus cinco chamos están cursando estudios de bachillerato, y dentro de las preocupaciones que tiene al saber que sus hijos no pueden ir a clases con normalidad surge otra que ya la tiene desesperada: la comida.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Equilibro es lo que se necesita para caminar por las calles y aceras de Mata Redonda y La Punta.

El mecanismo con el cual venden los alimentos regulados en La Punta y Mata Redonda es arcaico y humillante. En una de las pocas bodegas que existen en el lugar, algunos miembros de las familias acuden el día anterior al que les corresponde según el terminal de su número de cédula. Allí, el dueño del local mete en una bolsa varios papelitos que tienen dos opciones: “sí” y “no”.

“A ti te puede tocar comprar comida según el número de tu cédula, sin embargo, aquí la sortean. Como no hay comida para todos, nos toca meter la mano y sacar el papelito. Cargo una rabia porque me salió “no” y ya vamos para un mes que no llega la bolsa de comida de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), y yo tengo cinco bocas que alimentar”, dijo resignada Arias.

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Sin soluciones

Son más de 600 familias que viven olvidadas por el Estado. Desde el año 2012, cuando ocurrió la inundación más grave, el Ejecutivo prometió un sinfín de planes especiales y de contingencia, además de otra generosa cantidad de recursos económicos que no han visto invertidos en mejoras para ninguno de sus problemas. Cuenta una de las vecinas que solo han recibido un tipo de apoyo. “Lo único que han hecho es darnos dos pares de botas de plástico a cada familia para poder salir de las casas cuando todo se inunda”, aseguró Betty Carrero, habitante del sector La Esmeralda, ubicado a 10 minutos de La Punta y Mata Redonda, pero sus calles tienen el mismo problema de aguas negras desbordadas incluso cuando no llueve.

Los primeros días de octubre del 2012, fueron los más difíciles para los habitantes de ambas comunidades que tuvieron que abandonar sus hogares porque corrían el riesgo de que les cayera encima. El 26 de ese mes, el gobernador del estado Aragua para entonces, Rafael Isea, aprobó 150.000.000 bolívares para la emergencia que sufrían dichos sectores. Entre los puntos de la inversión destacaban: 1. Atención y mantenimiento del muro y contención de La Punta y Mata Redonda (3.500.000 bolívares); 2. Atención a los refugiados (12.000.000 bolívares); 3. Mejoras de la calidad de vida a los habitantes (101.200.000 bolívares); y 4. Optimización de los servicios de agua potable y ampliación de drenajes (33.000.00 bolívares).

En un recorrido realizado por el equipo de Crónica.Uno en los dos sectores, se evidenció que ninguno de los puntos antes mencionados ha presentado una mejora. El muro de contención es de al menos 10 metros de alto y 40 de largo, tiene un grosor de menos de 40 centímetros. De un lado, se encuentra el Lago de Valencia en toda su extensión que recibe por un tubo las aguas residuales que llegan a través del río Madre Vieja; al otro lado está la estación de bombeo que fue desmantelada a mediados del mes de junio, y ahora el líquido no fluye con la misma intensidad, lo que genera más pozos de aguas servidas.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
La obra inconclusa ha sido desmantelada en varias ocasiones. También se roban las cabillas y debilitan la estructura.

Aumenta la cota del Lago y también la inseguridad

Para Mildred Rojas, vecina de La Esmeralda, el muro de contención es un chiste. “Ese muro lo que da es pena. Cuando llueve, el lago tiene oleajes y sobrepasa el dique de tierra y el muro”, aseguró.

En una nota publicada en el portal de El Siglo de Maracay, el 23 de junio del año en curso, un vecino del sector sostuvo que en el año 2014, el gobierno de Aragua prometió que —el muro— alcanzaría la altura de 414 m.s.n.m, pero la obra fue abandonada.

El sitio donde está ubicado el muro y la golpeada estación de bombeo es una zona inhóspita y sin vigilancia. Rojas asegura que a la infraestructura la han debilitado, ya que le roban las cabillas que quedaron de la obra de ampliación. Además, como es un sitio tan poco frecuentado, las bandas delictivas arrojan cadáveres en el lugar.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Parte del dique que separa a ambos sectores del Lago de Valencia.
Foto: Crónica Uno / Miguel González
Cabillas del muro en una caretilla.

Basura, maleza, aguas negras, carros y casas abandonadas; estructuras a punto de ceder, árboles secos, son los elementos que componen el paisaje de las calles de La Punta y Mata Redonda. El descuido en las fachadas es evidente. Betty Carrero, quien vive también en La Esmeralda, dijo que los habitantes han desistido de pintar las rejas, puertas, ventanas y las casas porque cuando se inundan, se cae la pintura. La mayoría de las calles están cerradas con rejas. Los vecinos se han inventado innumerables urbanizaciones colocando portones enrejados al inicio y la final de las calles para cuidarse de los delincuentes.

Joalis Ramírez contó que todos los días se rebosan las aguas negras de los inodoros y desagües de su casa. La tina en la que se bañaban ella y su hijo ya no la usa porque se empozan las aguas fecales. La contaminación es alta y muy grave. “El olor que emana por las alcantarillas de las casas es insoportable. Los niños del sector sufren enfermedades respiratorias”, expresó.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Las aguas fecales ya no encentran por donde salir y brotan del piso de las casas.

Según Protección Civil, en el estado Aragua este año habría al menos 60 precipitaciones. Hasta el mes de agosto, han caído 30. Por lo pronto, el Lago de Valencia amenaza de manera silenciosa, abarcando espacio en las comunidades al sur de Maracay.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Debajo de las aguas del lago hay casas enteras, solo se ven las puntas de los postes de luz.

Fotos: Miguel González



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