Reencuentro vinotinto: más individualidades que juego colectivo

La doble presentación de la selección venezolana evidenció el natural desacople por el inicio de un nuevo ciclo tras una inactividad de 10 meses.

Caracas. Lo mejor que tuvo el reencuentro de la Vinotinto después de casi 10 meses sin actividad fue precisamente la posibilidad de volver a juntar a un grupo joven, que seguramente será-con algunas adiciones- la base de la selección venezolana en el camino a Catar 2022.

El técnico de los criollos Rafael Dudamel varió el once inicial en los dos encuentros ante Colombia (caída 2-1 en Miami) y Panamá (victoria 0-2 en la capital canalera) y dio la oportunidad a buena parte del plantel, si bien extrañó que el ariete Fernando Aristeguieta-uno de los regresos a la lista-no participara ni en uno de los 180 minutos disputados.

Los dos rivales tuvieron características diametralmente opuestas y estaturas futbolísticas también disímiles que condicionan el análisis. Los cafeteros basan su juego en la posesión, el manejo y la elaboración, mientras que los de Concacaf apuestan por un fútbol más físico, de balones largos y ataque directo.

En cualquier caso, los dos exámenes no pueden ser concluyentes de cara al futuro como tampoco lo serán los cuatro amistosos pautados para el resto de 2018. El engranaje del nuevo ciclo tomará tiempo y en la primera doble fecha Fifa quedó evidenciado —como es natural en esta vuelta a la actividad— que en lo colectivo hay mucho por trabajar y corregir, más allá de alguna intención o destello de presión alta, transiciones rápidas, media distancia, pelota quieta en la ofensiva y cierto orden al defender, todas señas del “estilo Dudamel”, más ganado a la idea del pragmatismo y al juego directo, al menos en lo que va de su estancia como seleccionador nacional.

El choque con Colombia-el contrincante más exigente- desnudó las carencias defensivas del combinado, sobre todo en ambas bandas y también dejó al descubierto las dificultades de Venezuela para salir limpiamente desde el fondo sin caer en imprecisiones o rifar el esférico con un envío largo. No hubo la posibilidad de tener mayor posesión ni de distribuir con criterio cuando se recuperaba, por eso las llegadas claras escasearon.

Contra Panamá, la tenencia fue mayor, pero siguió sin haber una salida clara y sin trompicones. La presión al discreto rival ayudó a recuperar varias veces, pero la Vinotinto volvió a tener escasa profundidad al atacar. Esa falencia se pudo compensar con la efectividad del segundo tiempo, donde hubo aproximaciones pero se pisó el área contraria pocas veces y los criollos anotaron dos goles por intermedio de Salomón Rondón.

Ante tan poco que rescatar en lo colectivo, las individualidades sacaron la cara en ambos choques e invitan a un mesurado optimismo de cara a lo que vendrá en 2019. Wuilker Fariñez y Darwin Machís fueron figuras ante los cafeteros. Luis “Cariaco” González con su desequilibrio y precisión al centrar fue de lo más regular en ambos careos, donde también es digno mencionar el oficio que mostró Rómulo Otero, algunas luces de Jefferson Savarino y la puntería de Rondón, quien redondeó un doblete pese a los problemas familiares que afronta en la actualidad. ¿Próximas pruebas? País Vasco y Emiratos Árabes en octubre.

Foto: Prensa Vinotinto

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