Según Consecomercio, cada vez que un empresario sustituye las funciones de los entes encargados de proveer agua y electricidad, aumentan los costos de operación y eso afecta el precio que pagan los clientes.

Caracas. Aunado a las fallas eléctricas, el racionamiento de agua se ha convertido en un inconveniente tanto para las zonas residenciales como para los comercios. Panaderías, restaurantes, peluquerías, hoteles y centros comerciales son los afectados.

Neil Rodriguez, representante del Restaurante La Guacamaya, ubicado en Chacao y fundado hace más de 40 años, cuenta que el suministro de agua empezó a fallar en marzo de 2014 y aunque el local comercial se beneficie de tanques, apenas disponen de 3 o 4 días de agua por tuberías.

Luego de siete meses de racionamiento —contó— no tuvieron otra alternativa que adquirir un tanque de 240 litros para seguir trabajando. De este modo, solo disponen de agua para el funcionamiento de la cocina, lavar utensilios y las jornadas de limpieza general. Más que eso no podemos hacer

Los comerciantes de Chacao padecen el racionamiento desde hace cuatro años, pero en otras partes de la ciudad la crisis por esta situación se agudiza. Ya hay restaurantes que, por ejemplo, le indican a sus clientes que se les presta el servicio pero no pueden usar los baños. 

Foto: Reymar Reyes
¿Agua para los baños? ¡No hay!

En el local de Rodríguez hay dos baños para el público. En ambos se cortó el agua para las pocetas. Por cada descarga se utilizan 9 litros de agua o más y en poco tiempo acabarían con lo que tienen almacenado. Por tanto, el impacto en la higiene del local implica “un doble esfuerzo” por mantener las buenas condiciones.

Cuando no hay agua no podemos abrir el negocio. Hay que lavar los vasos, platos, utensilios, preparar los guisos, limpiar el piso y hacer todo el mantenimiento, contó José Luis Carrero, empleado de un cafetín en la misma zona.

Los servicios de peluquería también están impactados por la falta de agua.

En la peluquerìa Carmelo, de Chacaíto, el servicio llega por tubería una vez a la semana y la fuerza del agua no permite abastecer el primer piso del local, donde funciona el establecimiento.

Por tanto, aunque dispongan de un tanque de 2000 litros para esta área, en el sótano deben lavar las toallas en una lavadora que se llena manualmente, “con tobito”, debido a que el agua no llega con suficiente fuerza.

Foto: Reymar Reyes
Tanque de 2000 litros en la peluqueria Carmela de Chacaito

Cuando Crónica.Uno visitó la peluquería Amorio, en Chacao, el establecimiento tenía 4 días sin agua. Así como en otras partes de la ciudad, se vieron obligados a comprar o buscar agua en cualquier “chorrito” cercano. Los vecinos nos han auxiliado con agua porque tienen un tanque más grande, cuenta María Gabriela Acevedo, gerente del local.

A pesar de que tienen una tanque de agua pequeño, tantos días sin agua agotó su capacidad. Los clientes se van porque no tenemos cómo atenderlos o tiene que venir con el cabello limpio, declaró Acevedo. Eso también afecta a las peluqueras que se benefician por el lavado de cabello. Eso es lo que ganan y con lo que viven semanalmente.

Karen Vargas, peluquera, cuenta que en un día podría hacer hasta siete lavados en su turno de trabajo. En ese fin de semana, cuando se fue el agua, solo hizo tres al día. Podía haber hecho cinco o más, comentó. 

Frente a esto, solicitar el servicio de un camión cisterna de 8000 a 12.000 litros puede rondar los 60 millones de bolívares. Tal cifra dependerá del lugar, el tiempo y la facilidad para descargar el contenido. Por su parte, en Caracas, un tanque de 300 litros, con su respectiva bomba, va por el orden de los 143,9 millones de bolívares.

Según la presidenta de Consecomercio, cada vez que un empresario sustituye las funciones normales de los entes oficiales encargados del agua, la electricidad, el transporte, eso incide en los costos de operación y la responsabilidad se traslada al precio que pagan los clientes.

Asimismo, agregó que los servicios públicos en general se han deteriorado tanto que llegaron al punto del colapso. Los venezolanos estaríamos dispuestos a pagar más por recuperar la calidad de vida

Fotos: Reymar Reyes



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